Editorial: John, 20 años

Editorial: John, 20 años

05 de noviembre 2014 , 08:17 p.m.

Tenía un nombre común, John, pero un apellido inconfundible: Firacative. Su corta vida estuvo marcada por la escasez y las necesidades, pero, a cambio, había recibido el amor incondicional de una madre que, como todas las madres, le procuró siempre lo mejor que pudo: el calor de un hogar, la comida caliente y la bendición mañanera para que sus días pasaran sin novedad.

Madre e hijo eran, sobre todo, amigos. A ella le contó la buena nueva de su primer logro: ser técnico electricista del Sena; su primera novia, su primer sueldo y los sueños infinitos que pretendía y en los que ella siempre estuvo incluida. Pero en la madrugada del pasado primero de noviembre, el sino trágico tocó a esta familia: otro joven, Aníbal Tapia, de 26 años, que conducía un vehículo adscrito a la embajada venezolana y en aparente estado de embriaguez, arrolló a Firacative, le causó la muerte de forma instantánea y dejó heridas a otras 11 personas. Así terminó la historia de John, una más entre las tragedias derivadas de conducir borracho.

En lo que va corrido del año, otras 324 personas han perdido la vida en idénticas circunstancias y los heridos superan los 1.300. Según las autoridades, las cifras han bajado desde que comenzó a regir la norma que castiga con mayor severidad a quienes conducen bajo los efectos del alcohol. Pero no ha sido suficiente. Una sola víctima es en sí una tragedia que debería conmover a la sociedad en general.

Ahora empieza el consabido debate sobre el grado de responsabilidad que atañe a quien cometió este hecho y el costo que debería pagar. “Cárcel”, vuelven a pedir los afectados a sabiendas de que puede repetirse la historia en la que los jueces envían a los responsables a sus casas cuando podrían pagar, ahora sí, hasta 10 años de prisión.

Si ya se da la condena pública, si ya se endurecieron las penas, si las multas son más onerosas y los castigos, más severos, ¿qué más hace falta? Insistir hasta el cansancio en la fatalidad que produce manejar con tragos; mucha pedagogía desde el hogar, desde el círculo de amigos. Es lo único que queda para evitar que cada día muera una persona en promedio a causa de una conducta reprochable y que tiene cómo prevenirse.

EDITORIAL

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