¿Son reales los ángeles?

¿Son reales los ángeles?

Dejando de lado tradiciones ajenas y especulaciones propias, ¿existen los ángeles?

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05 de noviembre 2014 , 07:53 p.m.

Fueron muchas las veces que cuando niño ella me recitó la piadosa oración: “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…”. Las memorias borrosas de mis primeros rezos siempre me traen el recuerdo de ella dándome su bendición mientras me deseaba un apacible sueño. ¿Creía yo entonces en los ángeles? ¡Claro que sí! Mi madre, con mucho amor, los puso en mi cabeza. Y seguí creyendo en ellos por muchos años hasta el punto de que, en algún momento de mi adolescencia, los estudié con mucha curiosidad.

Aprendí entonces que los arcángeles eran ángeles de mayor alcurnia, que sus nombres casi siempre terminaban en ‘-el’ (Gabriel, Miguel, Rafael), que Gabriel fue judío en la Torá, cristiano en la anunciación a María y musulmán cuando dictó el Corán, que, exceptuando los querubines y los serafines, no todos los ángeles tenían alas y que fueron los grandes pintores quienes se las pusieron.

También me enseñaron en la escuela que había ángeles buenos (Gabriel y sus muchachos) y ángeles malos (Luzbel y sus demonios), y que los ángeles buenos estaban en nuestra derecha mientras que los malos se mantenían en la izquierda (esto lo debió establecer algún fascista: Los buenos –conservadores, tradicionalistas, capitalistas, teócratas– son los de la derecha; los malos –socialistas, secularistas, anarquistas, ateos– son los de la izquierda).

¿Quiénes son los ángeles? Los ángeles son seres sobrenaturales de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam), quienes, tras la innovación judía del monoteísmo hace tres milenios, pienso yo, sustituyeron a las multitudinarias deidades que había en los cultos de la época. Las reemplazantes ‘deidades’, también mi teoría, ‘sobrevivieron’ la reducción de personal para convertirse en sagrados intermediarios entre el Jehová, único celestial, y los humanos terrenales.

Dejando de lado tradiciones ajenas y especulaciones propias, ¿existen los ángeles? Como sucede con todas las entidades metafísicas, los ángeles son reales para sus creyentes. De acuerdo con una encuesta del Centro de Estudios Religiosos de la Universidad de Baylor, en Texas, más de la mitad de los estadounidenses han recibido ayuda de su ángel guardián por lo menos una vez en sus vidas. Según otros estudios, el 75 por ciento de los norteamericanos (gringos y canadienses juntos) y alrededor del 85 por ciento de los musulmanes asiáticos y africanos tienen certeza de la existencia de sus correspondientes ángeles.

¿Qué sucede en Latinoamérica? No logré conseguir cifras al respecto. Sin embargo, debo resaltar que en esta región ha hecho aparición una lucrativa profesión de ‘intermediario de los intermediarios’, esto es, de especialistas terrenales que nos conectan con los mensajeros celestiales, que, a su vez, conversan con Dios. Aquí hay una duplicación de funciones. No obstante, por la popularidad y las elevadas tarifas de los agentes mundanales, no cabe duda de que en Centro y Suramérica los seres alados son tan populares como los jugadores de fútbol.

¿Por qué creemos en ángeles? Cuando abrimos la mente a la metafísica, la razón se detiene; cualquier creencia tradicional, sean cultos, dogmas, astrología, clarividencia, telepatía o telequinesia, puede penetrar en nuestra cabeza. La predisposición a lo etéreo, sembrada por la cultura donde crecemos, nos transforma el discurso aceptado en una ‘lógica’ diferente donde las demostraciones estudiadas y las deducciones rigurosas ya no cuentan. Nuestro subconsciente proyecta las entidades de nuestra infundada fe y entonces llegamos a verlas, escucharlas y percibirlas.

De lo incongruente no podemos salir con argumentos. “Con razonamientos es imposible sacar a alguien de posiciones a las que llegó irracionalmente”, escribió el escritor irlandés Jonathan Swift. Solo la observación imparcial y desinteresada del contenido de nuestra mente y de las raíces de lo que hay allí sembrado nos permitirá ver la realidad.

¿Todavía profeso yo devoción a los ángeles? Por supuesto que ya no. Sin embargo, yo no dejé de creer en ellos a propósito, yo no tomé una decisión racional de sacarlos de mi cabeza, yo no los espanté; ellos se fueron por sí solos. Después del silenciamiento de esos ruidos mentales, que estaban tan entrometidos en mi ego redundante, Los Ángeles de California son ahora los únicos que aún permanecen en mi cerebro.

Gustavo Estrada
Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente’
www.harmonypresent.com​estr

 

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