Editorial: Por quedar como príncipes

Editorial: Por quedar como príncipes

04 de noviembre 2014 , 08:07 p.m.

Es por lo menos insólito que se construya un monumento en honor de un invasor que fracasó en el intento, pero ahí, al pie del castillo de San Felipe, está la ya célebre placa que celebra a los asaltantes ingleses que murieron en el empeño de tomarse a Cartagena de Indias el 13 de marzo de 1741. “En memoria al valor y sufrimiento de todos los que murieron en combate intentando tomar la ciudad y el fuerte de San Felipe, bajo el mando del almirante Edward Vernon en Cartagena de Indias en 1741”, puede leer, en español y en inglés, todo aquel que pase por aquel lugar en el que la bella ciudad –comandada por el virrey Sebastián de Eslava y de la mano del almirante español Blas de Lezo– se ganó a fuerza de coraje el epíteto de la Heroica.

Si ha causado indignación entre tantos colombianos la placa que el alcalde Vélez les presentó al príncipe de Gales y a la duquesa de Cornualles el pasado 31 de octubre, si ha revivido cierto espíritu libertario entre los concejales y los ciudadanos de Cartagena ese monolito que conmemora a los derrotados en aquella batalla cruenta que los padres cuentan a sus hijos (el gobernador Gossaín, de Bolívar, tuiteó: “¿Por qué en Londres no les hacen un homenaje a los pilotos nazis que cayeron bombardeando la ciudad?”) es porque no tiene precedentes que un funcionario redefina la historia en nombre de todo un pueblo. Celebrar a los 10.000 caídos ingleses que, a pesar de hacer parte de una fuerza de 186 navíos y 28.000 combatientes, fueron vencidos por tan solo 3.600 cartageneros es como vitorear a las tropas del brigadier José María Barreiro en una placa en el puente de Boyacá.

No ha habido, en el hecho de develar aquella placa, ninguna mala intención. No estamos ante una conspiración que dé lugar a otra “investigación exhaustiva”. Por el contrario, resulta interesante que el príncipe de Gales haya reconocido un humillante episodio que el rey Jorge II ordenó borrar de inmediato de la historia de Inglaterra. Pero en el afán de quedar como príncipes con los visitantes ilustres, que suele enceguecer, de Neiva a Cartagena, a algunos funcionarios, este monumento que reescribe la historia es una penosa ligereza que más bien conmemora lo lejos que estamos del pasado y es preocupante síntoma de baja autoestima nacional.

EDITORIAL

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