Del derecho a morir

Del derecho a morir

Ni el Estado, ni la Constitución, ni los jueces pueden meterse con una decisión tan trascendental.

notitle
02 de noviembre 2014 , 09:56 p.m.

Una violenta tormenta se desato como a eso de las 11 de la mañana. Los animales, que saben leer los vientos y el cielo, se habían mudado en manadas desde muy temprano hacia las partes altas y nos dejaron solos.

Caía demasiada agua. La sabana, un desierto rojo y herido, se inundó muy rápido y cada surco se convirtió en un río veloz y hambriento que devoraba la tierra. El mundo era agua y el agua me ensordeció hasta que ya no pude escuchar mis propios pensamientos o ver a alguien más. Nunca viví una soledad más profunda.

Salí corriendo, con grandes dificultades, hasta que un trueno gigantesco se abrió paso entre el agua y golpeó la tierra enfurecido, sacudiendo la sabana. La violencia de los truenos devoró la noche. No se veían ni la Luna ni las estrellas; solo un faro de luces que convirtió aquellos tiempos en un largo día. La tierra, que antes parecía deshidratada y muerta, se preparaba para volver a nacer. En cuestión de semanas, la vida volvía junto con el agua, y los niños lo celebraban entre los charcos.

La muerte –las pequeñas muertes y las muertes que rompen la existencia– es una constante vital. El cuerpo muda miles de veces; las ideas, las creencias, los miedos, la familia, todo cambia, y, sin embargo, no hay un concepto más confuso y distorsionado que ese, la muerte.

De pronto, entre el manojo de argumentos de los que se echa mano para evitar lo inevitable, está Dios. Hay que alargar, alargarse y sufrir lo insufrible, porque ante los ojos de Dios es pecado dejar ir, soltar y entregarse. Nada más contradictorio, más antinatural. Como si podrirse en vida y aferrarse a lo imposible hiciera honor a la grandeza de Dios. Habría que aceptar con humildad que la muerte está en todas partes, porque solo a través de ella se regenera la vida, hacemos parte de los ciclos de la tierra, y en ese regreso no podremos llevarnos nada de todo eso a lo que nos aferramos tanto; no hay trasteo.

Una mujer que se deteriora rápidamente ha decidido morir en sus términos, antes que causar más dolor con un sufrimiento que a ella le parece indigno a la luz de la manera como vivió su vida. Se ha desatado un airado debate sobre el asunto y hordas de voces la llenan de miedo, la obligan a quedarse. Puesta en su lugar, admiro su determinación y he advertido a mis seres queridos que es exactamente lo que haría: morir en mi ley, con la misma pasión con la que me he entregado a la vida. En el lugar de sus familiares, en cambio, sobresalen todas mis contradicciones: haría cualquier cosa por salvar la vida de mis padres en una eventualidad así y no respetaría sus deseos en contrario, segura de que no me siento capaz de soportar la vida sin su amor y su ternura, sin su guía, sin su abrazo.

No es un asunto sencillo, ni claro, pero lo que sí me parece es que ni el Estado, ni la Constitución, ni los jueces pueden meterse con una decisión tan trascendental, tan individual y extraordinaria, que en nada riñe con el derecho a la vida y la integridad, sino que más bien las honran.

Un amigo mío me contó cómo ayudó a morir a su mamá, afectada por una enfermedad humillante y aterradora. Ningún medicamento ayudaba a paliar un dolor que, incluso, atravesaba su estado de inconsciencia.

Esa mujer, que era el pilar de una gran familia, se había transformado en un gemido y un llanto que no paraban y que los obligaron a repensar la situación hasta entender que era hora de desatarla del dolor y dejarla libre, atrapada como estaba en un cuerpo descompuesto. Igual que la tormenta en la sabana, su muerte arrasó con la memoria de dolor y pena. Y la vida volvió a empezar.

Natalia Springer

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.