Tras polémica, Federación inicia diálogo con la Misión del Café

Tras polémica, Federación inicia diálogo con la Misión del Café

Luis Muñoz, gerente general de la Federación, destapa su posición tras análisis del sector.

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02 de noviembre 2014 , 07:41 p.m.

La tensión entre la Federación de Cafeteros y los integrantes de la Misión del Café tiende a amainar. Luego de conocer los resultados de los 18 estudios que presentó el equipo de expertos, liderados por Juan José Echavarría, excodirector del Banco de la República, muchos caficultores sintieron que se estaba atentando contra la institucionalidad del sector, a raíz de las fuertes críticas hechas al papel de la Federación.

Estrategias como la garantía de compra, que ha sido defendida a ultranza por la entidad, fueron puestas en tela de juicio. Además, la Misión vio la necesidad de que se flexibilice la regulación, pues la Federación es reguladora de sus propios competidores, entre otros aspectos del sector, como la concentración del 60 por ciento de los subsidios en solo un 10 por ciento de los cafeteros.

Luis Genaro Muñoz, gerente general de la Federación, responde con bandera blanca.

Se propone reestructurar la Federación. ¿Cuál es su posición?

Siempre se debe pensar en estructuras eficientes, que se diseñan a partir de la estrategia, de aquello que se quiera hacer y de lo que se decida no hacer. Por ejemplo, si los productores deciden seguir interviniendo en la comercialización, en la diferenciación o en tener un servicio de extensión integral en lugar de solo asistencia técnica, la estructura institucional es similar a la actual, que siempre puede mejorar.

En caso contrario, obviamente la estructura es muy diferente. Los productores organizados siempre han tomado con responsabilidad y serenidad sus decisiones. Los resultados de la Misión de la Caficultura, así como los de la Misión Rural, que lidera Planeación Nacional, son insumos importantes ahora que se debe definir la estrategia para los próximos años. Desde esta semana serán invitados todos los autores de los diversos estudios para entender mejor sus conclusiones y discutir con ellos su visión y la nuestra. A partir de ese diálogo vamos a unir y a construir.

¿Cuáles son los logros de la Federación como operador comercial en beneficio del pequeño productor?

Las cifras lo demuestran. Desde hace 10 años comenzamos la estrategia de valor agregado que, entre otros, ha resultado en un modelo exitoso de Tiendas Juan Valdez, que han dejado ingresos al Fondo Nacional del Café por concepto de regalías que superan los 46.000 millones de pesos. Las exportaciones con valor agregado del Fondo son del orden del 60 por ciento de sus operaciones, una proporción mucho mayor que la del resto del sector exportador.

En los últimos cinco años la Federación colocó 4,8 millones de sacos de cafés especiales, lo que generó primas adicionales a pequeños productores por cerca de 94.000 millones de pesos. Antes de eso, los cafés especiales colombianos se volvían especiales una vez zarpaban de los puertos. Las primas y el valor agregado se quedaban entre el exportador y el comercializador internacional y el productor no se enteraba.

¿Qué propuestas hay para comercializar el café que ya está sembrado, con el cual el país podría disponer de entre 15 y 16 millones de sacos?

Este año produciremos cerca de 12 millones de sacos y el siguiente será similar, si san Pedro lo permite. Aclaro que solo creceremos de la mano del mercado. Para producir por encima de estas cifras se debe continuar la transformación productiva que emprendimos y asegurarnos de generar valor al productor. Lo contrario sería un enorme desastre. El mercado de café arábico suave lavado es muy dinámico. Crece más rápido que el robusta, y no lo digo yo, sino Euro Monitor y muchísimos otros estudios, en ocasiones ignorados. También nos lo dice la industria, que quiere tener café de calidad y está preocupada por la oferta de café de calidad de otros países que no tienen instituciones como la nuestra.

¿Cuál es la situación real del Fondo Nacional del Café?

Para no ser juez y parte, cito la calificación de los banqueros –que sí saben lo que es análisis de la situación financiera– y de la Contraloría General de la República. Desde el 2010 a hoy, los cupos de endeudamiento del Fondo con la banca nacional e internacional se multiplicaron por 3,1 veces, al pasar de 350 millones de dólares a 1.100 millones; el patrimonio creció 24 por ciento, al pasar de 699.000 millones de pesos a 864.000 millones, y la CGR ha fenecido las cuentas de las vigencias auditadas. Lo anterior, teniendo en cuenta que hoy, en el momento de la compra, transferimos al productor el 94 por ciento del precio internacional, y si incluimos los bienes públicos, el 98 por ciento. Colombia es, de lejos, el país del mundo que más transfiere precio a los caficultores.

¿A qué se han destinado los parafiscales? ¿Deben seguir igual?

A los bienes públicos sectoriales: garantía de compra, investigación, extensión, promoción y arreglo de cultivos. La contribución del 2014 llegará a cerca de 140.000 millones de pesos y los bienes públicos valen el doble. La diferencia la aportan los activos y la gestión de recursos, es decir, el apalancamiento. También se desarrollaron proyectos de largo plazo en beneficio del sector caficultor, pese a las difíciles condiciones que en materia de revaluación ha enfrentado para financiarlas, ya que la contribución cafetera es fija y en dólares por libra, mientras los gastos son en pesos. El resultado contable es positivo.

Pero se critica cierta ineficiencia en este Fondo…

Invito a los críticos a profundizar y actualizar el análisis. En la Federación se ha cambiado y se seguirá cambiando. Gestionamos planes más ambiciosos con menos recursos, hemos mejorado en eficiencia y efectividad. Hoy, la cuota de administración que recibe la Federación corresponde al 5 por ciento de los ingresos del Fondo, y el 91 por ciento del gasto total se realiza en las regiones. En esta cuota se incluyen todos los gastos administrativos, jurídicos, tecnológicos, tributarios, de control y de nómina, que solo en oficina central se redujeron en más del 70 por ciento durante los últimos 10 años.

¿Estaría dispuesto a hacer ajustes en exportaciones y política cafetera, al competir con otros exportadores?

En términos generales, el sistema ha funcionado bien. Siempre ha habido instancias de diálogo e, incluso, de trámite de inconformidades en el caso de los temas asociados con la calidad; instancias que casi nunca convocan los exportadores. Siempre hemos tenido disposición al diálogo, pero lo que sí nos parece fundamental es que se protejan los intereses del productor y se salvaguarden el renombre y la reputación del café de Colombia y sus denominaciones de origen.

Insisto en que en café el mercado no termina en los puertos, sino en el paladar del consumidor final, y que las etiquetas en el mundo no garantizan trazabilidad ni al consumidor ni al productor. La diferenciación, el origen y la reputación cafetera son activos nacionales que no los podemos arriesgar ni perder.

¿Cuál es la realidad del tejido social cafetero, aspecto también criticado?

Lo que Colombia necesita para el posconflicto son mayores y mejores alianzas público-privadas. Más instituciones y personas trabajando unidas con una visión más holística, más integral del desarrollo rural, de la equidad. Hay muchísimos retos para las zonas rurales cafeteras, pero tampoco debemos desconocer que estas son las de mejor nivel de desarrollo en el país. En las zonas rurales cafeteras hay más infraestructura, más electrificación, mejor calidad de vida, hay menos violencia, menos cultivos ilícitos, menos grupos irregulares, más presencia institucional y más programas.

Y no solo lo digo yo. Lo dicen muchos académicos que, curiosamente, no fueron consultados a la hora de elaborar algunos estudios. El modelo que implementamos es el que recomienda el PNUD, que tampoco lo fue.

‘Sin garantía de compra se perjudican los más pobres’

¿Cuál sería el escenario para los cafeteros sin la garantía de compra?

De franco deterioro, de mayor desequilibrio en la cadena y de desprotección, especialmente de los más pobres. En el mundo, solo el 13 por ciento del valor del negocio se queda en los productores y el 77 por ciento, en los demás eslabones. Entonces me pregunto: ¿a quién debemos ayudar?

La garantía de compra es uno de los tres activos más preciados. Casi todos los productos agrícolas del país tienen problemas de comercialización, especialmente los más pequeños. A los pequeños productores sin garantía de compra siempre los intermediarios les imponen el precio, las condiciones, el lugar de entrega y la forma de pago. Y a veces ni les compran sus productos y los tienen que vender en las carreteras. Con los cafeteros no. La competencia en el mercado se da gracias a la presencia de la Federación. Por eso, los productores están tan preocupados con esta iniciativa, que responde más bien a intereses de otros eslabones de la cadena y no a los de los caficultores.

MARTHA MORALES MANCHEGO
Redacción Economía y Negocios

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