Cara a cara entre el Gral. Flórez y 'Romaña', ¿un punto de inflexión?

Cara a cara entre el Gral. Flórez y 'Romaña', ¿un punto de inflexión?

El general comandó la fuerza élite que dio de baja al 'Mono Jojoy' y a 'Alfonso Cano'.

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01 de noviembre 2014 , 03:42 p.m.

Con todo y el malestar que provoca en algunos sectores el cara a cara que está a punto de ocurrir en La Habana entre comandantes militares y jefes guerrilleros como el beligerante ‘Romaña’, el encuentro en Cuba puede marcar el punto de inflexión en el proceso de paz con las Farc, tras casi dos años de diálogos formales.

A menos que se haya pactado un cese del fuego desde el comienzo, en casi todos los procesos de paz estos cara a cara para hablar del tema ocurren cuando se considera que la negociación no tiene marcha atrás.

Al final de cuentas, los acuerdos entre quienes hacen la guerra son los que determinan el fin del conflicto armado, como lo testifican quienes han hecho parte de procesos de paz.

En Guatemala, por ejemplo, estuvo al frente del pulso por los puntos de concentración de los guerrilleros y del Ejército y los tiempos de la dejación de armas un hombre que había estado a la cabeza de la inteligencia militar: el entonces general Otto Pérez Molina, hoy presidente de la República.

Es más, en ese país centroamericano tres militares activos –Julio Balconi, Carlos Enrique Pineda Carranza y Marco Antonio González– hicieron parte, desde el comienzo, de la negociación con el grupo guerrillero Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.

Y en El Salvador, dos de los coroneles más fuertes en las batallas contra el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) –Mauricio Ernesto Vargas y Juan Martínez Varela– firmaron el cese del fuego con cinco jefes guerrilleros, el 31 de diciembre de 1991, en Nueva York.

Solución para todos

Como explica el experto español en procesos de paz, Vicenc Fisas, “es en esta fase final cuando, normalmente, se acuerda también si habrá justicia transicional o inhabilidades temporales, tanto para la guerrilla como para los militares. Lo habitual es que haya una sola salida para todos los actores, sin establecer diferencias entre militares y guerrilleros”.

Es decir, no gratuitamente un gobierno que busca el fin del conflicto provoca encuentros entre comandantes militares y los jefes guerrilleros a los que antes les había pedido combatir.

Es claro que, como proceso político que es, los militares van a los cara a cara con los guerrilleros porque conocen bien los campos de batalla, pero siguen las decisiones tomadas por el Presidente de la República.

Para algunos militares colombianos, no era todavía el momento de sentarlos a hablar con guerrilleros. Y para otros más radicales, lo que ocurrirá “equivale a igualarnos con delincuentes”.

Pero es precisamente un coronel retirado del Ejército y hoy profesor de la Universidad de la Sabana, Carlos Alfonso Velásquez, quien afirma que la superioridad moral de las Fuerzas Militares, que hacía ver al guerrillero como un delincuente, quedó en entredicho desde que se descubrió que había algunos uniformados que mataban personas para luego presentarlas como guerrilleros muertos en combate. Más allá de esto, las resistencias a la participación de militares en procesos de paz no son exclusivas de Colombia. En El Salvador, el presidente Alfredo Cristiani, un hombre de derecha, fue acusado en su momento por sectores de la extrema derecha de haber entregado y humillado a las Fuerzas Armadas por incorporar a altos oficiales a las negociaciones con la guerrilla.

Allí, claro está, se habló con el FMLN de un recorte de las Fuerzas Armadas, tema que no está previsto discutir con las Farc.

Lo difícil

Así como el encuentro frente a frente entre los duros del combate de las Fuerzas Militares y de la guerrilla puede ser el comienzo del fin del conflicto armado, también pone el proceso de paz en un punto más vulnerable.

Esto, por las tensiones que provoca el hecho entre los sectores más radicales de las Fuerzas Armadas y de la propia guerrilla, independientemente de las razones que los lleven a tomar distancia de la negociación.

Ya el jefe de las Farc, ‘Timochenko’, dijo abiertamente hace dos semanas en un texto dirigido al presidente Juan Manuel Santos y en el que le pidió vencer las dudas sobre el proceso de paz: “En el caso nuestro tenemos nuestras propias dificultades (…). Hay gente, incluso de la que se hace llamar de izquierda, afirmando provocadoramente que lo acordado en los tres puntos hasta hoy constituye una traición y una renuncia a nuestras banderas de lucha”.

Las oposiciones internas que enfrentan las Farc y las Fuerzas Armadas constituyen un riesgo para el proceso de paz porque lo exponen a imponderables de muy difícil manejo. Por ejemplo, un crimen de la guerrilla que no tenga presentación ante la opinión pública o la muerte de un jefe guerrillero importante para la organización armada.

Por otro lado, todo proceso de paz también tiene desertores y, en el caso de Colombia, la alucinación con el dinero del narcotráfico, al que ya están acostumbrados algunos guerrilleros, aumenta las posibilidades de que abandonen las Farc para dedicarse exclusivamente a ese negocio ilegal.

Es por eso que así como la presencia del 60 por ciento del secretariado en La Habana revela que hay una cohesión mayoritaria en esta guerrilla frente al proceso de paz, también podría indicar que ya está depurando y dejando por fuera a quienes no han apoyado los diálogos.

Pero no parece ser el caso de los dos miembros del secretariado que faltan en La Habana: ‘Mauricio Jaramillo’ y ‘Joaquín Gómez’. No solo los dos tienen a sus segundos en la isla, ‘Carlos Antonio Lozada’, en el primer caso, y ‘Fabián Ramírez’, en el segundo, sino que ‘Jaramillo’, jefe del Bloque Oriental, fue quien estuvo en la fase exploratoria de los diálogos. Se sabe, incluso, que algunos en las Farc consideraron que había cedido demasiado.

En últimas, que comandantes militares se sienten en una mesa con los jefes guerrilleros que antes debían combatir es una necesidad en una negociación de paz.

Dice Fisas que “el alto del fuego y el cese de hostilidades es una medida de confianza que, en cierta manera, blinda los acuerdos parciales que se han ido concertando a lo largo de la negociación. Es la señal de que no habrá vuelta atrás en el proceso”.

Por eso el cara a cara entre militares como el general Javier Flórez y el guerrillero ‘Romaña’ puede ser el punto de inflexión que se está esperando en el proceso de paz.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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