Gloria Polo, la mujer que se 'enfrentó' a un rayo y vive para contarlo

Gloria Polo, la mujer que se 'enfrentó' a un rayo y vive para contarlo

Pese a la descarga, su recuperación le permitió salvarse de la amputación y tener una hija.

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31 de octubre 2014 , 12:04 a.m.

Aunque ya han pasado 19 años desde que le cayó un rayo, Gloria Constanza Polo dice que sigue sintiendo corriente en su pie derecho. También continúa usando las botas de caucho que le ayudan a caminar desde la etapa de recuperación del accidente.

Su historia se ha publicado en varios medios internacionales, ha llenado estadios con su testimonio y aunque jamás se ha aventurado a escribir un libro, sí ha dado entrevistas para que escritores traduzcan su relato en más de cuatro idiomas.

“Este creo que es polaco, este alemán, portugués y de este sí estoy segura que es inglés”, dice mientras intenta descifrar el idioma de cada uno de los libros que admite no haber leído porque no entiende lo que dicen.

Guarda en una carpeta azul la amarillenta historia médica, un documento de registro de sus entradas a terapia, recortes de la noticia en periódicos de la época, fotografías de sus viajes y hasta cartas de párrocos que la han felicitado por su valentía. Todos estos son documentos que atesora como una forma de validar su testimonio.

Gloria Polo es odontóloga de profesión y conferencista por decisión. Aunque para muchos el haber visto de cerca la muerte podría convertirse en negocio, ella es tajante al decir que jamás cobraría por contar lo que vivió. “Yo nunca pediría plata por contar mi historia, esa es mi vocación y yo lo hago por amor a Dios y a la gente”, afirma.

Lo que le pasó no es algo común, pues sobrevivió a un rayo que además de llevarla al borde de la muerte, causó el deceso de su sobrino y dejó en los recuerdos de su esposo la imagen de ella saltando en el piso por la descarga.

Según Gloria, la historia no termina ahí. En las dos ocasiones que fue dada por muerta y sometida al proceso de reanimación, afirma haber visitado el cielo y el infierno.

Dice que después de ese día no es la misma y no se equivoca. Esa mujer que creía en la nueva era y alardeaba de sus capacidades para la meditación trascendental, capturar las energías, atravesar paredes, mandar mensajes telepáticos y manejar los chacras, ya no está. En su lugar hay una mujer creyente, devota a Dios y a la virgen, que dejó de lado la vida ‘dietética’ y superficial para enfocarse en los intereses de ‘el de arriba’.

“Ella cambió muchísimo. Tanto, que después del accidente casi todos los amigos se alejaron y tuvo que empezar a tener un cambio. Contar su testimonio para ayudar a otros es lo que la mantiene viva”, cuenta Luz Dary Polo, la mayor de sus hermanas.

Gloria antes del Rayo

En sus primeros años ejerciendo la odontología, fundó un consultorio con la visión de atender a un público popular al que le pudiera ayudar dándole muy bajos costos por consulta. Esto la acercó a una gran cantidad de personas y le ayudó a desarrollar “una capacidad de arrastre muy grande, pues ‘imprimía’ pensamientos en sus pacientes”.

“Yo los hacía creer mis cuentos, les pagaba abortos, les regalaba condones a los pelados del barrio y le decía a las mujeres que si su marido les ponía los cachos se los pusieran el doble. Les llenaba la cabeza de las porquerías en las que creía, como la nueva era”, recuerda Polo.

En este contexto, meses antes del accidente, se sentía sin rumbo pues, como ella misma confiesa, aunque podía manejar su corazón con la meditación trascendental, no lograba quitarse las ganas de quitarse la vida. A esto le siguió su intento de suicidio al chocar su carro, experiencia de la que salió ilesa físicamente pero donde murió su fe.

“Después de que no pude matarme en el carro, me fui llorando buscando un sacerdote. Solo encontré una iglesia abierta, le dije al cura: Ayúdeme o me voy para el infierno y él me dijo: usted se ve inteligente y muy estudiada, no me diga que cree en eso. Me sentí en una mazmorra y que el que debía sacarme me botó. Desde ahí, para mí ya no existía el diablo ni Dios”, narra.

Polo ha viajado por el mundo contando su testimonio.  Archivo particular.

Las consecuencias de una tarde de lluvia y rayos

El 5 de mayo de 1995 marcó un antes y un después en la vida de esta huilense. Llegó a eso de las 4:30 de la tarde a las instalaciones de la Universidad Nacional para recoger unos libros con su sobrino y su esposo.

Caía un torrencial aguacero, pero como para Polo lo más importante era cumplir con su palabra, decidió tomar un paraguas pequeño y salir hacia la biblioteca.

“Mi sobrino se tomó de mi brazo y mi esposo se puso un impermeable, en ese momento no estaban cayendo rayos. Recuerdo que estaba helada por el agua que se había posado sobre la varilla de mi brasier”, afirma.

Mientras caminaban entre árboles, cayó un rayo que los dejó en el suelo. El primero en recobrar la conciencia fue su esposo, quien fue testigo de cómo tenían que tocar los cuerpos con palos para constatar que ya no pasaban corriente.

Su hermana Luz Dary afirma que momentos después del rayo Gloria parecía estar muerta y era imposible iniciar reanimación pues seguía pasando corriente. Las hipótesis de cómo le cayó el rayo son diversas, algunos dicen que rebotó del suelo. Otros, que entró por el hombro.
“Yo no entiendo lo que pasó, solo sé que eso me quitó los senos, me ‘carbonizó’ por dentro, me quedaron huecos en el cuerpo, me quitó la carne de las costillas y me quemó mis piernas”, asegura.

Cuando por fin pudieron hacer el proceso de reanimación, Gloria afirma que regresó de la muerte y de ese lugar al que denominó el cielo.
“Yo vi a los médicos, vi mi cuerpo y el de mi sobrino botados en el suelo. Luego ascendí hasta llegar a un túnel. Yo vi una luz, es algo que no puedo describir. Fui subiendo en esa luz y pensé: me morí, pero si yo estoy aquí y mi cuerpo allá, entonces yo tengo alma”, cuenta.

“También vi un jardín y un manantial. Pero cuando yo quiero entrar me doy cuenta que no puedo porque yo moría en un contexto tenaz. Luego, vi toda la gente que durante mi vida intentó sacarme de mi ceguera. Sorpresivamente recibí una segunda oportunidad y empecé a devolverme a mi cuerpo mientras escuchaba los gritos de mi esposo pidiendo que no me muriera”, agregó.

Una cadena de hechos inexplicables

Archivo particular

Con su regreso volvió su fe en Dios y en los milagros, siendo esta última palabra un factor recurrente en su historia de recuperación.
El diagnóstico era aterrador. Una necrosis hepática, un paro cardiaco y la posible pérdida de sus ovarios fueron las palabras textuales que le dijeron a su familia tras el accidente.

Por demoras en la atención hospitalaria, el cuadro se complicó. Los médicos tenían que intervenir de inmediato. “Me limpiaron las quemaduras, me hicieron unas cirugías y en una de ellas volví a caer en paro respiratorio”, cuenta Polo.

Cuando volvió a caer en paro ella afirma haber conocido el infierno, lugar del que manifiesta se salvó gracias a una sorprendente recuperación de la que los médicos no tenían explicación.

“Nos dijeron que se iba a morir. Fuimos, enterramos a mi sobrino e inclusive pedimos que nos dejaran la misma sala para Gloria en la funeraria. Ya cuando íbamos a recoger el cadáver, la vimos diferente, ya hasta hablaba. Recuerdo que me dijo: consígame una biblia, las cosas no son como nos imaginábamos. Yo era aterrada de ver a mi hermana, ella era un milagro viviente y también despertó mi fe”, cuenta Luz Dary Polo.

Luego, lo médicamente imposible volvió a suceder, pues aunque según los médicos que la atendieron sus ovarios estaban como uvas pasas y no le llegaba el periodo, quedó embarazada. La barriga en medio de las quemaduras creció y hasta pudo amamantar a la pequeña María José.

Aunque han pasado los años, Gloria aún define su vida como una constante contradicción entre la vida y la muerte. “Yo vivo en una contradicción: por un lado, estoy agradecida por tener una segunda oportunidad para poder reparar todo el mal que había hecho. Pero por otro lado, vivo con el deseo de morir para volverme a encontrar en ese cielo”, afirma mientras seca sus lágrimas.

DIANA MILENA RAVELO
ELTIEMPO.COM

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