Así es el drama de la enfermedad mental en Bogotá

Así es el drama de la enfermedad mental en Bogotá

El Distrito solo tiene registros de 7.729 individuos diagnosticados. Nuevas adicciones en el limbo.

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20 de octubre 2014 , 03:45 p.m.

Se destruyen los rostros de mujeres con ácido, padres matan a sus hijos sin contemplación, las riñas en la calle se encienden con la chispa de una mala mirada, un pito o un empujón; muchos jóvenes y adultos se suicidan ante la imposibilidad de resolver sus problemas, más de 121 este año, según Medicina Legal, 36 por salud mental.

A diario, un equipo del Centro Regulador de Urgencias (CRUE), que se desplaza en una unidad móvil, puede atender un promedio de treinta crisis. Solo este año ya han sido 41.974 los casos asistidos, sobre todo en Kennedy, Suba, Engativá, Bosa y Ciudad Bolívar.

La gente huye de la realidad refugiándose en redes sociales, teléfonos inteligentes, sexo o adicciones como al trabajo, que los aísla en placeres efímeros pero que luego los hunde en la más profunda depresión o los distrae de la misma.

¿Quién no conoce a un familiar o amigo que haya padecido un trastorno psicosocial? Es una realidad latente en el día a día de una ciudad frenética, que se olvidó del tiempo libre, del ocio sano y la familia, que sucumbe a la violencia o a la tristeza absoluta de una sociedad que tacha de desadaptados a personas normales que un día se enfermaron y se estrellaron con las barreras del acceso para recibir un tratamiento adecuado.

Eso piensan expertos como Martha Suescún, directora de la Fundación Libérate, quien asegura que muchos de estos desequilibrios son derivados de los estilos de vida actuales. “Los estados de estrés crónico, la agresividad, la angustia, la falta de recursos o soportes emocionales terminan en enfermedades mentales sin reversa”.

Según la Secretaría Distrital de Salud (SDS), en el 2013 se atendieron en su red pública de hospitales solo a 7.729 personas y realizó 32.634 atenciones en una ciudad de 7’800.000 habitantes, datos que evidencian un subregistro que no ayuda a salir de la crisis. “Muchos enfermos están enmascarados en otros diagnósticos. Hay sociópatas en las calles, hay hombres y mujeres con trastornos sin tratar. Si la salud mental se empieza a considerar como un problema de salud pública habrá un verdadero proceso para identificar todos los casos”, dijoWilson Bustos, subgerente científico del hospital de Kennedy.

Solo en este lugar, “la unidad de salud mental se quedó corta para el número de pacientes diarios. Tenemos solo 28 camas, esto nos obliga a atender entre ocho y doce pacientes en los pasillos. Hay una deficiencia del 70 por ciento respecto a los casos que recibimos, más de 40 en días pico”, dijo Bustos.

Médicos, enfermeros y vigilantes tienen que lidiar a diario con agresiones físicas por parte de pacientes con trastornos. “El 100 por ciento de los tratados en urgencias por violencia están relacionados con enfermedades mentales. No todas las personas asesinan a sus familiares, seguro hay una patología de base. Tenemos el mayor número de pacientes con trastorno afectivo bipolar, psicosis, depresión mayor y esquizofrenia paranoide. Todas estas enfermedades, ojo, sin tratar, pueden terminar en situaciones de violencia”, agregó Bustos.

Según la SDS, la red solo cuenta con un total de 197 camas para la atención de pacientes con enfermedades mentales.

“El déficit sería de 37,41 camas”, dicen funcionarios de la Dirección de Desarrollo de Servicios de Capacidad Instalada y Producción, pero los directores de hospitales y los trabajadores de la salud saben que son muchas más las camas que se necesitan, así como los especialistas en psiquiatría, psicología y salud ocupacional para atender la demanda.

Esquizofrenia, la más común

A pesar de la ausencia de cifras en detalle, los pocos registros dan cuenta de que la esquizofrenia paranoide encabeza la lista con 788 diagnósticos. Esta enfermedad involucra falsas creencias de ser perseguido o blanco de una conspiración y produce alucinaciones visuales y táctiles, pero las manifestaciones son únicas en cada persona.

Según Gloria Nieto, presidenta de la Asociación Colombiana de Personas con Esquizofrenia, fundada hace 15 años como una red de apoyo ante el desconocimiento de la patología, “si se sigue la línea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que prevé que el 1 por ciento de la población está en riesgo, en Bogotá podrían haber unas 78.000 personas en riesgo de padecer esta enfermedad. ¿Dónde están? Lo grave es no saberlo”.

Solo esta asociación trabaja con 350 familias en la capital cuyos familiares han vivido con esquizofrenia. “Sabemos que muchos nunca han pedido ayuda, no han sido detectados o se han encontrado en su primera consulta con un diagnóstico errado de médicos que desconocen por completo los síntomas”, dijo Nieto.

La experta agrega que la esquizofrenia dobla, incluso, a padecimientos como el Alzhéimer. “El estigma no permite que se hable de frente sobre la enfermedad mental. Se calla, se oculta, no se visibiliza por el sistema de salud, ni por la sociedad”.

Agrega que la atención hacia estas personas en Bogotá es deficiente porque se centra solo en la medicación excluyendo tratamientos como la psicoterapia. “En otros países ya se habla de psiquiatría social en donde los pacientes son atendidos de forma integral y muchos logran llevar una vida normal”.

A la esquizofrenia le siguen una larga lista en que los episodios depresivos, en sus diferentes fases, son cada vez más reiterativos (1.470 casos en 2014 según la SDS).

Luisa Marina Carrillo, directora de la Fundación Unidos contra la Depresión, explica que esto ocurre porque las situaciones de riesgo no son atendidas a tiempo. “En las mujeres, factores como la codependencia, la violencia intrafamiliar, el divorcio o los problemas económicos pueden degenerar en episodios de depresión que desembocan en situaciones lesivas”.

Así, cada población tiene alertas que de ser controladas minimizarían los casos de enfermedad mental y evitarían que lleguen a la red de salud en su último nivel de gravedad. “Estamos en pañales en materia de prevención”, dijo Milton Murillo, médico psiquiatra.

A todo esto se le suma una atención deficiente. “Las barreras de acceso continúan en los dos regímenes contributivo y subsidiado. Si la persona no está al borde del suicidio no la atienden, las citas con psicología son difíciles y duran poco tiempo. La psiquiatría se limita a escuchar, a diagnosticar y no a ofrecer soluciones más allá de la medicación con genéricos de mala calidad”, dijo Carrillo.

Según la Dirección de Desarrollo de Servicios de Vigilancia y Control de la SDS, entre el 15 de noviembre de 2006 y el 30 de junio de 2014, ha recibido solo 167 quejas por fallas en la calidad en la prestación de los servicios de salud mental. “Fueron por maltrato al paciente y hacinamiento por inadecuada infraestructura. En el 2014 se reportaron 8 casos de los cuales 7 fueron por barreras en la prestación de los servicios por parte de las aseguradoras del régimen contributivo y un caso por el subsidiado para pacientes con patología mental”.

Reacciones graves al estrés, trastornos bipolares y por el uso de drogas siguen en la lista de enfermedades mentales en Bogotá, pero cuando se le preguntó a la SDS si había estudios serios sobre la detección de nuevas adicciones o trastornos no hubo respuesta.

Los trastornos desconocidos

Mientras el mundo avanza en el tratamiento de nuevas manifestaciones de la enfermedad mental, países como Colombia están estancados en el diagnóstico de las tradicionales.

Según Suescún, cada vez son más los casos que llegan a su Fundación a buscar ayuda por adicciones al trabajo, al sexo, a las redes sociales o a codependencias emocionales. “Sufren igual o más que un alcohólico o un adicto a las drogas. Pierden el control, se obsesionan, no reconocen que tienen el problema. Lo más grave es que mientras en países como España ya hay estudios serios, aquí no hay ni uno”. (Ver videos)

En el 2012, Trabajando.com realizó un sondeo en el que se encuestó a 4.000 personas en las principales ciudades de Colombia. El 64 por ciento se identificaba como adicto al trabajo y dedicaban entre 45 y 55 horas a la semana a esta actividad. “La oficina se ha convertido en su segundo hogar. Más de la mitad de los encuestados afirmó haber sufrido alguna patología a causa de los excesos”. Un 53 % estrés, un 20 % desgaste físico y psicológico, un 13 % pérdida del apetito, un 7 % irritabilidad y un 7 % depresión.

Andrés Jaramillo, director de la Asociación para la Investigación y Rehabilitación de Adicciones, también ha evidenciado el aumento de casos de hombres y mujeres con adicciones, en teoría, menos comunes, como al sexo. “Todas intervienen en el circuito del placer. En el caso de los adictos al sexo no lo hacen por aliviar la ansiedad sino por buscar un placer de manera compulsiva que termina en un proceso autodestructivo. Hay más de los que uno piensa y necesitan ayuda”.

Para el experto, situaciones como el sexo en espacios públicos que ya sucede en Bogotá, da cuenta de que esta actividad se salió de los espacios y tiempos permitidos. “El adolescente abusa de la estimulación a través de las redes, tiene pensamientos mágicos, ilusiones en otro ser humano que no conoce. Tienen ideaciones mientras se masturba. El sexo con prostitutas ha aumentado de una forma impresionante. ¿Qué hay de fondo? Todo abuso tiene implicaciones graves”.

Jaramillo explica que hay un retraso enorme en el tema de salud mental en el país. “Empezando por los asesores del Gobierno. Son capaces de decir que la adicción no es una enfermedad”.

Agrega que si no se reforma la Ley 100 la atención seguirá siendo un negocio. “Yo calculo que en Bogotá puede haber unos 250.000 enfermos mentales. Hay malos profesionales y sobre todo, indolencia en los prestadores de la salud”.
En Bogotá ni siquiera las cárceles cuentan con servicios de atención mental óptimos. Hoy, según información de Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) hay más de 345 enfermos mentales solamente en La Modelo, La Picota y El Buen Pastor, cuya atención, según los expertos, ya debería haber migrado a centros especializados para la reclusión y el tratamiento de estas patologías.

Mientras todos estos cánceres de la atención a la salud mental se solucionan, miles de vidas en todas las localidades penderán de una atención adecuada, sobre todo, en esos sectores donde se concentra el desplazamiento por la violencia, otro factor, que a la luz de los expertos, puede incidir en la proliferación del fenómeno. Según un informe del Grupo de Memoria Histórica, Colombia tiene un promedio de 4,1 millones de desplazados. De ese cálculo, Bogotá podría alojar al 10 % de los desarraigados por razones de violencia.

Según Victoria Schindler, experta en salud mental e instructora del Richard Stockton College, en una jornada académica que realizó en la Universidad del Rosario, una persona que ha vivido en un conflicto armado, social o personal sigue inmerso en este, así haya culminado y necesita de centros especializados para manejar la ira y controlar impulsos agresivos. “Toda persona nace buena, pero diferentes problemas en su vida lo pueden llevar a ser violento o a enfermarse. Lo importante para estos individuos es saber que existe rehabilitación y que la sociedad los puede acoger si logran entender que actuaron mal y asumen el compromiso de no repetir estas acciones”.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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