Los helados termómetros del planeta

Los helados termómetros del planeta

El océano Ártico y la Antártida sufren los embates más devastadores del calentamiento global.

29 de septiembre 2014 , 08:34 p.m.

En el Polo Sur y en el Polo Norte, en el mediodía del día más largo del año, el Sol no llega a estar más arriba de lo que está a las 5 de la tarde en cualquier parte de Colombia.

Sobre el Círculo Polar Ártico, alrededor del Polo Norte, o por debajo del Círculo Polar Antártico, alrededor del Polo Sur, en el invierno de cuatro meses, el Sol no se asoma sobre el horizonte. Durante el verano de cuatro meses, el Sol no se oculta y da vueltas en el cielo apenas asomándose sobre el horizonte. Con tan solo una fracción de la luz solar que calienta otras partes de la Tierra, los extremos de nuestro planeta son mundos de hielo.

El Polo Norte está ubicado en el océano Ártico, en medio de aguas cubiertas por una capa de hielo que cambia siempre. Durante el verano de cada año, la luz del sol derrite parte de ella, encogiéndola más o menos a la mitad de su tamaño.

En el 2007, la capa de hielo en el océano Ártico se redujo a un nivel nunca antes observado, y desde entonces cada año se han registrado niveles extremos de encogimiento.

El espesor también ha cambiado, desde casi 3 metros en 1980 a menos de la mitad veinte años después. La relación de estos cambios en el hielo con el aumento de las temperaturas del aire en el Ártico es la indicación más precisa que tenemos sobre el efecto del calentamiento global.

Nadie vive cerca del Polo Norte, pero el Círculo Polar Ártico es el hogar de los osos polares y de numerosos pueblos aborígenes que han habitado allí desde hace decenas de miles de años, cuando el frío extremo de una glaciación tendió un puente de hielo entre Siberia y Norteamérica.

Su ciudad más grande es Murmansk, que, con una población comparable a la de Neiva, es uno de los puertos más importantes de Rusia y cuenta con su propia flota de barcos rompehielos impulsados por energía nuclear.

El continente protegido

El Polo Sur está ubicado en medio de la Antártida, un continente cuyo territorio es doce veces más grande que el de Colombia y con una altitud media de 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Tiene montañas tan altas como el monte Vinson, una cumbre de más de 4.000 metros de altura, que el colombiano Manuel Arturo Barrios escaló en el 2010, pero el 98 por ciento de su superficie está cubierta por una capa de hielo de más de 1,5 kilómetros de espesor.

Esta capa de hielo representa un 70 por ciento del agua dulce en el planeta Tierra.

Nadie vive permanentemente allí, ni siquiera los pingüinos; solamente existe una población flotante de unas 5.000 personas, repartidas en 40 bases, distribuidas por todo el continente. La Antártida no pertenece a ninguna nación y está protegida por el Tratado Antártico, un acuerdo creado en 1960 y ratificado por 50 países, incluido Colombia, en enero de 1989.

Este garantiza la protección del continente como una reserva para la investigación científica y la preservación del ambiente.

En su texto quedó consagrado que se garantiza “el interés de toda la humanidad en que Antártica continúe siendo usada para fines pacíficos y no se convierta en la escena o el objeto de la discordia internacional”.

Y hasta la fecha, así es: Antártida es un lugar de cooperación internacional, aun cuando está amenazado por los mismos efectos climáticos a los que hoy tienen que responder todas las naciones.

Estudios independientes, conducidos por la Nasa y la Universidad de Washington (Estados Unidos), indican que la capa oeste de hielo antártico esta encogiéndose por el contacto con las cada vez más cálidas aguas del océano.

Al derretirse, esta contribuye al ascenso del nivel del mar en más o menos un cuarto de milímetro por año, pero año tras año esta cifra sigue creciendo. Siendo optimistas, para el 2100 el nivel de los océanos habrá subido alrededor de un metro por esta causa.

A eso hay que sumarle otro problema: el aumento de la cantidad de agua dulce en el océano tiene efectos impredecibles para el clima y para las poblaciones de peces de las cuales se alimentan las personas.

Esos son el Ártico y la Antártida, los extremos de nuestro planeta, los protagonistas de la reciente Cumbre sobre el Clima de la Organización de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York.

Es justamente en estos lugares donde las emisiones de dióxido de carbono producidas por nuestra forma de vida tienen sus efectos más devastadores e irreversibles.

En la preservación de estos mundos de hielo, tan lejanos de nuestro país, ubicado en medio de los trópicos, se encuentra el futuro de nuestra especie.

JUAN DIEGO SOLER
Especial para EL TIEMPO*
(*) Ph. D., investigador del IAS (Francia)
En Twitter: @juandiegosoler

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