Drama de madres-niñas y bebés no deseados

Drama de madres-niñas y bebés no deseados

Comportamientos violentos son expresión retaliatoria de adultos que un día fueron niños maltratados.

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28 de septiembre 2014 , 09:37 p.m.

Que una de cada 5 adolescentes de entre 14 y 18 años esté embarazada y que el 64 por ciento de esos embarazos no sean deseados es una tragedia social de mayúsculas proporciones y semillero de violencia, odio, pobreza e inequidad.

Si a lo anterior le sumamos los casos de niñas menores de 14 años que quedan embarazadas, tenemos una sociedad al borde del colapso. Hace bien Cristina Plazas, entusiasta directora del ICBF, al advertir que toda relación sexual con menor de 14 años configura delito de acceso carnal abusivo.

Y hace bien en recordar la norma según la cual los derechos de niños y niñas prevalecen sobre cualquier otro derecho, lo que obliga a los funcionarios a priorizar la defensa de los derechos de los menores en todo asunto a su cargo. Por ejemplo, de acuerdo con ese Artículo 44 constitucional, el reclutamiento de menores ha debido ser el punto 1 en la agenda de Cuba, incluyendo abusos sexuales contra menores en poder de las Farc y abortos obligados.

Para completar este cuadro dramático, el segundo embarazo de madres-niñas en Colombia en el 33 por ciento de los casos llega entre 14 y 24 meses después del primero, lo que se expresa en niñas que cuando sacan su cédula ya tienen dos hijos. El 50 por ciento de ellas abandonan el colegio y quedan tempranamente excluidas del mercado laboral más calificado, con lo que se reproducen, sobre todo en estratos de menores ingresos, patrones crueles de pobreza y marginalidad.

Cuando les preguntaron por qué no usan métodos de protección sexual, algunas niñas contestaron que las pastillas anticonceptivas engordan y manchan la piel. Otras confesaron que a veces se les olvidan. Y muchas dijeron que no compran condones porque son muy caros o porque les da pena. Y, dolorosamente, muchas niñas quedaron embarazadas para escapar de violencia intrafamiliar, maltratos, abuso sexual, alcoholismo o drogadicción de miembros de la familia en todos los estratos sociales.

Por un instante, aunque la evidencia en contra sea elocuente, imaginemos un desenlace feliz en Cuba. Santos y ‘Timochenko’ podrían tomarse la foto y prometer una paz perpetua. Pues bien, aun si las Farc desmovilizaran todos sus frentes y narcofrentes y dejaran todas sus armas, todavía quedarían más del 80 por ciento de las muertes violentas en Colombia por resolver, ya que no son causadas por las Farc ni por el Eln.

Esas muertes que no derivan del conflicto armado, en muchos casos, son expresión retaliatoria de adultos que un día fueron niños maltratados, no deseados o que sintieron que su llegada al mundo fue un accidente y que sus padres no tenían cómo brindarles una familia para llenarlos de amor, de protección, de besos y abrazos. La evidencia científica es concluyente. Si un niño es víctima de maltrato, abandono o abuso, adquiere frecuentemente una propensión a repetir su experiencia con otros y a reproducir con violencia su propio dolor.

Así, el embarazo adolescente, además de plantearse como un inmenso problema de presupuesto, de salud pública, de provisión gratuita de servicios de planificación, de dispensadores de condones y pastillas, de cursos de educación y responsabilidad sexual, exige la puesta en marcha de una compleja red intersectorial que debe involucrar al Estado, a las iglesias, a la comunidad educativa, al sistema judicial-penal y a toda la sociedad en el empeño de moldear seres humanos responsables de sus actos, responsables como padres y madres, afectuosos y amorosos.

Entre la maraña informativa de la última semana, llena de embustes políticos, triquiñuelas parlamentarias, atentados terroristas, discursos fantasiosos y nuevos golpes al bolsillo de los colombianos, debemos rescatar el llamado de Cristina Plazas para que asumamos integralmente como sociedad el reto de superar para siempre esta dolorosa tragedia de las madres-niñas y de sus bebés no deseados. Es prioritario.

Juan Lozano

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