Entre la verdad y las salvedades

Entre la verdad y las salvedades

Camufladas, las Farc venían filtrando por internet delicados 'pendientes' sobre la agenda.

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27 de septiembre 2014 , 07:32 p.m.

Sorpresivamente, las Farc y el Gobierno acuerdan romper la confidencialidad sobre los hasta ahora acuerdos oficiales de La Habana.

Alcancé a pensar que el presidente Santos necesitaba ganar credibilidad con titulares concretos sobre los avances en la paz durante su periplo por Nueva York. O que ya nota con angustia que los inversionistas extranjeros comienzan a presentir una delirante ‘castrochavización’ de Colombia.

Sin descartar lo anterior, también creo en la otra explicación. Que las Farc venían filtrando los acuerdos, pero camuflando entre ellos por internet unas “salvedades” sobre los puntos ya negociados y evacuados de la agenda.

En otras palabras, “temas pendientes” que impiden mirar lo publicado sin prevenciones y sobre los cuales ambas partes reconocen, en el comunicado conjunto número 44, que “están por resolverse”, porque en aras de avanzar en la agenda se los brincaron. Por lo tanto, “cada delegación está en libertad de volver sobre los puntos que quiera”. ¿Ante tantos pendientes, será una ingenuidad confiar en que lo revelado al país esta semana sí es todo lo negociado en esos puntos?

Trato de leer lo que pueda sobre lo que se publica del proceso. Pero lo de las “salvedades” me sorprendió. Para medir su trascendencia, le pedí al politólogo y hoy senador Alfredo Rangel que me diera algunos ejemplos.

Me dice que sobre el punto uno de la agenda, el agrario, hay diez salvedades. Entre ellas, negociar con el Gobierno la “eliminación del latifundio y la relimitación de la propiedad de la tierra”, “renegociar los TLC”, “concertar la política minero-energética”... y qué tal esto, la “desmilitarización del campo”.

Sobre el punto dos de participación política, dice que las Farc han dejado 13 salvedades. Entre ellas, concretar la “democratización de la información y las comunicaciones”, –quién sabe si bajo el modelo Venezuela-Ecuador–; “extender (aún más) las consultas previas” y establecer el “control popular de los tratados internacionales”.

Y en el capítulo 4, sobre erradicación del narcotráfico, las Farc insisten en salvedades como la erradicación –únicamente voluntaria y manual– de los cultivos de coca, la suspensión “total” de las aspersiones y la indemnización de los cocaleros fumigados, y la concertación del Estado con las Farc de “una nueva política criminal”.

Pero sería totalmente injusto desconocer los adelantos de dos años incansables de negociaciones en La Habana.

Aunque algunos lo considerarán obvio, me parece trascendental que las Farc acepten, ¡por fin!, que el narcotráfico “ha atravesado, alimentado y financiado el conflicto interno”. Que se comprometan a que “nadie nunca más en Colombia deberá utilizar las armas para promover una causa política”. Y que en el punto agrario estén pidiendo lo que cualquier partido político sensato en Colombia debería estar ofreciendo en su programa: mejorar el uso de la tierra y promover bienes y servicios públicos en infraestructura, salud y educación, vivienda, agua y saneamiento básico para el campo.

Quedan volando por ahí precisiones como la extensión que tendrán las zonas de reserva campesina, su autonomía y su ubicación (¿por ejemplo, habrá alguna en el Catatumbo, al lado de la frontera con Venezuela?); así como la extensión de las hectáreas que mediante extinción de dominio, o recuperación de baldíos y tierras con titularización deficiente, ingresarán al Fondo de Tierras que serán distribuidas a los campesinos. ¿Estos dos temas tan sensibles también harán parte de las “salvedades” que serán discutidas al final?

Ninguna de tales prevenciones justifica que el proceso se pare. Que siga más bien con todo su vigor. Bajo el entendido, eso sí, de que las Farc son las más mañosas que hay sobre el universo Tierra.

Entre tanto... Entre el voto obligatorio y las ‘listas bragueta’, esta supuesta reforma del equilibrio de poderes va como un cohete.

María Isabel Rueda

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