Jeter, la leyenda yankee que dijo adiós al béisbol

Jeter, la leyenda yankee que dijo adiós al béisbol

A los 40 años, el ídolo y gran capitán de Yankees se despidió del público que nunca lo olvidará.

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26 de septiembre 2014 , 09:42 p.m.

“Ahora bateando por Yankees, el número 2, Derek Jeter, número 2”, se oyó por última ocasión en Nueva York la grabación con la voz sagrada de Bob Sheppard introduciendo la venida al plato de un pelotero que el pasado jueves se despedía de su afición. (Vea aquí: las imágenes del juego en el que se retiró Derek Jeter).

El salvamento desperdiciado por David Robertson llevó el juego a la parte baja de la novena entrada para un turno más del ídolo, del capitán, ¡Derek Jeter!, cuyo número 2 se quedará corto por tanta grandeza y ejemplo a lo largo de 20 años.

Con un corredor en la segunda base, Jeter con un mítico 'swing', hacia su banda contraria, el jardín derecho, como tantas otras miles de veces contactó la pelota, ¡pegó un sencillo para que Yankees de Nueva York derrotara a Orioles de Baltimore!

Parecía el desarrollo de un partido en la imaginación, pero las leyendas como Jeter convierten la ficción en realidad y el batazo sucedió de verdad en su último juego como paracortos y en el Yankee Stadium de una carrera que finaliza este fin de semana en Boston.

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¡Ser un Yankee!

Muchos anhelan cumplir el mismo sueño, y no hay lugar para todos, por más perseverancia y esfuerzo. Cuántos niños y adolescentes que juegan béisbol no aspiran a llegar al equipo más ganador de las Grandes Ligas, Yankees. Así lo deseaba Jeter, incluso era más específico: ser el paracortos.

Se lo manifestaba a más de uno: a sus padres, a un profesor, a un compañero y hasta en un anuario de octavo grado de proyecciones a 10 años escribió: “Derek Jeter, jugador profesional de Yankees”.

Durante los veranos en Nueva Jersey, el estado donde nació el 26 de junio de 1974, madrugaba incluso con los primeros rayos del sol y despertaba a su abuela materna, Dorothy, para jugar béisbol. Además de ir calentando el brazo, arrancó a sentir un vínculo especial con los del uniforme a rayas debido a Dorothy, hincha de Yankees e incluso lo llevó al Yankee Stadium, el templo de Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio y Mickey Mantle.

El mismo parque de pelota en el cual la afición neoyorquina arrancó a ver en 1995 los primeros pasos de Jeter en las Mayores en un trayecto que con el paso de los años se volvió legendario.

Babe Ruth cambió la historia de Yankees, pues con su arribo en la década del 20 surgieron los primeros títulos de una organización antes opacada. Y carentes de campeonatos desde 1978, Jeter ayudó a revivirlos a finales de los 90 e integró la era del Core Four junto a Andy Pettitte, Mariano Rivera y Jorge Posada, etapa que termina con el retiro de Jeter.

Culmina la carrera de un ícono no solo de Yankees sino también del béisbol al batear más de tres mil hits, obtuvo un Novato del Año, cinco Guantes de Oro, cinco Bates de Plata, 14 selecciones al Juego de Estrellas, un premio al Jugador Más Valioso de la Serie Mundial y un nombramiento como capitán de la novena en 2003.

En las conquistas colectivas y compartidas con Pettitte, Rivera y Posada hubo cinco títulos del Clásico de Otoño, lo más preciado.

A Jeter no se le elogia únicamente por sus hazañas. “Fue de distintas maneras la cara de este juego. Gran pelotero en el terreno, pero para ser francos, una mejor persona fuera de éste”, lo describió Bud Selig, comisionado de las Grandes Ligas.

Joe Torre, considerado un segundo padre por Jeter, lo dirigió desde 1996 hasta el 2007 y le impresionó al conocerlo su formación como persona.

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Del hogar al diamante

Hay deportistas que ocupan espacio en los medios por sus logros y sus escándalos. Los segundos no involucraron al paracortos en su vida profesional ni en la privada. Él mismo era consciente de que no podía darles un titular cada día a los medios en la Gran Manzana o no hubiera sobrevivido en su carrera.

El buen comportamiento era uno de los puntos de los primeros contratos que firmó en su vida. No se trata del acuerdo de cuando Yankees lo vinculó luego de graduarse de bachillerato en el Kalamazoo Central High School y ser seleccionado sexto en el draft de 1992 (Astros de Houston, Indios de Cleveland, Expos de Montreal, Orioles de Baltimore y Rojos de Cincinnati lo pasaron).

La meta de Jeter jamás recibió una carcajada u objeción alguna de sus padres, Charles y Dorothy. Todo lo contrario, el apoyo fue absoluto para que luchara con perseverancia. Sin embargo, en Kalamazoo (Michigan), donde creció, antes de cada año escolar se sentaban y trazaban unos compromisos para seguir con su dedicación al béisbol sin descuidar otras responsabilidades como las notas y la disciplina.

Charles fue campocorto en la Universidad de Fisk y alcanzó a dirigir a su hijo en pequeñas ligas. Algunas lecciones importantes le brindó en esa etapa, como cuando prefería irse a pescar y le tocó advertirle que no actuaba en el siguiente partido si se saltaba el entrenamiento.

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Se paró la diversión

“Hay que divertirse…”, respondió Jeter a un interrogante hace cuatro años con respecto a cuánto tiempo más iba a durar. Si octubre lo bañó varias veces con champaña, en el de 2012 cayó en la Serie de Campeonato de la Liga Americana al suelo del Yankee Stadium, sin embargo no en el estadio que conoció gracias a su abuela sino en el nuevo.

Una lesión en el tobillo dio por finalizada su postemporada y era una imagen inusual del capitán, acostumbrado a dar lo máximo para llegarle a una pelota y asistir un out en el home como contra Atléticos de Oakland en el 2001, o su corrida en el 2004 para atrapar una bola frente a Medias Rojas con aterrizada en las gradas.

La recuperación lo limitó en el 2013 y en febrero llegaría la noticia: 2014 sería su última campaña: “El año pasado fue duro para mí. Sufrí lesiones y caí en cuenta que algunas cosas las cuales siempre eran sencillas y divertidas para mí comenzaron a ser complicadas. Siempre me dije que cuando comenzara a sentir el béisbol más como un trabajo sería el momento de pasar la página”.

Hace un año, Jeter fue testigo del retiro lleno de homenajes a Mariano Rivera, el mejor cerrador de la historia, ahora le correspondió a él vivir los reconocimientos y agradecimientos en una temporada de no clasificación nuevamente a los playoffs para Yankees, apenas la tercera vez que no avanzan durante su trayectoria.

Empieza, entonces, más temprano una etapa de un Jeter con intención de enfocarse más en algunos negocios, como la publicación de libros, en sus obras de beneficencia y en su vida personal, formar una familia es uno de sus deseos. Ya su carrera deportiva quedó atrás y qué difícil será que alguien iguale lo que ha hecho.

CARLOS AMADOR
Para EL TIEMPO

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