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El escollo sectario

El escollo sectario

El pacto del Frente Nacional fue una experiencia de paz conveniente pero incompleta.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de septiembre 2014 , 06:36 p. m.

Fue el pacto de paz de liberales y conservadores, posiblemente, el hecho más influyente de la reciente historia nacional, porque si bien suspendió la guerra bipartidista de una barbarie que aún cobra, entregó el Estado y los gobiernos al unanimismo de modo que neutralizara el progresismo liberal, dejó la política sin el componente esencial de la oposición y, sobre todo, no supuso verdad, reparación ni menos sanción para sus responsables. El país no padece ignorancia en cuestión de amnistías y olvidos que, con razón, trata de enmendar con el actual proceso. El Frente Nacional le puso fin a la guerra mas no a la violencia, porque no se acompañó del examen de la patología nacional, indispensable para que experiencia tan traumática no persistiera incluso bajo otro aspecto.

Fue una paz superficial entre las jerarquías que enfrentaron al pueblo en nombre de un sectarismo, si bien comprensible, estimulado irresponsablemente, no obstante la experiencia de las guerras civiles. Hubiera sido diferente si se hubiese manejado la rivalidad recurriendo a la oposición racional que supone la política. Tampoco la hubo después con el Frente Nacional, a pesar de disidencias como Anapo o el MRL, frustrado por el plato de lentejas, y posteriormente el galanismo, por el arreglo con el oficialismo y el crimen. Ha habido la paz de izquierda, pero encerrada en el militarismo o en catecismos también sectarios importados de la URSS, China o Cuba, ajenos a realidades locales.

La pregunta es si hoy, ante algo tan delicado como otro pacto de paz, se dispone de una oposición política o una que se confunde con odio, desquite, caudillismo o interés, que de ser así priva una coyuntura tan decisiva de la necesaria argumentación sensata. Podría suceder que se diera otra versión de paz como la del Frente Nacional, al acomodo de solo los protagonistas, sin el contrapeso de razones que deben proporcionar partidos, gremios, academia, opinión, y le faltaran al posconflicto, sobre todo, ingredientes para afrontar políticamente las causas de la tragedia.

Como racional, la política es la instancia a que esta civilización otorgó, no se sabe si equivocadamente, la capacidad de ordenar la convivencia controlando pasiones e intereses, y parte de que, como nadie la tiene del todo, debe cotejarla con la de los demás y así decidir la conveniencia, que supone además proteger el desacuerdo. Eso explica la desaprobación del debate en el Congreso, escenario supuesto para que la contraposición concilie el manejo del bien común, en vez del pugilato sectario, que denuncia el atraso y sus costos, y sobre el cual esta sociedad tiene recuerdo aterrador. ​

Jorge Restrepo

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