El regreso de Nicolás Sarkozy, 'sacudón' para la política francesa

El regreso de Nicolás Sarkozy, 'sacudón' para la política francesa

Muchos creen que vuelve a la vida pública por una revancha y no como parte de un proyecto político.

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24 de septiembre 2014 , 09:17 p.m.

Pase lo que pase en Francia en lo que resta de tiempo de aquí a las próximas elecciones, en el 2017, el expresidente de derecha Nicolás Sarkozy va a desempeñar un papel de primera línea en lo que ya se anuncia como una maratónica campaña presidencial.

Ya sea como rival del presidente socialista, François Hollande, si este logra salir del profundo abismo de impopularidad en el que se encuentra, lo cual es muy improbable, o de la jefa de la extrema derecha, Marine Le Pen, cuyo paso a la segunda vuelta es, en cambio, muy probable, según los recientes sondeos, que le adjudicaron una ventaja considerable sobre Hollande en las próximas presidenciales. (Lea tamién: Suspenden investigación a Sarkozy por caso de corrupción) 

El regreso a la política del expresidente, casi dos años y medio después de su derrota con Hollande, tiene como único fin volver a la presidencia. “El Elíseo en el 2017 o nada” es la idea que tiene en mente, si bien esto no fue lo primero que anunció.

Hace una semana, Sarkozy se lanzó a la conquista de la dirección de su partido, el UMP (Unión por un Movimiento Popular), mediante un breve texto publicado en su página en Facebook. Es el primer paso en la larga maratón para recobrar el poder.

¿Revancha?

Según una encuesta, la mayoría de los franceses estima que el sentimiento que alienta esta ambición es el de “tomar la revancha”. Él afirma, en cambio, que está motivado por el “espectáculo humillante” en que se encuentra Francia. “No me quedaba otro remedio que regresar”, explicó el pasado domingo en una entrevista en una cadena de televisión pública.

La entrevista la vieron más de ocho millones de televidentes, un récord de audiencia hoy para un político, sobre todo de la derecha. Sus principales rivales en el seno de su partido, los ex primeros ministros François Fillon y Alain Juppé, son incapaces de despertar tanto interés. Sarkozy tiene un innegable carisma televisivo.

Un editorialista explicó la fascinación que ejerce el expresidente en estos términos: “Es fascinante ver bufar a un gran animal político y retomar su puesto en medio de la arena”. Impetuoso y determinado, Sarkozy dio un gran espectáculo de seducción política, durante el cual se mostró implacable con el actual presidente.

Hollande, ‘mentiroso’

La principal acusación contra Hollande fue la “letanía de mentiras” que pronunció durante la campaña cuando repitió “Yo, presidente de la República, (...)” más de una decena de veces. En esa famosísima anáfora, el candidato socialista prometió que tendría un comportamiento “ejemplar”.

Pero la realidad del poder ha hecho trizas esa promesa. La imagen de hombre recto ha sido reemplazada por la de político “manipulador” y “mentiroso”, en particular, después de la publicación de un libro de confidencias de la ex primera dama Valérie Trierweiler, que se ha convertido en best seller.

Su exministro de Economía Arnaud Montebourg también escribió en un libro que Hollande “dice mentiras todo el tiempo” y por eso está cayendo en las encuestas. A esto se agrega que la crisis económica se agrava, el desempleo sigue aumentando y los resultados no llegan.

Francia anunció, a principios de septiembre, que aplazaba hasta el 2017, en vez de hasta el 2015, el objetivo de reducir el déficit público al límite europeo. También redujo a la baja la previsión de crecimiento para este año a 0,4 por ciento, invocando una situación excepcional de la economía en toda la zona euro.

En estos momentos, Hollande cuenta escasamente con un 13 por ciento de opiniones favorables. Un 62 por ciento de los franceses quieren que no cumpla su mandato, pero él mismo ha tenido que aclarar que sí llegará hasta el final de la legislatura. Hace poco pronunció una nueva anáfora, en la que repitió varias veces la frase “no es fácil (...)”.

‘Sigue siendo el mismo’

De ahí que, para muchos, Sarkozy tenga el camino libre –o, en todo caso, muy despejado– para llegar al Elíseo, a pesar de su imagen de político derrochador de energía, hablador imparable y pendenciero.

El expresidente reconoció durante la entrevista haber cometido algunos “errores”. En particular, lamentó haber utilizado algunas expresiones, pero sin precisar cuáles. Seguidamente aclaró que “los años aportan quizá menos energía, pero un poco más de sabiduría y capacidad para tomar distancia”, en un claro intento por mostrar que ha cambiado.

En este punto, sin embargo, la percepción de la gente fue muy distinta. Al día siguiente hubo consenso entre una mayoría de políticos y editorialistas sobre el hecho de que Sarkozy seguía siendo el mismo.

El personaje calmado y zen del principio de la entrevista poco a poco fue dando paso al dirigente agitado, impetuoso y provocador de siempre. Más complicado para él, desde un punto de vista político, fue un sondeo que indicó que a un 55 por ciento de los franceses no les pareció “convincente”.

El expresidente no detalló sus propuestas y se limitó a defender la idea de recurrir a los referendos para zanjar algunos temas, así como a la creación de un movimiento de unión capaz de sobrepasar los partidos tradicionales. Sobre la ley que autorizó el matrimonio homosexual, por ejemplo, no precisó su posición, aunque sí criticó la manera como el gobierno “utilizó a los homosexuales contra las familias”.

Por fortuna para Sarkozy, los simpatizantes del derechista UMP sí parecen muy contentos con su regreso. En todo caso, un 75 por ciento de los militantes estiman que es la persona más indicada para dirigir el partido. De ahí que algunos estimen que conseguir la presidencia del UMP no será una tarea muy difícil para él.

Tanto Fillon como Juppé no cuentan con las maquinarias para imponerse si se celebran, como parece, unas elecciones primarias. Fillon, que fue jefe de gobierno de Sarkozy durante cinco años, no aprovechó la ausencia del expresidente para apoderarse del partido.

Juppé, que también fue ministro de Relaciones Exteriores, tiene una orientación más centrista y tiene reputación de político elitista poco aficionado a mezclarse con el pueblo y cultivar el terreno. Su edad avanzada, 76 años en el 2017, es presentada por algunos como un obstáculo para sus ambiciones presidenciales.

El punto clave, sin embargo, es que dos políticos carecen de la ‘potencia mediática’ de Sarkozy. Sin embargo, no todo está perdido para ellos, porque el balance de su presidencia (2007-2012) es juzgada por numerosos ciudadanos. De hecho, dos de cada tres franceses no quieren su regreso.

Sarkozy tiene pendientes, además, varios líos con la justicia. En total, ha sido citado en media docena de causas. Aun así, Sarkozy ha logrado conseguir la adhesión de varios pesos pesados de la derecha en los últimos días y se ha convertido poco a poco en la figura central en torno a la cual ha comenzado a girar la derecha.

Esta situación, aunque parezca paradójico, es un alivio para algunos socialistas, que consideran a Sarkozy como el “mejor enemigo” del PS. Ya es un lugar común decir que lo que une realmente las distintas vertientes que conforman hoy la izquierda en Francia es su odio a Sarkozy.

Los socialistas le reprochan haber querido encarnar la ruptura, pero no haberla llevado a cabo. Las reformas que lanzó, finalmente no se hicieron porque tuvo miedo a las manifestaciones de protestas callejeras, subrayan también sus rivales.
De ahí que el regreso del expresidente quizá pueda unir a la izquierda y a un Partido Socialista que están hoy divididos entre un ala izquierdista y otra social-liberal. El primer ministro, Manuel Valls, dijo hace unos días que quería debatir con él, en tanto representante de la derecha, para confrontar “proyecto contra proyecto”.

ÁSBEL LÓPEZ
Para EL TIEMPO

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