'El Space era un monumento de muerte y orgullo'

'El Space era un monumento de muerte y orgullo'

Algunos afectados se reunieron hoy para ver de cerca la implosión del edificio donde vivieron.

23 de septiembre 2014 , 06:59 p.m.

“¡Nos querían matar! –ese fue el grito que pegó Alejandro Rivas al escuchar la explosión que mandó al piso el edificio Space–. “¡Ahí le devolvemos su casa a los Villegas!”, dijo con rabia y rompió en llanto.

Abrazó a su esposa durante varios segundos. En el incondicional hombro dejó las lágrimas incrustadas.

Luego, en medio del incandescente sol que ayer brillaba cuando el edificio Space caía en polvo y escombros, criticó un modelo constructivo que dejó desde el 12 de octubre del 2013 a 12 muertos y 130 familias sin vivienda.

Antes de que el edificio cayera recordó jocosamente que semanas después de ocurrida la tragedia le dieron unos minutos para sacar las cosas de su apartamento.

“Cogí una sabana, la extendí en el piso y metí lo que le cupo”, recordó sonriendo.

Asimismo, cuando le impidieron volver a entrar a la unidad residencial, fue hasta una notaría para pedir una copia de las escrituras de su vivienda: “Se las traje al portero –que no lo dejaba ingresar– y le dije que esas escrituras demostraban que ese apartamento seguía siendo mío mientras estuviera en pie. Le tocó dejarme entrar”.

Pero de las risas pasó al llanto. La explosión removió de nuevo la frustración, la rabia y, de las bromas, no quedaron más que los recuerdos, al igual que del edificio Space, donde quiso vivir para toda la vida.

“Es ver caer el patrimonio de uno. Pero más que eso es ver caer un monumento al orgullo, un monumento a la muerte”, agregó. Él no puede olvidar que ahí murieron personas que no tenían por qué estar allí.

“Fueron 12 víctimas que hay que recordar para enfrentar el orgullo de los dueños de una constructora que hasta lo último dijeron que eso se podía arreglar”, dijo recordando las declaraciones del exgobernador de Antioquia y fundador del grupo CDO, Álvaro Villegas, que dio ayer mismo para el diario El Colombiano.

Estas fueron: “Para mí la demolición de Space es un error”.

“Yo no soy ingeniero, ni mucho menos. Hablo desde el punto de vista de un ser humano: eso no es ni moral ni éticamente recuperable. No estoy de acuerdo con la manera cómo ellos le han respondido a la sociedad, no solo a las víctimas (....) Me parece totalmente falaz lo que dice el señor Villegas”, agregó.

Como otros 35 propietarios él aún no se pone de acuerdo con la constructora ya que, según dijo, lo que le han propuesto hasta el momento no corresponde con lo que vale su apartamento: “Solo pedimos que nos paguen lo que es, nada más”.

Con celulares en mano, los curiosos llegaron hasta cualquier punto en donde pudiera verse la implosión del edificio Space.

Aunque las gafas negras que ocultaban los ojos de Jhon Jairo Aristizábal pudieron esconder la tristeza que le daba ver caer el Space, no pudo contener llevar la mano a su rostro para limpiar las lágrimas que caían bajo los lentes.

Después del estremecedor ruido de la implosión, Jhon Jairo quedó estupefacto, quieto, en silencio, viendo cómo la nube de polvo dejaba un vacío, no solo en el espacio físico, sino también en los momentos que vivió en el edificio.

“Hoy es tratar de cerrar este capítulo Space. Pienso que ver derribar estas torres, que acaben con tantas cosas que tuvimos es lo mejor que podemos hacer para tener nuestro duelo. Necesitábamos descansar”, dijo.

Pero fueron sentimientos encontrados porque en ese edificio Jhon Jairo había construido, en una imagen mental, el futuro de su familia, su hogar. Pero ese hogar lo vio destruirse en tres ocasiones, pues su apartamento estaba en la torre 5.

La primera vez fue el 12 de octubre, cuando colapsó la torre vecina.

“Las paredes de mi habitación quedaron en pedazos, salimos de milagro”. La segunda fue el pasado 27 de febrero, cuando implosionaron la etapa 5, de donde lo único que pudo sacar fueron los adornos de Navidad.
Y la tercera la de ayer, donde vio que el Space había desaparecido. “Es algo que lo estremece a uno”, dijo.

Como lo hizo Alejandro, aprovechó para criticar la actitud del grupo CDO, en cabeza de Villegas.
“Esas son las palabras de la sinvergüencería, de la alcahuetería. Eso es normal, son las palabras de un político, y no tenemos nada más qué decir”, aseveró.

A las 7 de la mañana de ayer, respondiendo decenas de llamadas a su celular, Carlos Ruiz fue uno de los primeros en llegar a una pequeña loma desde donde apenas se veía la fase 1 del edificio.

Aguantó frío un rato, luego vio cómo el sol se levantó sobre la estructura y, por último, iluminó el polvo que, al esparcirse, reveló una verdad que esperaba desde hacía 11 meses atrás: el Space había desaparecido.

“En un segundo acabo de recordar dos años en los que viví ahí. En un segundo recordé a la gente que murió ahí. Que injusticia”, dijo.

Carlos, como otros, lo único que pide es que le paguen el apartamento como cree que es justo y necesario.

“Yo ni siquiera estoy exigiendo que me pidan perdón, porque ya es un año de esto mismo, un año después de que corrimos, esa noche, huyendo de la muerte. Si ellos sabían del peligro que corrían nuestras vidas, en ese edificio mal hecho, yo no debí estar viviendo ahí”, agregó.

Aunque no se quería, también fue un ‘show’

Celulares en mano, tabletas, cámaras fotográficas y de video. En esos aparatos electrónicos fueron registrados los últimos minutos de ‘vida’ del edificio que mató a 12 personas.

Pero hubo alguien que, sentado sobre la loma donde los afectados y curiosos esperaban atentos la caída del Space, se lamentaba de todo, incluso de no volver a pisar los pasillos de la criticada unidad residencial, por eso no quiso sacar su aparato móvil para conservar el momento. Su nombre es Jhon Freddy Valdes y hace dos años fue el jardinero de ese conjunto.

“Pero por qué lo van a tumbar. Me da mucha lastima que eso suceda. Cuántas veces yo no rocé el pasto de los alrededores, arreglé las plantas. Yo sé que ahí murió mucha gente, pero debieron intentar arreglarlo”, lamentó.

Pero otros, con un sentimiento ajeno al de Jhon consideraban lo contrario:

“Casi que no. Acaso estaban esperando a que eso matará más gente”, le decía una mujer a su acompañante que atento esperaba a que cayera la edificación.

Videos como esos no se hicieron esperar para verse en redes sociales y en medios de comunicación.

“Es una cosa que no se ve todos los días”, dijo uno de los curiosos.

YEISON GUALDRÓN
Redactor
MEDELLÍN

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