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Es tu huella de carbono

Es tu huella de carbono

La crítica de los ciudadanos estadounidenses, debería ser una autocrítica.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de septiembre 2014 , 06:15 p. m.

Jeff condujo desde las afueras de Nueva York hasta un parqueadero cerca de Central Park. Antes de bajarse, envió varios tuits desde su nuevo iPhone 6 y dejó el aire acondicionado encendido para que su carro no fuera un horno al volver. Sacó del baúl una pancarta impresa a todo color y cien girasoles impresos en láminas de aluminio.

Estaba orgulloso de contribuir al cuidado del planeta Tierra. Su esposa lo esperaba en casa, con el aire acondicionado ubicado en los 72°F y mientras desocupaba la nevera de comida fresca -pero comprada hace 3 días- y la reemplazó por una inmensa cantidad de comida recién comprada. Todo orgánico, a pesar de que eso significara pagar el doble o el triple. Era -es- una pareja comprometida con el medioambiente.

Jeff sale a la calle y reparte los girasoles. Marcha decenas de cuadras ese soleado 21 de septiembre de 2014. Los países citados en la Cumbre del Cambio Climático que tiene lugar el martes de esta semana por fín tendrían que escuchar el clamor del pueblo.

Su noble intención es, sin embargo, inútil. Él --al igual que los 311.000 marchantes que lo acompañaron, al igual que los más de 10 millones de individuos que han comprado el último iPhone 6, al igual que los 253 millones de dueños de carros en EE. UU.-- era el culpable directo del calentamiento global.

Según el Inventory of U.S. Greenhouse Gas Emissions and Sinks, EPA., las mayores fuentes de dióxido de carbono son los carros particulares y medios de transporte colectivos como autobuses, aviones y trenes. ¿Entonces por qué protestamos contra el gobierno y la industria en lugar de protestar contra nosotros mismos?

El uso de combustibles fósiles en transporte, servicios públicos y producción industrial son las tres mayores amenazas contra la capa de ozono y contra la estabilidad ambiental del planeta. Y esos combustibles se consumen, como vemos, en la gasolina, el aire acondicionado, neveras gigantes, etcétera, que usó Jeff en su recorrido hasta la marcha contra el calentamiento global en Nueva York.

Y Estados Unidos, particularmente, es uno de los mayores productores de gases contaminantes y de los que menos está comprometido en reducirlos. La economía estadounidense se mueve con la energía que consumen en las camionetas gigantescas que compran, en el aire que enfría --o calienta-- casas inmensas y, otro punto clave, en la materia prima y mano de obra que usan en niveles esclavistas para suplir la demanda de iPhones, de ropa, de comida de este gran depredador, el tío Sam.

El efecto invernadero se combate cambiando el carro por la bicicleta, apagando el aire acondicionado, reduciendo el consumo de aparatos electrónicos, comprando lo necesario y no lo que dicta el capricho consumista.

Pero la industria vive del descontrol del gringo promedio, estableció una cultura donde la “prosperidad” es un valor social sagrado y donde el consumo desaforado es sinónimo de bienestar. Por eso las políticas oficiales para frenar el consumo son tan comunes como las zonas de caza de unicornios.

La crítica de los ciudadanos estadounidenses contra los que se reúnen en la ONU debería ser una autocrítica por ser ellos los grandes depredadores, no solo de otros países sino de su propia tierra.

@caidadelatorre

María Antonia García de la Torre

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