El embudo en la formación de los médicos especialistas

El embudo en la formación de los médicos especialistas

Tiempo de espera para una cita ha aumentado. Muchos problemas podrían resolverlos médicos generales.

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22 de septiembre 2014 , 06:56 p.m.

Jaime, Olga, Antonio y Fidel fueron remitidos por los médicos generales de sus EPS a consultas con especialistas. Ellos, a diferencia de otros miles de afiliados, consiguieron las citas para 30 días después. Corrieron con suerte.

¿Demasiados enfermos o pocos especialistas? ¿El sistema de salud dejó en manos de estos profesionales las soluciones que pueden dar los médicos generales?

¿Ese tiempo de espera tan largo significa que hay muchos enfermos que ameritan la atención de un especialista, o que estos son pocos y por esto la cola tan larga?

¿O que el modelo de atención en salud de Colombia dejó la mayoría de soluciones, de manera ineficiente, en manos de especialistas, lo que ha aumentado el riesgo de agravamiento de los pacientes y, de paso, llevó al colapso a las áreas de urgencias porque los enfermos las ven como la puerta de entrada al sistema?

En las salas de urgencias es frecuente que se prolongue la espera de los pacientes por falta de especialistas.

En otras palabras, como lo han venido sosteniendo el Ministerio de Salud y algunas organizaciones y entidades del sector, ¿en Colombia hay un déficit de especialistas? O, como afirman otros conocedores del problema, en voz baja y con mucha crudeza, ¿remitir al especialista es una estrategia de las EPS para aplazar la atención y los pagos, llevar a que sus afiliados desistan del servicio o a que, inclusive, sucumban en el intento?

En Colombia, según el Ministerio de Educación, existen 685 programas de posgrado en el área de la salud (13 doctorados, 80 maestrías y 592 especializaciones). En los últimos 12 años se han graduado 39.164 médicos y 14.387 especialistas.

Un estudio del Cendex, de la Universidad Javeriana, proyectó que en el 2010 habría 226.602 profesionales de la salud (médicos, odontólogos, optómetras, etc.).

El presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, Jaime Calderón, manifestó que esta organización aglutina a 62 sociedades con aproximadamente 32.000 especialistas, aunque puede haber subregistro.

Según el director de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), Ricardo Rozo, en Colombia hay alrededor de 150 denominaciones de especialidades médicas (incluidas subespecialidades), mientras que en Europa no se reconocen más de 50 y en Estados Unidos no alcanzan a 40.

Fernando Ruiz, quien dirigió el Cendex y hoy es el viceministro de Salud, considera necesario reducirlas a no más de 50.
Para Jaime Arias, presidente de Acemi (gremio de las EPS del régimen contributivo), el recurso médico ha crecido sin planeación. “Aquí, alguien comenzó a especializarse en la mano; luego pasó al dedo pulgar, después a la uña de ese dedo y así, y nadie le dijo nada”, y resultaron las 150 especialidades de las que se habla.

El presidente del Colegio Médico Colombiano (CMC), Roberto Baquero, aseguró que “no se sabe si hay déficit de especialistas, porque no tenemos datos. No hay cifras fidedignas sobre los médicos generales”.

Baquero explicó que la falta de especialistas, si es que existe, se basa en las quejas de las EPS e IPS porque no consiguen profesionales para atender a sus pacientes. Pero ¿cuál es el salario, la forma de contratación, el horario de atención?

Entre expertos del sector hay coincidencia en que, como dijo Jaime Calderón, sí hay escasez en algunas especialidades, principalmente en las básicas (medicina interna, pediatría, anestesiología, ginecoobstetricia y cirugía general). El recurso humano especializado está concentrado en pocas ciudades.

“Existe una gran concentración (de especialistas) en ciudades donde hay una mayor oferta de programas de especialización; Bogotá, Medellín y Cali acumulan el 80 por ciento de la oferta”, informó el Ministerio de Educación.

A estas alturas es pertinente poner dos datos sobre la mesa: en Colombia hay 56 universidades con facultad de medicina, que, según el Viceministro, gradúan a cerca de 4.500 médicos cada año.

¿Por qué, entonces, no hay más especialistas de los que se dice que hay, cuyo aumento algunos consideran que es la solución del mencionado déficit, y cuáles son los problemas que se les atribuyen a las nuevas generaciones de médicos generales?

Una primera respuesta es que el modelo de atención en salud ha creado la falsa necesidad de tener un elevado número de especialistas y subespecialistas mediante la castración legal, y hasta formativa, de la capacidad de resolución de los médicos generales, que se limitan a remitir pacientes a los especialistas.

“La capacidad resolutiva de los primeros niveles de atención es muy limitada; el peso de la atención se da en los hospitales de mediana y alta complejidad y no en los servicios primarios”, se quejó Fernando Ruiz.

Baquero agregó que “ahora nos inventamos los supraespecialistas: que la diabetes en un niño solo la puede atender el endocrinólogo pediatra, cuando el pediatra la debe poder manejar”.

Es necesario que el país sepa, dijo, que el médico general puede resolver el 60 o el 70 por ciento de los problemas de salud.

Para Rozo, la menor capacidad resolutiva de los médicos generales no está necesariamente relacionada con la formación, sino que es resultado, en gran medida, de restricciones que el sistema les impone.

“Las normas regulan lo que se puede hacer en cada nivel de atención, y el papel del médico general es totalmente pobre y su formación es subutilizada. Lo mismo ocurre con los especialistas generalistas, lo que a la larga conduce a un sistema basado en la alta complejidad y el alto costo”, sostuvo el director de Ascofame.

Consideraciones similares hizo Jaime Calderón, quien agregó que el especialista básico no goza de una remuneración que justifique la inversión educativa y se inclina por la subespecialidad buscando mejores oportunidades laborales.

“Y ese es un problema porque, por ejemplo, un internista general no quiere quedarse ahí, sino ser gastroenterólogo y después hepatólogo y termina ejerciendo como tal, pero se pierde para medicina interna, así se gane para la hepatología, lo que acentúa, de una manera relativa, la escasez de las especialidades básicas”, añadió.

Además, dijo, hay un incentivo perverso: al especialista general no se lo está formando con la profundidad suficiente en todos los aspectos de su área, para incentivarlo a que profundice en ese tema específico, “porque también es un negocio para las universidades, a las que hay pagarles la matrícula”.

Colombia, acusa Baquero, es el único país donde se les cobra a los residentes (médicos en formación de una especialidad) no obstante que están trabajando. “No existe en el mundo otra aberración más grande. Es un negocio para universidades y hospitales”, dijo.

Aun así, la demanda de estudios de una especialización es grande, pero no todos logran un cupo en la universidad, cuyo número, según Fernando Ruiz, es decidido por el centro educativo y el Ministerio de Educación. La cartera de Salud interviene en la definición de los cupos que se abren en los hospitales universitarios.

El número de cupos, se afirma entre susurros, es una manera de controlar la oferta de especialistas para que no caigan los ingresos de estos por una mayor competencia, pues los docentes-especialistas y las sociedades científicas ejercen una gran influencia en la decisión de cuántos médicos entran a hacer la residencia.

“Todo el mundo dice eso, pero no hay una evidencia; a uno se lo dicen en privado, pero nadie lo sostiene”, manifestó el Viceministro.

Ascofame reclamó que el aumento de los cupos no debe exceder las necesidades del país, con el fin de no generar desequilibrios de oferta y demanda que conduzcan al subempleo, al desempleo y a la mala remuneración.

El director de la asociación aceptó que en algunas especialidades pueden existir posiciones dominantes que influyen en la creación de cupos para regular la oferta. “Hay algo de cierto en el tema y vale la pena presentarlo de cara al país”, admitió Rozo.

El presidente del Colegio Médico afirmó que son las universidades, y no los médicos o docentes que trabajan ahí, las que deciden cuántos cupos abren, pero aceptó que en algunas ciudades con facultades de medicina, donde se presenta algo de posición dominante de algunas especialidades, sí ocurren ese tipo de situaciones.

Calderón cree que ha habido casos en que eso es cierto y que, si bien puede haber algo de control de algunas especialidades para regular el mercado, esto no es lo que está impactando la generación de especialistas, sino más bien la escasez de campos de práctica y de formación en número suficiente para que salgan adecuadamente capacitados.

En el sector es común oír que existen carteles en algunas especialidades para fijar tarifas (la Superintendencia de Industria y Comercio ha investigado denuncias al respecto), pero, como en el caso de los cupos, nadie sostiene esa afirmación.

La lotería de las citas con especialistas

En muchos casos y en determinadas áreas, las citas con los especialistas de los afiliados a las EPS carecen de la oportunidad requerida, y el tiempo de espera se amplía, tal como lo señaló el viceministro Fernando Ruiz.

El funcionario manifestó que en el 2003 el promedio para tener una cita era de ocho días; en el 2008 subió a 17 y en el 2010, a 19.

Lo grave, según Ruiz, es que “si se pudieran tener soluciones hoy, el déficit de especialistas se termina solucionando casi que a los 10 años; mientras tanto, la población queda con limitaciones para tener acceso a los servicios”.

JORGE CORREA C.
Redacción de Economía y Negocios

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