Muertos de primera, muertos de segunda

Muertos de primera, muertos de segunda

Ninguna paz será sostenible si a las Farc-crim solo las puede enfrentar la Policía.

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21 de septiembre 2014 , 09:58 p.m.

Como descubriendo el agua tibia, con estilo pomposo que anuncia un hallazgo extraordinario, el Gobierno se dignó informar que se había tejido una alianza siniestra Farc-urabeños y que esa combinación de muerte era responsable de la masacre de los policías.

Vergüenza debería darle al Gobierno no recordar que la valerosa Jineth Bedoya, en este mismo diario, denunció en enero del 2012 los nombres y árbol genealógico de los líderes de este híbrido sangriento, que involucra no solo a las Farc, sino también al Epl, a paramilitares y narcos.

¿Qué hacían policías enfrentando a la guerrilla en zonas que deberían ser protegidas por las Fuerzas Militares? ¿Por qué estaban los policías realizando operativos en zonas de Farc-crim y bacrim? ¿Por qué, en vez de estar los policías luchando contra la delincuencia común en las ciudades y cascos urbanos, estaban en zona subversiva y de bandas que tienen control territorial, armas largas y capacidad letal?

Ahora parece que desde despachos oficiales buscarán minimizar la muerte de centenares de humildes policías. Que no se diga nada, o muy poco. Y ni hablar de funerales de Estado, como hacen en países respetuosos de sus uniformados, cuando asesinan a uno solo de ellos. Aquí los siguen despachando, muertos ya, en ataúdes y bolsas negras a sus ciudades para que cada familia los llore y entierre como pueda.

Claro, no hay magnicidio, no son muertos ‘VIP’, de aquellos que, según ligera declaración presidencial, podrían afectar los diálogos. De lo contrario, nada pasa. Que sigan matando policías y soldaditos a plomo limpio, con tiros de gracia, en ‘operación pistola’, en atentados terroristas, asesinando también a sus hijos menores, porque “esos son los costos de negociar en medio del conflicto”.

Mientras tanto, en Minhacienda siguen en su tónica, pródigos y generosos con los políticos, duros e inflexibles con quienes visten los uniformes de Colombia para proteger y defender la vida de todos nosotros, arriesgando, valientes, las suyas propias. Aunque hay tímidos avances en materia de bienestar, a los policías siguen aplazándoles mejoras salariales y bonificaciones, retrasando ascensos y atentando contra sus derechos pensionales.

La prima de permanencia, reconocida por decreto en campaña electoral y desafiando la ley de garantías, aunque tristemente recortada frente al proyecto original, fue el resultado de haberle tenido al Gobierno, para votación final y con mayorías a la vista, una ley de mi autoría que engavetaron por mezquindad política con disfraz de concepto fiscal. Les tocó sacar un decreto y fingir que era iniciativa de ellos.

Sin negar logros importantes de la Policía, muchas veces advertimos los peligros de convertir a nuestros policías en carne de cañón de las bacrim. Hoy querrán olvidar que, desde Cuba, con escala en Casa de Nariño, desautorizaron al Mindefensa cuando, con su apoyo y el del Defensor del Pueblo, nos proponíamos aprobar otra ley que libera a la Policía y habilita a las Fuerzas Militares para enfrentar bacrim y Farc-crim, con respeto por el DIH y sin darles carácter de “parte del conflicto” a delincuentes comunes.

Ese día fue evidente que, por encima del ministro Pinzón, en ciertos temas militares pesa más el concepto de Sergio Jaramillo desde Cuba. Aunque logramos que el proyecto avanzara, aún faltan dos debates. Si no se aprueba, las Farc-crim de hoy y las de mañana que controlen para fines criminales los misiles tierra-aire y las armas largas de las Farc, solo podrán ser enfrentadas en primera instancia por la Policía, como si fueran simples ladrones de barrio.

… Y nosotros, clamando por la recuperación de la seguridad ciudadana, seguiremos llorando a nuestros policías muertos y acompañando el dolor de sus familias, así en ocasiones no merezcan ni siquiera un trino proforma del Presidente de la República.

Juan Lozano

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