Escenarios tras el referendo independentista en Escocia

Escenarios tras el referendo independentista en Escocia

Conozca cómo quedará este país que eligió seguir haciendo parte del Reino Unido.

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20 de septiembre 2014 , 04:49 p.m.

La presión por el crecimiento del partido eurofóbico y xenófobo Ukip hizo que el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, prometiera en el 2013 que los ciudadanos británicos serían llamados a las urnas para votar en un referéndum si querían que su país siguiera siendo miembro de la Unión Europea (UE). (Visite el especial: Escocia definió su futuro en las urnas).

La idea de Cameron es un camino de obstáculos que podría hacerlo descarrilar en cualquier momento y que se complica con el referéndum escocés. Cameron explica desde hace tiempo que quiere que el Reino Unido siga siendo miembro de la UE, pero pide a Bruselas y a las cancillerías europeas “reformar” la Unión, sin especificar qué reformas quiere, más allá de ciertas ideas populistas, como denunciar un supuesto “turismo del welfare” (Estado de bienestar social o individual), que los datos de la Comisión Europea no encuentran por ninguna parte. (Lea también: Los escoceses votaron en el referendo por abrir una 'tercera vía').

Con las reformas, a las que las capitales europeas podrían verse forzadas para ayudar a Cameron en su referéndum, aquel lo realizaría. Sus problemas, entre otros, es que el Ukip, que lidera el carismático Nigel Farage –aliado con varios partidos de ultraderecha en el Parlamento Europeo–, es una amenaza a la primacía de los tories entre el conservadurismo británico, y que el referéndum escocés, paradójicamente, pueda haber resultado contraproducente para Cameron en su intento de mantener al reino Unido en la UE.

Si los británicos van a las urnas en el 2017 para decidir su futuro europeo, la campaña electoral puede ser uno de los hitos del populismo, con un Farage que agite los espectros del nacionalismo inglés contra la ‘pérfida’ Bruselas. Esa que, según el Ukip, viola las tradiciones británicas en un intento de formar un super-Estado federal, controlado por una burocracia en Bruselas no elegida. Esa UE que permite que sus ciudadanos puedan viajar y establecerse con libertad entre sus 28 países.

Panorama

Las lecciones de la campaña de este referéndum escocés pueden ser tétricas para Cameron. Vender Europa nunca fue fácil y menos entre los británicos. La campaña a favor de la salida podría utilizar las mismas tácticas de los nacionalistas escoceses: apelar a la identidad nacional, a tomar el futuro en las manos del pueblo, a alejar el poder de Bruselas (léase Londres para el nacionalismo escocés) para llevarlo a casa.

Farage podría usar en ese referéndum la misma táctica que el primer ministro escocés, Alex Salmond. Le bastaría con el discurso de que quiere sacar al Reino Unido de la UE para que los británicos manejen sus asuntos sin interferencias extranjeras. Interferencias que, en algunos casos, son reales, porque para eso, entre otras cosas, se construyó la UE.

El problema es que, enfrente, no se podrá hacer una campaña que apele también a los sentimientos. Gordon Brown, ex primer ministro británico, laborista y escocés, dio el miércoles un discurso en que recordó cómo soldados escoceses e ingleses lucharon y murieron juntos en los campos de batalla de las dos guerras mundiales.

Contra los sentimientos nacionalistas británicos, ¿los europeístas qué pueden vender cuando apenas ellos son un puñado? ¿Cómo hacer que los votantes sientan por la UE lo que alguno pudo haber sentido por el Reino Unido ante las palabras de Brown?

La UE es una construcción racional, práctica y útil, pero que apenas genera sueños fuera de la burbuja federalista de Bruselas. Se construyó para garantizar la paz en Europa, pero pocos ciudadanos ven ya esa paz amenazada. Hace que países menguantes en un contexto geopolítico global de nuevas y viejas grandes potencias se sientan representados y escuchados. Quinientos millones de habitantes de la UE tendrán algo que decir en el mundo. Difícilmente tendrán la misma voz 60 millones de británicos.

Para que los escoceses votaran por seguir en el Reino Unido les vendieron dos argumentos. Por un lado, el racional y económico. Por el otro, el emocional, el de la identidad y el corazón. El primero podría servir para que los británicos eligieran seguir en la UE. Pero ¿cómo emocionarlos con el segundo?

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Enviado especial de EL TIEMPO
Edimburgo (Escocia).

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