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El debate

El debate

De una justicia tan inoperante, de unos políticos tan desacreditados, poco puede esperarse.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de septiembre 2014 , 07:33 p. m.

Dos meses necesitó el senador Iván Cepeda para lograr hacer el debate sobre nexos del hoy senador Álvaro Uribe con narcos y paramilitares. La Comisión de Ética del Congreso trató de evitarlo. Al no poder hacerlo, exigía que en el debate no se pronunciara el nombre del acusado. En la transmisión de TV se pudo ver la batalla que libraron en la Comisión Segunda del Senado los partidarios de hacer el debate con quienes no querían que se hiciera. Al final, primaron los derechos del senador Cepeda, que estuvieron en vilo, y el debate se realizó.

El acusador sustentó algunas denuncias con videos que a menudo fallaron por cambios de corriente, pero tuvo hora y media para echar todo un rollo que el acusado no oyó. Porque, para evadir las acusaciones, el senador Uribe se había retirado del recinto para atender, eso dijo, una cita en la Corte Suprema.

Regresó al debate cuando Cepeda ya había terminado. Tomó la palabra y utilizó su hora y media correspondiente para elogiar a su familia, a sus amigos, a sus colaboradores. Para exaltar su propio trabajo: en Antioquia, en la Aeronáutica Civil, en el Congreso, en la Presidencia de la República. Sin responder acusación alguna, fue pródigo en señalar a diestra y siniestra. A Cepeda lo trató de mentiroso, de ser aliado de las Farc, de buscar en las cárceles testigos falsos. Y a Jimmy Chamorro, presidente de la Comisión Segunda y presidente del debate, le advirtió que le entregaría a la justicia, para que se investiguen, informes de inteligencia militar sobre los cheques que le dieron los carteles de la droga.

La acusación de Uribe a Chamorro me sorprendió. Pues, para mí, la confusa posición de Chamorro frente al debate me indujo a pensar que estaba más del lado de Uribe. Porque, durante la discusión en la Comisión, trató de poner controles. Y, para no participar, alegó impedimentos, que le negaron. Luego, me pareció extraño, e inútil, que interrumpiera las intervenciones con tanta frecuencia. Me dio la impresión de que no quería molestar a Uribe. De ahí mi sorpresa al oír los ataques de este. De remate, la bancada uribista, al abandonar en patota el Capitolio detrás de su jefe, insultó en coro a Chamorro. Le gritó “sinvergüenza”.

Dicen que los ataques de Cepeda a Uribe son lo mismo de siempre. Que no hay nada nuevo. Es posible que así sea, pues en Colombia poco se investiga y, cuando lo hacen, poco se descubre. Todavía no sabemos quiénes asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, a Rodrigo Lara, a Guillermo Cano, a Luis Carlos Galán, a Álvaro Gómez, por citar solo a personajes de la vida nacional. Luego no es raro que no se investiguen los nexos de notables políticos con ‘paras’, mafiosos y bandidos. Ahora, vale recordar que las acusaciones de Iván Cepeda a Uribe no son las primeras. En el año 2000, cuando el expresidente, conocido en Antioquia y desconocido en el resto del país, iniciaba en Bogotá su primera campaña presidencial, el escritor Fernando Garavito, quien murió años después en EE. UU., en un accidente, me dio un artículo suyo: ‘Ciertas yerbas del pantano’, que resumía actividades de Álvaro Uribe. El artículo de Garavito, publicado en El Espectador el 27 de agosto del 2000, cuenta que Uribe, como director de la Aeronáutica Civil, les dio licencias a pilotos de narcotraficantes. Y enumera otras actividades poco santas del entonces candidato. Releí el artículo en internet, donde encontré amplia información adicional sobre el tema, conocida por medio país y menospreciada, mas no desconocida, en los círculos judiciales.

De una justicia tan inoperante, de unos políticos tan desacreditados, poco puede esperarse. Mas no podemos tirar la toalla. El debate de Cepeda pone sobre el tapete una serie de actividades corruptas que tiene que ayudar a combatir todo el que dice “soy capaz”.

lucynds@gmail.com

Lucy Nieto de Samper

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