El sueño cumplido de un cucuteño que recorrió cinco países en moto

El sueño cumplido de un cucuteño que recorrió cinco países en moto

Con un presupuesto de 1'500.000 pesos viajó 13.000 kilómetros entre abril y agosto con una GN 125.

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19 de septiembre 2014 , 09:25 a.m.

Germain Dussán, un cucuteño de 45 años, sólo necesitó 15 días para planear el viaje de su vida. Con un ligero equipaje y la mejor actitud, inició el recorrido de 13.000 kilómetros de carretera a lo largo de cinco países de Suramérica montado en su pequeña moto, una GN 125, a la que rebautizó 'Bendición'.

Cuando se trata de moteros, como son conocidos los aficionados a las motocicletas que recorren el mundo, lo más común es observarlos en vehículos de alto cilindraje, pero este aventurero se arriesgó y logró llegar a su meta, rodar en territorio chileno, luego de partir de Venezuela, atravesar Colombia, Ecuador y Perú.

“Como motero alojo a las personas de diferentes países que también están de viaje en sus motos y hacen tránsito por Cúcuta. Nunca había pensado en salir del país, hasta un día que hospedé a unos chilenos que me invitaron a su país y me dije ¿por qué no?, fue ahí cuando empezó el plan”, dijo Dussán.

Dussan bautizó su moto como 'Bendición' por sus fuertes creencias en Dios, que, dice, fue su compañero de viaje. Foto: Archivo particular.

´San Germain por Suramérica en moto´, fue el nombre con el que identificó su expedición de cuatro meses y un día, que inició el pasado 12 de abril en el puente internacional Simón Bolívar en la frontera colombo venezolana, y terminó con su regreso a la ciudad de Cúcuta, en Norte de Santander, el 13 de agosto.

“Es una GN 125, una moto muy pequeña para hacer un viaje tan largo. Asistí a varios encuentros internacionales de moteros en donde la motocicleta más pequeña era una Harley 1500 y a la gente le llamaba la atención mi moto por su cilindraje y tamaño, al igual que por la placa colombiana. Me decían, ¿usted viene desde Colombia en esa motico?”, relató el viajero.

Su plan de viaje por Suramérica discurrió tanto por carreteras y su alojamiento fue en modestas pensiones, hostales y su tienda de campaña para no disparar el presupuesto de un 1´500.000 pesos dispuesto para la expedición. Además, también contó con la colaboración de la comunidad motera de los países a los que llegaba, que lo hospedaron en sus domicilios particulares o ´motoposadas´.

“Te reciben en casas impresionantemente bellas, como impresionantemente humildes. Uno es el primo que desde pequeño no veían”, manifestó.

Pese a tener muy claro que Chile era su destino, no poseía una ruta definida para llegar al país austral. Miembros de clubes de motociclistas como el ´Lobo solitario´, que lo recibió en Ecuador, guiaron su rumbo.

Cada mañana con el asomo de los primeros rayos del sol, alistaba su maleta para el comienzo de un nuevo trayecto, el cual acostumbraba a terminar a las cinco de la tarde del mismo día. Por razones de seguridad era preferible evitar que la noche cayera en medio de la carretera o sin tener un lugar definido donde dormir.

No siempre estuvo solo. En el viaje de ida cuatro compañeros de otros países se unieron en ciertos tramos. “Me encontraba con algún viajero y seguíamos hasta otra ciudad, luego otro se unía y así sucesivamente. De vuelta a Colombia estuve siempre solo”, recuerda.

Dussán considera que además de la buena condición técnico-mecánica del vehículo, es fundamental tener una actitud positiva. Durante su travesía sólo se pinchó dos veces, una de ellas fue llegando a Quito, en el Ecuador.

“Me pinché en medio de la neblina. No pensaba tanto en desvararme, sino en dónde iba a armar la carpa. No tenía parches, ni un neumático de remplazo, de repente pasó un compañero que me echó aire y así cada 500 metros hasta que llegué a un lugar donde me desvararon”, detalló.

Aunque su moto no era la más calificada, estaba en tan buen estado, que durante su travesía solo se pinchó dos veces. Foto: Archivo particular.

En su relato, el viajero hace llegar las incidencias propias de un reto en solitario, la relación tan especial que mantuvo con su GN 125 que condujo, y el ambiente que respiró al paso por cada uno de los lugares que le aguardaron durante los 13.000 kilómetros. Las bajas temperaturas como la del nevado del Huaraz, en Perú, o las tormentas de arena del desierto de Ica, en ese mismo país, hicieron parte de los desafíos del recorrido, además de la inevitable lluvia.

En Chile estuvo un mes. El club de motociclistas de las Ovejas Negras de ese país lo invitó a pasar unos días y disfrutar de la región. En su camino de vuelta a Colombia afrontó momentos difíciles tras quedarse sin dinero, luego de recorrer 580 kilómetros saliendo de territorio chileno hasta la región de Camaná, en Perú.

Con la venta calcomanías y parches con el nombre Ruta 125, que es su escudo de identificación como motero, en una estación de gasolina, sorteó el impase.

Su moto parqueada en un punto donde no pasara desapercibida, logró llamar la atención de los transeúntes, que admirados por el tamaño y procedencia del vehículo, colaboraron con plata sin necesidad de recibir el producto.

Cuenta que de la comercialización de estos elementos se deriva la “plata del motero” y hace parte de la cultura de esa comunidad para financiar las expediciones. La venta la repitió en diversos sitios. Logró vender alrededor de 150 parches. En Ecuador a un precio de cinco dólares, en Perú a diez Soles, que son aproximadamente 7.000 pesos.

Germain tuvo muy clara sus motivaciones, pues para él, el viaje le permitió enriquecerse como persona, conocer otras culturas y crecer como amante de esa actividad, especialmente porque a lo largo del camino descubrió que hay una gran hermandad de la comunidad de aficionados a los viajes en motocicletas en esa región del continente.

“Pude tener un choque de frente con la naturaleza, llegar a algunos sitios mágicos, pero sobre todo tener un encuentro directo con las personas que se cruzaron en su camino. Hay una gran hermandad motera en Suramérica, es como si no hubiesen fronteras, hay mucha unión y familiaridad”, agregó el viajero.

´San Germain por Suramérica en moto´, supone un nuevo hito en el currículo de este aventurero, que lleva experimentando la esencia de los viajes en motocicleta desde hace más de 20 años. Con “Bendición”, con la que lleva cuatro años, ha recorrido 52.000 kilómetros en carreteras a lo largo y ancho de Colombia.

De algo está muy seguro, no venderá su GN 125, a la que considera parte de su historia. Como próximo reto planea llegar hasta Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, en Argentina, considerada la ciudad del fin del mundo.

Mientras cristaliza su nueva salida, trabaja en fortalecer la comunidad de moteros de Cúcuta generando más unión entre los clubes, de manera que se convierta en punto de llegada para otros viajeros, que al igual que él en su paso por tierras ajenas, reciban la mejor atención por sus miembros en la cálida ciudad fronteriza.

LISETH CAROLINA RINCÓN
CÚCUTA

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