Un camino de espinas

Un camino de espinas

Caciques y enemigos agazapados dispararán contra el umbral de la reforma de equilibrio de poderes.

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17 de septiembre 2014 , 05:19 p.m.

Si no fuera por el artículo 262 de la propuesta de reforma constitucional de equilibrio de poderes que el Gobierno Nacional presentó hace dos semanas al Congreso de la República, la iniciativa pudiera tenernos sin cuidado a los ciudadanos de a pie.

Y es que si bien suprimir las facultades electorales de las altas cortes puede contribuir a despolitizarlas, la reimplantación de la cooptación para elegir magistrados de la Corte Suprema y el Consejo de Estado puede terminar siendo peor remedio que la enfermedad y ahondar el clientelismo en la administración de justicia.

Lo mismo sucede con la creación de un Tribunal de Aforados para investigar y juzgar al Procurador, al Contralor, al Fiscal y magistrados de las altas cortes. Aunque la medida pudiera sacar a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de la parálisis total en que permanece sumida, la elección de sus miembros por el Congreso puede simplemente ampliar las facultades electorales de este sin resolver el problema de fondo.

Sin embargo, a diferencia de los tumbos y palos de ciego que en materia de reforma política dieron los gobiernos de Samper, Pastrana y Uribe, el artículo 262 contiene el almendrón de un cambio político de grandes proporciones que será esencial cuidar y contra el que muchos necios y enemigos agazapados dispararán en el largo trámite que le espera.

Dice el mencionado acápite que los partidos y movimientos políticos podrán presentar candidatos y listas únicas, cerradas y bloqueadas; que las curules se distribuirán mediante la cifra repartidora entre listas que superen el umbral del 3 por ciento de los votos sufragados para el Senado o el 50 por ciento del cociente para las demás corporaciones públicas.

Aunque para algunos ese lenguaje puede sonar a chino, en otras palabras significa ni más ni menos que se elimina el voto preferente y que las reglas de juego forzarán a que los partidos se fortalezcan, a que las convenciones o consultas cobren fuerza y que en 10 años tengamos no más de 3 o 4 grandes partidos. Como sucede en cualquier democracia avanzada.

Esa es una transformación que no solo hace una corrección histórica al despedazamiento de los partidos que adquirió patente de corso con los constituyentes del 91, aupados por el esnobismo de los antipolítica y antipartidos, sino que la carencia de colectividades fuertes fue la mayor fuente de ingobernabilidad y desequilibrio de poderes en Colombia.

Así, si se trata de eliminar la reelección presidencial está bien. Pero no con el argumento de que el presidente es fuerte, porque en realidad es débil. En el mejor de los casos es un ‘monarca encadenado’ que puede proyectar su influencia para reelegirse por un periodo adicional de cuatro años, pero que, como dirían los profesores Marc Chernick y Ronald Archer, no logra llevar a cabo gran parte de sus programas por los retos, los límites y los poderes negativos a los que se ve enfrentado.

La iniciativa sin duda que requiere ser pulida, como en la propuesta de otorgar un senador a cada uno de los departamentos con menos de 500.000 habitantes. El argumento de equidad que se esgrime es en cualquier caso violado al dejar al Quindío, La Guajira y Magdalena sin representante en la Cámara alta. Y no parece que senadores como Germán Varón, Miguel Amín, David Name, Arturo Char, Bernardo Elías o Antonio Guerra, que obtuvieron abultadas votaciones en estos departamentos, estén alzando la voz en contra de la ligereza que está a punto de cometerse.

Claro que ese no es el principal desafío. Donde hay que estar atentos es al salto de la liebre de algunos caciques electorales, a los nostálgicos de las microempresas electorales y a la necedad de congresistas que, como Alexánder López, desde ya proponen reducir el umbral al 2 por ciento. Ojalá la izquierda entendiera que su reto no es mantener dos o tres pequeños partidos, sino constituirse como alternativa de poder. Y el umbral les puede ayudar a resolver internamente sus permanentes pugnas y contradicciones.

Adenda. ¿Quién entiende al uribismo? Critican con razón la ‘mermelada’, pero en el artículo 48 del proyecto de reforma constitucional que acaban de radicar quieren devolverse al 68 y proponen que una quinta parte del presupuesto nacional de inversión esté reservada para los congresistas.

@johnmario

John Mario González

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