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La UE y el fracking: elementos internacionales para un debate nacional

La UE y el fracking: elementos internacionales para un debate nacional

Dario Ghilarducci escribe sobre la discusión que se ha dado sobre esta técnica.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de septiembre 2014 , 06:48 a. m.

A una semana de la apertura de la Segunda Edición del Shale Colombia, Congreso para el Desarrollo de los No Convencionales, que entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre se propone determinar el potencial de las reservas de petróleo y gas no convencional en el país, en Europa sigue y se polariza progresivamente el debate sobre el fracking.

Las técnicas para la extracción de los hidrocarburos no convencionales han levantado numerosas polémicas porque no existe un consenso sobre los costos y los potenciales riesgos ambientales de la fracturación hidráulica, pero su fuerte rentabilidad económica y relevantes consideraciones geoestratégicas, reposicionan el debate en el centro de la agenda político-energética de numerosos países.

La creciente implementación del fracking ha permitido a Estados Unidos desvincularse de la importación de gas natural de Rusia --creando inclusive una excedencia de producción-- que en el futuro próximo podría influir en la redefinición de los equilibrios geoeconómicos globales, especialmente en el tablero europeo, donde se está jugando un partido crucial que tiene su epicentro en la crisis de Crimea.

En la Unión Europea no hay una política común frente a la explotación de estos hidrocarburos y las posiciones se mueven en un continuum que va desde Francia hasta Polonia, siendo estos países respectivamente el primero y el segundo país en reservas de gas no convencional en el continente. Sus posiciones van desde la prohibición taxativa hasta la adhesión a la Global Shale Gas Initiative promovida por Estados Unidos. También Ucrania, que cuenta con la tercera reserva continental de gas no convencional hace parte de la iniciativa norteamericana para difundir el know how necesario para la explotación de ese recurso energético.

Mientras en Estados Unidos las consideraciones de carácter estratégico y económico-financiero han prevalecido sobre cualquier preocupación medioambiental, en la Unión Europea la discusión considera preventivamente los efectos de la introducción de nuevas tecnologías sobre el medio ambiente y la vida de sus ciudadanos. En el viejo mundo ya se ha dado un precedente que relaciona la extracción de gas no convencional con el terremoto y el consiguiente desastre medioambiental que en el año 2010 golpeó la región Emilia Romagna en Italia. Aún no se ha podido concluir si las operaciones de extracción de gas con técnicas de fracturación hidráulica fueron la causa del temblor.

Pero la Unión Europea en su conjunto parece cada vez más fracturada y débil, incapaz de fortalecer una agenda energética común que le apueste seriamente al desarrollo de energías renovables, así como de asumir el liderazgo político en el manejo de la crisis de Crimea. La dependencia del gas ruso, la necesidad de dinamizar unas economías nacionales débiles, así como unas trayectorias histórico-culturales peculiares, explican las posturas de países como Polonia y Romania, que intentan impulsar la explotación de hidrocarburos no convencionales como posición común de la Unión.

Finalmente y después de varias incertidumbres, la posición de Alemania, ha terminado recientemente por alinearse con Francia, rechazando las operaciones de fracking y declarando una moratoria nacional hasta el 2021. Los alemanes no quieren asumir los riesgos ambientales de la explotación de gas no convencional a pesar de su dependencia y de las tensiones con la Rusia de Putin. Uno de los riesgos ambientales del fracking para este país es la posible polución de las reservas hídricas del subsuelo y, evidentemente, Alemania considera más relevante asegurar el agua a sus ciudadanos en el largo plazo que disminuir del 30% su dependencia directa de gas de la Rusia de Putin en el corto.

A pesar de la actual debilidad de la Unión Europea en su conjunto, las posiciones de Francia y Alemania reafirman una cultura política distinta a la estadounidense, optando por una mirada de largo plazo. Ojalá las dos más importantes economías de la Unión sean capaces de reconstruir solidas relaciones de confianza con y entre todos los estados miembros, realineándolos alrededor de un proyecto común y compartido.

La salida de la crisis económica y la solución de innumerables tensiones políticas, no solo en el tablero europeo, podrían pasar por la adopción de un nuevo modelo energético sustentable, capaz de disminuir progresivamente el consumo de todo tipo de hidrocarburos y orientado hacia su definitivo abandono. En el caso contrario, el fracking además de representar un riesgo medioambiental, podría terminar fracturando las relaciones políticas entre los miembros de la Unión, vaciando a la vez las reservas de gas no convencional y el contenido político de uno de los mas antiguos e importantes procesos de integración regional del planeta.

DARIO GHILARDUCCI
Candidato al doctorado en Ciencia Política de la Universidad de Los Andes y afiliado al Centro de Estudios Internacionales-CEI.

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