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Los 20 años del carmenère chileno / Hablemos de vinos

Los 20 años del carmenère chileno / Hablemos de vinos

Claro que el carmenère no ha estado ni cerca de tener el éxito que el malbec ha tenido en el mundo.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de septiembre 2014 , 09:23 p. m.

Por estos días se cumplen ya dos décadas desde que un experto francés, caminando por los viñedos chilenos, señaló que lo que se pensaba como merlot era en realidad carmenère, una antigua y casi olvidada cepa bordelesa.

Por cierto que las alarmas sonaron de inmediato. El merlot era (y es) una “marca” conocida y revelar que lo que se tenía no era merlot y, además, tratar de vender esa otra cepa era (y es) equivalente a tratar de vender una bebida cola sin llamarse Pepsi o Coca-Cola. Pero, bueno, en un comienzo cundió el pánico, pero poco a poco los productores chilenos vieron una posibilidad, tal como Argentina la vio con el malbec.

Claro que el carmenère no ha estado ni cerca de tener el éxito que el malbec ha tenido en el mundo. Y eso se debe a muchas razones, entre las cuales puede estar el hecho de que el carmenère no es una variedad tan frutal, jugosa o fácil de entender como el malbec. Y que en vez de aromas de frutas rojas, lo que predomina son las notas vegetales que, para muchos, no son del todo sabrosas, a menos que se trate de una ensalada, por cierto.

En un comienzo, lo que se hizo con el carmenère fue madurarlo hasta eliminar todo rastro de aromas verdes y así fue como los primeros exponentes de la cepa se parecían más bien a un trozo de chocolate que a una copa de vino. A medida que fueron pasando los años, se fue aceptando esta idea de que la genética del carmenère ofrecía ese lado vegetal, pero que también podía entregar suaves texturas, dulces sabores.

Sin embargo, tras 20 años ya está claro en Chile que no se promocionará al carmenère como cepa estrella.

Lo que define a la viticultura chilena es la diversidad de climas y suelos; por lo tanto, las opciones son muchas y atarse a solo una uva puede ser peligroso. Así es que hay cabernet, pero también buen sauvignon de Chile, y algunos relevantes syrah o carignan, y también buenos moscateles y cinsault.

Y el carmenère corre junto a todas estas cepas, con sus notas vegetales, pero también –y gracias a la maestría de algunos enólogos– mostrando inusitados aromas frutales y también mucho frescor, algo que no se había visto en estos últimos 20 años. Tampoco se había visto tantos carmenère ambiciosos, ni en precio ni en calidad. Hoy la comunidad de “grandes” carmenère chilenos también ha aumentado, lo que habla de los niveles a los que se ha llegado con la cepa. Buenos vinos baratos y algunos muy, pero muy caros, hacen que el carmenère alcance para todos los gustos y bolsillos.

PATRICIO TAPIA
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