Plan contra EI, arma de doble filo de Washington

Plan contra EI, arma de doble filo de Washington

EE. UU. tendrá que resolver problemas políticos en Siria e Irak para evitar que crisis aumente.

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13 de septiembre 2014 , 06:55 p.m.

A pesar de las reacciones positivas que generó en Oriente Próximo la nueva estrategia de Estados Unidos contra el grupo extremista Estado Islámico (EI) en Siria y en Irak, diferentes analistas consideran que la misión no será fácil debido a las complicaciones políticas a las que aún no se les ha encontrado solución.

De hecho, esas dificultades están relacionadas con los mismos motivos que han servido para consolidar al EI, como el conflicto civil en Siria y el descontento social y político en las provincias suníes de Irak, según dijo a Efe el exdirector de la egipcia Academia Militar Naser, el general Hosam Suilem. (Lea también: Obama llama al mundo a combatir al Estado Islámico).

El plan de Washington en contra del EI se basa en ataques aéreos contra las posiciones yihadistas y en apoyar a las fuerzas iraquíes y a la oposición moderada siria.

Pero el presidente de EE. UU., Barack Obama, fue enfático en el hecho de que, aunque la campaña contra el EI sería “implacable” y en cualquier lugar “en el que estén”, la ofensiva no incluirá tropas estadounidenses en combate y es, por tanto, “diferente a las guerras en Irak y Afganistán” que emprendió su predecesor, George W. Bush. (Lea también: Obama y el Estado Islámico: 'Degradar y Destruir' /Análisis).

Pero al problema con la minoría suní – en la que el EI explotó las tensiones entre las autoridades y provincias iraquíes de Al Anbar, Saladino y Nínive, y en la que consiguió respaldo de parte de los milicianos tribales en esas regiones– hay que sumarle la ausencia de una solución a la disputa territorial entre el Gobierno central de Bagdad y la región autónoma del Kurdistán iraquí.

El problema kurdo

Suilem considera que los kurdos se aprovecharán del apoyo extranjero para anexionarse los territorios tradicionalmente en disputa en Bagdad, una parte de los cuales se hallan actualmente bajo el control del ‘califato’ del EI.

Otra de las preocupaciones que hay es la coordinación de EE. UU. con el Ejército iraquí que está “débil y “dominado” por chiíes”, y que, según Suilem, podría abrir la puerta a que las tropas perpetren abusos en las zonas suníes contra la población local.
Obama intentó enviar señales tranquilizadoras sobre ese punto en concreto, al precisar que su administración apoyará al Gobierno iraquí para formar una fuerza que englobe a voluntarios locales en las zonas de mayoría suní.

Sin embargo, el presidente del Consejo de Revolucionarios Tribales –que engloba a las redes de activistas en las provincias suníes–, Ali al Hatem, expresó su “decepción” porque el nuevo primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, no ha presentado ninguna solución a las demandas suníes.

Al Hatem acusó al EI de abortar la “revolución” de las provincias suníes contra el gobierno de Bagdad y pidió a la comunidad internacional armar a los combatientes suníes para echar a los yihadistas de sus regiones, de la misma manera que se hizo con las fuerzas kurdas.

Y en Siria...

En Siria la estrategia estadounidense afronta el desafío de determinar quiénes serán considerados como los rebeldes “moderados”, a los que la comunidad internacional pretende armar y entrenar en su guerra contra los yihadistas.

Gran parte de estos supuestos insurgentes “moderados”, que luchan contra el régimen de Bashar al Asad, adoptan una ideología salafista, y los analistas no descartan que algunos de ellos no acepten los bombardeos estadounidenses pese a ir dirigidos contra un enemigo común.

“Estados Unidos va a hacer todo lo posible para que los que van a entrenar y capacitar no se conviertan en otros Al Qaeda (...), pero tampoco se puede asegurar que sean fuerzas totalmente confiables y leales a la lucha como EE. UU. quisiera”, le dijo a EL TIEMPO Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano.

Otro riesgo citado por los observadores en Oriente Próximo al que se enfrenta el plan estadounidense es la posibilidad de que los yihadistas perpetren atentados como venganza en los países que participan en la coalición contra el EI, entre los que están Arabia Saudí, Baréin, Emiratos Árabes, Kuwait, Catar, Omán, Egipto, Irak, Jordania y Líbano, y algunos europeos como el Reino Unido, Francia y Alemania.

Además, también se teme la respuesta del régimen sirio, que ya ha advertido que considerará cualquier operación militar extranjera en su territorio como “una agresión”, la misma postura expresada por Rusia.

INTERNACIONAL*
*Con Efe

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