El dolor que hizo que Gabriel Batistuta deseara no tener piernas

El dolor que hizo que Gabriel Batistuta deseara no tener piernas

El exjugador argentino padeció una artrosis degenerativa. ¿En qué consiste este mal?

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13 de septiembre 2014 , 05:29 p.m.

Hace unos días, y con una sola frase, Gabriel Batistuta, el máximo goleador en la historia de la Selección Argentina, dejó ver la dimensión del drama con el que ha lidiado desde su retiro en el 2005: “Me fui a ver al doctor y le dije: ‘cortame las piernas y ponme a caminar como Óscar Pistorius”.

En ese momento se disiparon los rumores que acompañaron los últimos años de su carrera, según los cuales el entonces astro argentino sufría lesiones y dolores constantes en los pies, que incluso forzaron su retiro.

Aun así, muchos de sus seguidores, particularmente de la selección albiceleste y del club La Fiorentina, donde militó en la cúspide de su carrera, se sorprendieron cuando aseguró que tras dejar el fútbol “de un día para otro no podía caminar más… A los dos días no podía caminar, no al mes. A las 4 a. m., para ir al baño –que quedaba a tres metros–, primero pensaba en el dolor de los tobillos, si me paraba”, contó al canal deportivo argentino TyC Sports.

Pero ¿qué llevó a este exjugador a semejante estado de postración? En el 2012, en una entrevista concedida a la revista France Football, Batistuta había aportado parte de la explicación: como le dolían las rodillas y los tobillos, “me infiltré mucho, pero siempre jugué; en una temporada de 70 partidos estuve en 65, y siempre di lo máximo en la cancha”.

De este exastro del fútbol se dice, de hecho, que siempre se esforzó por mantener la titularidad. No permitió que se le atravesara el dolor.

Este caso, por sus características, ha llamado la atención sobre dolencias que también afectan a gente del común y con bastante frecuencia: los dolores articulares que, mal tratados, aceleran los procesos de degeneración y artrosis.

¿Qué lo explica?

La inflamación y el dolor de tejidos blandos como tendones, ligamentos o los mismos músculos que rodean las articulaciones, además de las estructuras intraarticulares, pueden empezar a manifestarse por sobreuso o por enfermedades como la artritis.

En el caso de deportistas como Batistuta, el estrés articular al que están sometidos, sin tiempos de recuperación adecuados, sumados a las características de la persona (sobrepeso,malos apoyos), llevan a que el dolor no solo se vuelva crónico, sino que no responda a los tratamientos convencionales.

La presión de jugar y estar vigentes lleva a muchos deportistas aquejados por estas dolencias a buscar soluciones rápidas. Una de ellas son las infiltraciones, es decir, la introducción de medicamentos a través de jeringas en las estructuras comprometidas.

El objetivo es disminuir el dolor y acelerar los procesos de curación, lo que se logra gracias a que los medicamentos, que generalmente son esteroides mezclados con analgésicos, van directo al sitio donde se requiere la acción.

Cuando esta clase de procedimientos se hacen una vez o de manera esporádica resultan benéficos. No fue el caso de Batistuta, que al recurrir a infiltraciones de manera repetida hizo que los esteroides calcificaran (endurecieran) los tejidos blandos, al punto de reventarlos y atrofiarlos, y deterioraran progresivamente el cartílago de las articulaciones.

Los síntomas cada vez ceden menos, y por periodos más cortos de tiempo, a estos procesos, lo que lleva a la persona a aumentar la frecuencia de aplicación y a agravar el cuadro. “Mi problema es que no tengo cartílago ni tendones –explicó Batistuta hace unos días–, mis 86 kilos de peso están apoyados sobre los huesos. Y hueso contra hueso me generaba más dolor”.

El argentino describe un cuadro de artrosis severa. Se trata del desgaste de los cartílagos de las articulaciones (sobre todo las que soportan peso, como la cadera, la rodilla y los pies), y progresivamente del hueso que cubren; esto causa inicialmente dolor severo y limitación funcional importante, al punto que lleva a la invalidez total.

No solo afecta a atletas de alto rendimiento. Inés Contreras, empleada de 52 años, cuenta su caso: “No me ha servido nada contra el dolor en las rodillas. Es insoportable. Lo único que me queda es operarme”.

Batistuta fue sometido a la solución intermedia, es decir, separar los huesos y fijarlos con tornillos. Aunque limita los movimientos del pie, puede caminar con menos dolor. “Hoy puedo caminar sin problemas”, dice. También puede jugar al golf.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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