La historia del caleño que podría pagar cadena perpetua en EE. UU.

La historia del caleño que podría pagar cadena perpetua en EE. UU.

Javier Campo está acusado de asesinar a un testigo del gobierno de ese país.

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12 de septiembre 2014 , 07:10 p.m.

La vida para Javier Campo, un colombiano de 26 años, ya terminó. Por lo menos la vida en libertad. El viernes pasado, un jurado en una corte de Miami (Florida) lo halló culpable del salvaje asesinato de un hombre en mayo del 2011 y de otros once delitos.

Si bien la sentencia, a cargo de la juez Cecilia Altonaga, se conocerá el próximo 12 de noviembre, ya es claro que Campo permanecerá encerrado por el resto de sus días, pues su crimen no permite otra condena que la cadena perpetua.

Según la fiscalía del distrito sur de la Florida, el ente que lo llevó a juicio, Javier Campo era a su vez el líder de una banda que se dedicaba al tráfico de armas y cuyo destino final eran las Farc.

Los hechos, que bien darían para un guion de Hollywood, se remontan a un caluroso día de junio del 2009, cuando un agente del Buró para el Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos (ATF) se encontraba de paso por un show de venta de armas en Port Orange (Florida).

Al agente, que no estaba trabajando en ese momento, le llamó la atención un joven que intentaba comprar siete proveedores para fusil AR-15. Aunque en Estados Unidos esto es legal, al funcionario le causó mucha curiosidad lo abultada de la compra y el perfil del comprador.

Sin que se diera cuenta, el agente se cambió de ropa, se hizo pasar por el vendedor de la tienda y comenzó a preguntar por el destino de los proveedores.

El joven se identificó como Michael Romero, un estudiante de 25 años de la Universidad de Miami Dade, y explicó que los proveedores eran para un tío que trabajaba en el FBI.

Cuando el funcionario le reveló su identidad, Romero se puso nervioso y terminó confesando que había sido contratado por Eric Comesaña, de 22 años, para que comprara armas en su lugar. Estas, dijo, eran para una tercera persona, de apellido Campo.

Comesaña, que se encontraba en las afueras del lugar esperando al comprador, también fue detenido ese día y terminó aceptando que había contratado a Romero, pero sin ofrecer mayores detalles.

Ambos fueron dejados en libertad después de pagar una fianza. Sin embargo, desde ese día, el ATF, la policía de Miami y la oficina del fiscal para el distrito sur de Florida iniciaron una investigación, en la que tardaron año y medio armando el rompecabezas.

Campo, según la causa, era la cabeza de una banda que se dedicaba a la compraventa de fusiles AR-15, .50 y otras armas de alto poder.

Para no generar sospechas, los rifles los compraban en pequeñas cantidades en tiendas de cadena y ferias de venta de armas en varios estados utilizando a terceras personas, que se prestaban para el ilícito a cambio de una remuneración.
Los fusiles eran luego desarmados y sus partes se camuflaban en contenedores, que iban rumbo a Cali, donde eran vendidas a las Farc.

Campo es oriundo de Cali y proviene de una familia de clase media, dueña de una reconocida droguería de la capital vallecaucana.

En marzo del 2011, Comesaña fue arrestado y acusado de tráfico ilegal de armas. El 27 mayo notificó a la Corte que pensaba declararse culpable de los cargos tres días después.

Comesaña, se supo durante el juicio, había aceptado colaborar con la justicia a cambio de una rebaja de su pena y pensaba testificar en contra de Campo y otros implicados.

Pero el joven nunca llegó a su cita con la justicia. Ese mismo día, el 27 de mayo, los bomberos acudieron a apagar un incendio que se había registrado en Redland, una zona rural a 35 kilómetros del centro de Miami.

Luego de contener el fuego se encontraron con el cuerpo calcinado de un hombre. El examen forense determinó que se trataba de Comesaña, que había sido asesinado de dos impactos de bala, le habían mutilado las piernas a punta de machete y presentaba signos de tortura. Campo, por supuesto, se convirtió en sospechoso número uno, al igual que Carlos Ríos, uno de sus socios.

Tras un año en fuga, ambos fueron arrestados el 26 de julio del 2012. La prueba reina en su contra fueron los pares de guantes hallados junto al cadáver y que contenían el ADN tanto de Ríos como de Campo.

Confrontado con la evidencia en su contra, Ríos terminó confesando el crimen y señalando a Javier Campo de ser el autor intelectual. Según él, cuando Campo se enteró de que Comesaña los pensaba delatar, citó a este a una bodega con la excusa de que pretendía darle dinero para costear su defensa. Y fue allí donde lo asesinaron.

“Este no fue un crimen que causara pesar al acusado. Fue un crimen del que se sentía orgulloso. Se reía mientras el cuerpo de Eric era quemado”, dijo durante el juicio Anthony Lacosta, uno de los fiscales del caso.

Aunque su defensa reconoció que Campo traficaba con armas, el colombiano siempre ha negado su participación en el crimen.

Dice que el responsable fue Ríos, que lo incriminó para obtener una rebaja de su condena.

Campo está preso en la prisión federal, FDC, de Miami, donde también se encuentra recluido el jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, ‘Macaco’.

Fuertes cercanas al caso cuentan que Javier Campo es ahora el monaguillo de la iglesia de la prisión e insiste, ante cuantos quieran escuchar, en su versión de que es inocente y de que se está cometiendo una injusticia en su contra.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO

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