Con papayera sepultan al hombre que regalaba plata en el Rodadero

Con papayera sepultan al hombre que regalaba plata en el Rodadero

Las honras fúnebres se cumplieron este jueves en El Espinal, Tolima.

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10 de septiembre 2014 , 10:14 a.m.

Con llanto, desfile de carros, papayera y vallenatos, fue sepultado en El Espinal (Tolima) James Tovar Barreto, el arrocero que se hizo famoso por arrojar billetes desde lo alto en un edificio de Santa Marta.

Las honras fúnebres del arrocero y dirigente deportivo, conocido como 'El Cacique', que murió el martes en una clínica de Barranquilla por complicaciones en la laringe, se cumplieron en la catedral de Espinal, donde no cabían los jóvenes y adultos favorecidos cada vez que a este tolimense le daba por regalar plata.

Alberto Leyva, director de la revista Muralla, afirmó que en el desfile al medio día por las calles con pitos y sirenas, no se escuchaban avemarías ni el Padre Nuestro. “Solo sonaban vallenatos interpretados por la Banda Papayera del Espinal”, aseguró Leyva, y agregó que “la mayoría eran canciones de Diomedes Díaz, a quien admiraba e idolatraba”.

El Cóndor Herido fue la canción que más se escuchó y sus amigos la hicieron sonar hasta en los vehículos para cumplir uno de sus últimos deseos. “En sus parrandas con ron y mujeres bonitas, decía que su entierro fuera con papayera y la canción El Cóndor Herido”, dijo el periodista Hernando Morales.

También se vieron carros lujosos e infinidad de jóvenes deportistas que acompañaron el ataúd hasta el cementerio Jardines del Rosario. Tovar apoyaba con uniformes, balones y hasta guayos, a unos 18 equipos de microfútbol que cada año participaban en campeonatos del barrio Balcanes.

“Ni un solo deportista se quedó en su casa”, dijo Édgar Sandoval, presidente de la Junta de Acción Comunal de Balcanes, y agregó que también asistieron los jugadores de El Cacique, el equipo de fútbol que patrocinó durante años.

Sus amigos tampoco olvidan una de sus últimas acciones, cuando regaló al menos 300 boletas en sectores pobres para un partido en el estadio de Ibagué entre Deportes Tolima y Atlético Nacional. “Ese día hubo colas largas en su casa, a todos les obsequió boletas”, señaló Sandoval, y agregó que James Tovar “regalaba en un día millones y millones”.

En El Espinal, precisamente, ocurrió una de las últimas grandes parrandas de Tovar en el Tolima. Fue un domingo de junio pasado cuando de repente se apareció en las graderías del coliseo Balcanes.

“Llegó con el acordeonero Iván Zuleta y armaron una rumba inolvidable”, afirmó Sandoval, y agregó que, como era su costumbre “regaló billete a mucha gente que se agolpó en las graderías, y todos bailamos hasta tarde por su cuenta”.

‘El Cacique’, hijo de una familia de arroceros, nacido en el exclusivo barrio Melgarsito, hizo su primera aparición registrada por los medios de comunicación el 30 de junio de 2013 en El Rodadero, en Santa Marta, cuando lancheros, vendedores informales y silleros, entre otros, resultaron beneficiados con los billetes que cayeron del cielo por cuenta de Tovar. En ese entonces se calculó la suma entre los 10 y 20 millones de pesos.

Después fue visto en la misma actividad, el 21 de agosto de ese mismo año, aunque la suma no fue tan considerable como la anterior. Esas acciones, en medio de la parranda, le causaron problemas con las autoridades locales, pues al arrojar billetes se consideró que alteraba el orden público y hasta el tráfico vehicular.

Fue por esto que esa misma semana decidió cambiar el dinero por arroz. En la playa, luego de organizar una fila con la gente del sector, regaló bolsas llenas de ese cereal.

Hace mes y medio, James estuvo otra vez en El Rodadero, hospedado en un edificio frente a la playa y como era su costumbre contrató un conjunto vallenato y duró cuatro días seguidos de parranda con los trabajadores de la playa.

El pasado 24 de abril festejó su cumpleaños en ese mismo balneario y, según Álvaro Torres, quien trabaja alquilando carpas, la parranda demoró 10 días. “Era una persona muy humilde a pesar de la plata que tenía y le gustaba tomar con la gente de la playa porque lo cuidábamos mucho”, contó.

Torres se enteró de su muerte porque un amigo lo llamó para avisarle, pero no pudo viajar debido al trabajo.

CARIBE E IBAGUÉ

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