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La escuela que cambia realidades en el nororiente de Medellín

La escuela que cambia realidades en el nororiente de Medellín

Un joven dirige proyecto educativo para que niños y jóvenes de Manrique no 'parchen' por las calles.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de septiembre 2014 , 07:42 p. m.

Los niños que vivían hace una década en Manrique oriental, al nororiente de Medellín, no podían jugar en la calle o en el parque. Solo salían de la casa al colegio del barrio y viceversa. Quien permaneciera por fuera se exponía a los continuos enfrentamientos con armas de fuego entre las pandillas del sector.

Era tan peligroso no permanecer en casa que los habitantes del barrio organizaron una ‘estrategia’ para resguardar a los pequeños cuando se armaban las balaceras: cogían al que veían en la calle sin sus padres o alguna otra compañía y lo metían a sus viviendas.

Así describe Juan Pablo Patiño, invitado a narrar su experiencia en la gira 'Loco de amor por Colombia', organizada por EL TIEMPO, el entorno donde transcurrió su infancia. No le gusta profundizar en el tema porque es “regresar al pasado”, al de sus amigos. “Mi generación creció en una época incontrolable. Había muchos asesinatos y me daba mucha impotencia no salir a jugar al parque”. La violencia se volvió pan de cada día para este joven, junto a las injusticias sociales y la falta de presencia estatal en su barrio. 

El joven Juan Pablo Patiño, de 19 años, trabaja para ayudar a jóvenes y niños.

La suma de las tres situaciones motivó a ese joven de 19 años a trabajar por los niños y jóvenes de su comunidad, para “que tomen conciencia y no se repita” lo que vivió. Con ese objetivo crea en 2012 el grupo Mundo, Arte y Cultura con sus amigos. “Organizábamos conciertos de hip hop, pero era difícil hacerlo. No teníamos apoyo y por eso se disolvió”.

Juan Pablo es inquieto y siempre busca oportunidades. Le pidió permiso a su mamá para transforma la sala de su casa en un aula de clases. Tenía en mente una escuela, pero sin horarios establecidos o uniformes. Considera que los colegios “guían a un camino, pero no deja pensar en qué es lo que quieres”. Bajo esa premisa abrió una escuela de educación alternativa, donde los niños se atrevan a crear.

Enseñar para cambiar realidades

Son 35 niños los que asisten dos veces por semana a la escuela de Juan Pablo. A las 7 de la noche se reúnen y planean las actividades de la sesión. “Siempre les pregunto qué quieren hacer. Ellos deciden”. Pintar, dibujar, bailar, cantar, aprender a tocar un instrumento o incluso crearlo son algunas de las posibilidades. Por lo general, las jornadas van hasta las 9 de la noche, pero muchas veces se extienden media hora más porque sus alumnos “están muy encarretados”.

“No pretendo formar artistas profesionales, porque no sé del tema. Lo que me interesa es que los niños recuperen el sentido de ayudar, de la tolerancia, del respeto hacia el otro a través del arte”, explica Juan Pablo, quien además de gestor social es realizador audiovisual desde adolescente. Con lo que gana con 31-A Films, su productora, financia los refrigerios y los materiales.

En 2013 se presentó a una convocatoria de la Casa de la Cultura de Manrique con su proyecto de la escuela y ahora esa entidad le ayuda con materiales para crear instrumentos musicales y una profesora de artes plásticas. Cuenta, además, con la colaboración de amigos músicos que comparten sus conocimientos con los niños.

Cada 15 días organiza una ‘salida pedagógica’ que consiste en recorridos por el parque del barrio, una charla acompañada de una aguapanela y la sesión del día. “Es preferible eso a que los niños estén parchando en las calles. Ahora invierten el tiempo en crear cosas que les gusta. Algunos llegan y me dicen: “Mire, hice una flauta… Mire, hice una maraca””.

Pese a contar con respaldo, algunos vecinos de Manrique critican la escuela alternativa, pues no creen en su propuesta de educación para crear y soñar. “Hasta se ríen de lo que hacemos”, dice Juan Pablo, para quien el negativismo es el mejor combustible. “Eso antes me da alientos para seguir”.

Líder de cambio

Juan Pablo participó este año en un panel de iniciativas sociales del Foro Urbano Mundial, realizado en Medellín. Allí exhibió su proyecto y conoció otras organizaciones que trabajaban por los niños y jóvenes de la capital antioqueña, entre ellas la fundación Mi Sangre.

Se acercó a la organización, tocó las puertas pidiendo respaldo y ahora no solo recibe un incentivo económico como apoyo a su escuela alternativa, sino que se convirtió en líder de cambio a través de la capacitación que ofrece la fundación de Juanes con su programa Educación para la paz.

Ahora Juan Pablo proyecta una nueva sede para su escuela alternativa y así darle más oportunidad a la educación para crear y cambiar realidades. “Hay que ayudar a los pelados del barrio, no pueden seguir de generación en generación parchando en una esquina”.

JOSÉ DARÍO PUENTES R.

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