La noche en que Hernando mató a su familia con machete

La noche en que Hernando mató a su familia con machete

La hermana de Jenny Losada, la mujer que murió junto a sus hijos, recuerda la tragedia.

notitle
09 de septiembre 2014 , 07:37 p.m.

Hace ya casi un año, una tragedia enlutó a Bogotá. Jenny Losada Rodríguez y sus pequeños hijos Brayan y Mateo, al igual que su sobrina María Camila, murieron asesinados en una humilde casa del barrio San José, en Bosa.

El paso del tiempo no ha sido suficiente para acabar la tristeza y la indignación por este múltiple crimen que habría cometido Hernando Hernández Patiño, esposo de Jenny y padre de los niños, la madrugada del 10 de noviembre del año pasado.

Desde una casa, a pocas cuadras de donde ocurrió todo, Yanive Losada, hermana de la mujer, recordó los momentos angustiosos que afrontó cuando se enteró de lo ocurrido y las fuertes imágenes que presenció después de que Hernández habría usado un machete para acabar con su esposa e hijos.

Por su parte, el único niño que sobrevivió a la tragedia, hijo de la pareja, se recupera del daño físico y psicológico.
Con su cuello y pecho marcados por las múltiples cicatrices producto del ataque, el menor de 12 años ya retomó sus estudios y recuerda con ilusión los momentos vividos con su mamá, de tan solo 37, y sus dos hermanos, de 6 y 8 años.
Mientras Hernández permanece tras las rejas, sindicado por homicidio agravado y tentativa de homicidio, Yanive sigue derramando lágrimas por la pérdida de gran parte de su familia.

¿Qué sabe de lo que pasó la noche de la tragedia?

Fue un error de la Policía. Los interruptores estaban llenos de sangre porque los niños seguramente intentaron prender la luz. Llamaron a doña Nieves, una vecina. Toda la noche, los vecinos escucharon cómo pedían ayuda, y la Policía no entró. Cuando el niño ha podido hablar de eso, dice que a él lo que le da rabia es que estuvo harto tiempo llamándolos porque quería sacar a los “guambicitos” rápido por la puerta para pedir auxilio para su mamá. Él (Hernando) mató primero a la niña porque estaban con mi hermana en la misma cama, una con la cabeza para arriba y la otra con la cabeza para abajo. Así, lo que uno ignorantemente puede pensar es que él estaba matando a la niña cuando mi hermana se despertó y empezó a pedir auxilio: “Juan*, llame a la Policía”, fue lo primero que escuchó el niño.

¿Qué más recuerda el niño?

Corrieron toda la noche. Brayan pedía auxilio. Cuando Juan llegó al hospital, estaba lleno de hematomas en la cabeza porque se metió a defenderlo. Lo único que les dijo fue: “Si mis hijos no los disfruto yo, no los disfruta nadie”.

¿Cómo ha sido el  proceso del menor?

Duro. Estuvo intubado ocho días; le empezaron a bajar la sedación, pero se sentía mareado. Mi hermano fue a verlo varios días, pero la primera vez se desmayó. Era pasar de ver al niño sano, corriendo, que ni siquiera le daba gripa, a verlo así, lleno de muchas heridas. Era muy fuerte. Como a los 15 días empezó a decir que quería que fuera a visitarlo su mamá. Yo no me aguantaba, me salía de la UCI (unidad de cuidados intensivos) y lloraba. Al otro día, con más insistencia, decía que quería verla. “Tía, dígale al doctor que le dé una carta, que le escriba que tiene un hijo enfermo, porque yo he oído que cuando los papás tienen un hijo así les dan permiso”. Siempre creyó que su mamá estaba trabajando.

¿Cómo le contó la verdad?

Los médicos decían que ya tocaba decirla. Me tomé como 20 vasos de agua y un frasco de valeriana. Cité a todos los del servicio, como a unas 15 personas, y le dije que teníamos que contarle algo triste. “¿Usted se acuerda que su mamita tenía mucha sangre? Todos llegaron al hospital, pero el único que logró salvarse fue usted”…

¿Y cuál fue su reacción?

Le salieron unos lagrimones. No dijo nada y se acostó…

¿Juan nombra a su papá?

No, para nada. Los hermanos le hacen mucha falta, igual que mi hermana. La mayor ilusión de él es que cuando golpeen sean ellos.

¿Cuándo habló por última vez con Jenny?

Hablamos por teléfono como a las 10:30 p. m. de la noche anterior (a la tragedia). Me dijo que mi mamá había enviado unas cosas del campo y que unas hermanas gemelas que tenemos habían llegado. Al día siguiente podía quedarme todo el día en su casa porque tenía turno hasta la noche. Quedamos en hacer el almuerzo allá.

¿Qué pasó al otro día?

Cuando iba llegando, llamó Eduardo, un tío de la niña, y me dijo: “Yanive, váyase para donde Jenny que pasó algo terrible”. Lejos de imaginarme lo que realmente era, pensé que ese tonto había roto los vidrios otra vez. Entré a la tienda a escoger las cosas del almuerzo y comencé a mirar unos yogures que les gustaban a los niños. Fue ahí cuando una señora entró de afán y dijo: “parece que el señor de allí se volvió loco y mató hasta la cuñada”. Cuando escuché, sentí que me desarmaba, algo me decía que eso era para mí.

¿Y qué fue lo primero que encontró?

Vi a una multitud de gente, la cinta de la Policía y un policía recostado en el poste. Como que caminaba y caminaba, pero no llegaba. Usted siente que los pies no le funcionan, que no está caminando. Cuando llegué a la puerta y la vi toda destruida, le pedí al policía que me dejara entrar, que yo era familiar, pero respondió que no.

¿Qué pasaba por su cabeza?

Yo no lloraba, no lo creía; pensaba que era la casa de al lado, no la de mi hermana.

Cuando entró, ¿qué pasó?

Todo estaba lleno de sangre, y el CTI recogía los cuerpos. Comencé a pensar en cómo le iba a avisar a mi papá y a mi mamá. Solo quería que ellos estuvieran vivos. Abrí la puerta y, como había tanta gente fuera, les dije que me ayudaran a sacar todas las cosas. Todo estaba lleno de sangre. Esperó a que se durmieran para matarlos. Su piyama tenía sangre, como chispitas.

¿Ha hablado con Hernando, el padre de los niños?

Telefónicamente, sí. Me llamaba. Desde noviembre como hasta febrero hablé con él por teléfono y le pregunté por qué había hecho eso. La respuesta de él fue que mi hermana había conocido a otra persona. Dijo que la culpa era de “ese maldito”. Yo le respondí que, independientemente de si ella se hubiera o no conseguido a alguien, ellos desde hace tres años no eran pareja, ni siquiera dormían juntos.

Y solo lo he visto en una audiencia, como en marzo. No me mira, y físicamente ha cambiado mucho. Está muy gordo. Da la impresión de que acabar con la vida de los niños le dio tranquilidad.

¿Qué más le dice de su hermana?

No se refiere a ella con buenas palabras. Lo menos que le dice es prostituta.

¿Le da alguna explicación por el ataque contra sus hijos?

Eso le pregunté, y me colgó. Cuando volvió a llamar, me pidió que le pasara a Juan, y yo le dije que no. “Se me olvidaba que usted era igual a su hermana y a Camila, por eso las maté”, me dijo. Yo misma le respondí que si era igual a ellas, que me mandara matar porque esa es la solución de él. Desde ahí no ha vuelto a marcar.

¿El hombre había tenido comportamientos agresivos?

Siempre fue agresivo y usó un vocabulario soez. Un día, nosotras llegamos a la casa, Jenny venía de trabajar y se estaba quitando los zapatos. Él ya estaba debajo de la cama y se había hecho ahí para escuchar lo que hablábamos o esperando que ella contestara el celular y dijera algo comprometedor.

¿Y por qué seguían viviendo en la misma casa?

Porque cuando la casa se compró, él alcanzó a dar unas cuotas. Entonces decía que también era suya. Tenía todo premeditado.

¿Ha podido superar el dolor?

Se hace llevadero (pero) esto es muy duro. A veces uno se echa la culpa. Si yo esa noche hubiera sabido lo que iba a pasar, los hubiera sacado de allá. A mi papá le pasa lo mismo. A veces quisiera dormirme unos seis meses, despertar y no recordar nada. Pero el niño es fortaleza para mí y yo para él.

¿Qué conserva de su hermana?

Casi todo. Guardo la vasija donde llevaba el almuerzo (y) tengo guardada su ropa.

¿Siente su presencia?

Mucho. Al principio, recordaba la escena y me daba miedo, sentía el olor de su perfume detrás de mí.

¿Cuáles han sido los momentos más duros desde que ocurrió la tragedia?

En diciembre, no hubo Navidad. Era como un infierno, no quería escuchar a nadie. El niño estaba en el hospital, duró casi 40 días allá. Jenny cumplía años el 24 de diciembre, pero esta vez no tuve oportunidad de comprarle las rosas que le encantaban. Yo ni siquiera fui consuelo para mi mamá.

¿Cómo está ella?

Ha sido muy difícil. Ella tiene 65 años y no los revelaba, se veía de menos edad, pero desde que pasó eso se ve mayor. Está muy viejita.

¿Usted cree en Dios?

Claro. Yo creo que esto no lo pudiéramos soportar si no fuéramos de la mano de Dios. Creo que yo estaría cargando un costal en la calle. Los primeros días, usted no cree, no come ni duerme. Le parece que eso es un sueño, pero cuando tiene que cruzar la avenida y esperar el bus, se da cuenta de que no lo es.

¿Quiere que Hernando tenga un castigo?

Yo sé cuál es su castigo. Estar vivo y recordar cada momento en el que les hizo daño a ellos. Se supone que la adoración de él era Juan, y vea todo lo que fue capaz de hacerle. Yo sé que le está doliendo no poder ver a su hijo. Y tiene que quedarse en la cárcel. Él acabo con la vida de Juan también. Su mamá no la reemplaza nadie. Yo soy buena mamá, pero ella era mejor que yo. No está su mamá, no están sus hermanos y su papá tampoco.

* Se cambió la identidad para proteger al menor

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
aleser@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.