Matonear al gay

Matonear al gay

Hasta que no dejemos de satanizar la sexualidad, vamos a seguir empujando a jóvenes al vacío.

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08 de septiembre 2014 , 05:03 p.m.

Desde lo alto de la terraza se miró las manos, pensó que en breve dejarían de moverse para siempre y nunca más tocarían el rostro de su ser amado. Sergio Urrego cerró los ojos y se lanzó al vacío.

Hace pocos días nos enteramos por los medios del trágico caso de este adolescente, quien optó por el suicidio después de ser víctima de abusos constantes por ser gay. Miles de jóvenes gais terminan asesinados o se suicidan por la humillación y agresión continua de sociedades que no logran asimilar un modelo de pareja distinto del heterosexual.

La muerte como única salida, el amargo suicidio del adolescente acorralado que apenas empieza a beber el elixir de la vida, del amor, recuerda la tragedia de los jóvenes Romeo y Julieta, pero esta vez no fue una historia ficticia sino una dolorosa realidad. El pecado de Sergio fue nacer en un país, estudiar en un colegio y tener unos suegros que consideran incorrecto que un joven ame a otro.

Así que se le fueron cerrando todas las puertas y, cuando la humillación fue intolerable, dejó servido el almuerzo que le habían preparado en casa para morir.

Casos como este hay por miles en el mundo, y los países más desarrollados llevan años reformateando la visión que existe de los gais y tratando de erradicar los casos de asesinatos por homofobia y de suicidios por casos de matoneo.

Olvidamos que la elección de pareja hace parte de un proceso irracional, romántico y que no puede imponerse. Si el ser amado resulta ser del mismo sexo, pues bienvenido sea. ¡Cómo es de difícil encontrar una persona con quién compartir esta efímera vida, para que, una vez hallada nos separen de ella por prejuicios sin fundamento! No puede haber un nivel mayor de crueldad.

Lo que debe condenarse es el maltrato, la negligencia, la agresión, sin importar si la pareja involucrada está conformada por un hombre y una mujer o por dos hombres. El estigma de la homosexualidad es una construcción cultural que podría desaparecer -y así liberar a miles de gais enclosetados-.

Durante siglos se ha fomentado la familia heterosexual para fomentar la procreación y fortalecer a la iglesia. Hoy nos damos cuenta de que hay espacio para familias tradicionales católicas, pero también hay espacio para familias gais.

Miles de católicos han cambiado su postura frente a los gais desde las declaraciones del papa, que hace unos meses los incluyó en su lista de favoritos. Su labor, hay que reconocerlo, es inmensamente progresista en esta área para que rompamos ese estigma de una vez por todas.

¿Por qué algunos, sin embargo, siguen considerando natural su homofobia y lo expresan abiertamente como antaño se confesaba el racismo o el desprecio por una clase menos favorecida? Muchos de ellos nunca han tenido un amigo, pariente o conocido gay. Y si lo han tenido, lo han sacado de su círculo social sin hacer el esfuerzo de conocerlos. Y así, sin conocerlos, han construido una imagen diabólica de bacanales y orgías, de promiscuidad y locura, cosa que pondría en peligro el esquema familiar de padre-madre-hijos-mascota.

La verdad, pues es lo que nos convoca aquí, es que la inclinación sexual, así como la nacionalidad, la carrera, los gustos musicales, los hobbies no definen a una persona per se. Si todos los gais son "drogadictos promiscuos irresponsables", también podemos decir que todos los colombianos son narcos y que todos los españoles son toreros.

Pero no es así. Y aunque para muchos sea una obviedad, vemos que no sobra repetirlo: No hay NADA de malo con amar a alguien del mismo sexo. Nos han hecho creerlo, que es distinto. Lo malo es que no logremos digerirlo y aceptarlo con tranquilidad.

Lo dice incluso el diccionario, donde se evidencia que los que matonean y asesinan no son los gais sino los homofóbicos (Ver:http://es.wikipedia.org/wiki/Homofobia).

El Gobierno y las instituciones educativas están en la obligación de respetar y garantizar la igualdad, sin distingos de raza, preferencias sexuales, credo, género. Lo que vemos, empero, es que estamos en mora de proporcionarles a nuestros niños y jóvenes un ambiente igualitario. Una niña negra tiene los mismos derechos de una niña indígena y una blanca. Igual ocurre con un niño judío y uno ateo. Lo mismo con un joven heterosexual y uno gay.

La igualdad no es opcional para las instituciones educativas, como el uso de uniforme. Es su deber. De otra forma, están incumpliendo estipulaciones presentes en la Constitución y en el Código Penal.

Hasta que no dejemos de satanizar un ámbito del ser humano tan íntimo como la sexualidad, vamos a seguir empujando a jóvenes como Sergio Urrego al vacío.

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Coda:

Líneas de ayuda para la comunidad LGBT en casos de matoneo:

En Colombia: Centro comunitario LGBTI 300 4455131 website:http://ccdlgbt.blogspot.com/

En EEUU: The Trevor Lifeline at 1-866-488-7386

@caidadelatorre​

María Antonia García de la Torre

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