Niñas de El Carmen de Bolívar padecen estrés colectivo, dice experto

Niñas de El Carmen de Bolívar padecen estrés colectivo, dice experto

Rodrigo Córdoba, presidente de Asociación Latinoamericana de Psiquiatría, asegura que no fingen.

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07 de septiembre 2014 , 08:28 p.m.

¿Ya hay un diagnóstico médico confiable que pueda explicar qué les pasó a las niñas a las que se les aplicó la vacuna contra el papiloma humano?

Por los análisis practicados, no parece haber ninguna anomalía con la vacuna. Todo indica que se hicieron los controles rigurosos sobre las condiciones tanto en el momento de aplicarla, como al comprobar que la cadena de frío no estuviera alterada. Los exámenes físicos sobre las niñas no han demostrado ninguna relación. (Lea también: La del VPH, vacuna con dudas razonables)

Decir que obedece a un fenómeno de histeria colectiva es estigmatizador…

Es cierto. El término de histeria se asocia con síntomas que tienen cierta teatralidad, como si se estuvieran simulando. Este no es para nada el caso. Es más apropiado llamarlo trastorno por conversión, enfermedad psicogénica masiva, o trastornos por reacción de estrés colectivo.

¿En qué consiste eso, en palabras sencillas?

Es una situación de estrés personal que se propaga por vínculos culturales en un determinado grupo social, y que se manifiesta a través de ansiedad y dolores abdominales realmente existentes, mareos, dolor de cabeza, desmayos, náuseas e hiperventilación. Todas esas cosas evidentemente les están sucediendo a esas niñas. No es usual, pero hay antecedentes recientes en una comunidad indígena del Putumayo, en México, en Australia y en Taiwán, donde 350 niñas registraron los mismos síntomas luego de que se les aplicara la vacuna AH1N1.

En estos estudios médicos de altísimo nivel se compara el fenómeno colectivo con una especie de estampida en el mundo animal. ¿Es comparable?

Mucho. La estampida es como una manera de agruparse colectivamente para prevenirse de un peligro. Entre seres humanos tiene un origen: hay una o dos personas que tienen los síntomas y estos comienzan a reproducirse como en un espejo. Los medios, de alguna manera, contribuyen a que se propaguen estos síntomas.

No siempre el elemento disparador ha sido una vacuna. Los casos colectivos registrados también han sido motivados por fugas nucleares, contaminación del agua, contaminación química, percepciones de olores como gas, que contagian esa enfermedad sicogénica...

Exacto. Los casos de las vacunas han estado documentados, pero no siempre han sido el detonante.

Y, además, los estudios indican que la presencia inevitable, por ejemplo, de ambulancias, de carros de bomberos, de cámaras de televisión, y de trabajadores de la salud aumenta la ansiedad de la comunidad y hace que la gente empiece a sospechar de que algo le están ocultando y de que la situación es peligrosa.

Sin duda, son elementos que inciden en su propagación, por lo general entre personas muy jóvenes, con muchos temores de enfrentamiento con el entorno. En este caso, el detonante fue una vacuna, relacionada con el inicio de la sexualidad, con su prevención. Lo que es importante resaltar es que esta no es una simulación, ni fruto de que una persona en particular esté sugestionando a esas niñas. El fenómeno surge de una manera silvestre.

Y, además de la tensión propagada por los medios de comunicación, inciden los desacuerdos lógicos entre los médicos, y los procedimientos legales que pueden exacerbar los síntomas y propagar más rápidamente la enfermedad colectiva.

Aquí hay tres cosas bien interesantes. La primera es que siempre han existido voces que descreen del beneficio de las vacunas, uno de los grandes logros de la humanidad; lo segundo es que algunos médicos, como sucede en todas las profesiones, tienen diferentes puntos de vista. Y lo tercero, influye también lo mediático.

¿Para estos casos existe tratamiento farmacológico o solo psicológico y psiquiátrico?

Generalmente, este tipo de intervenciones se ha dado con el básico terapéutico, es decir, con experiencias emocionales correctivas a través de la palabra. Pero en los casos más excepcionales, donde los niveles de ansiedad son mucho más marcados, podría existir alguna ayuda sicofarmacológica.

Entonces, ¿estas niñas evidentemente están enfermas, necesitan ayuda, pero sería un error garrafal dejar que prospere la idea de que es por culpa de la vacuna del papiloma humano, que ha salvado muchas vidas y debe seguir salvando muchas?

Así es. Esta enfermedad psicogénica de masas o trastorno de estrés colectivo requiere una intervención muy juiciosa y un acompañamiento a esas niñas, que evidentemente están enfermas. Pero enfermas de fenómenos mentales. Es muy importante que el Gobierno no desfallezca en los programas de vacunación, sobre todo por la primera causa de mortalidad de las mujeres en este país, que es el cáncer de cuello uterino, y en general por otras enfermedades.

¿Qué debe hacer el Gobierno?

Yo creo que el Gobierno debe tener una posición muy clara con un mensaje de comunicación muy importante. Lo prioritario es que a estas niñas hay que atenderlas de manera juiciosa, examinarlas en su componente físico y somático y descartar cualquier otra causa. Realizar intervenciones sicosociales, devolver la confianza en los programas de vacunación, evitar las muertes de mujeres por cáncer de cuello uterino.

Pero, además, muchas de las zonas donde ha ocurrido este fenómeno colectivo manifiestan dificultades de tipo social, de desarrollo, de maltrato, de olvido, y allí el Gobierno debería realizar una misión sanitaria integral para cubrir todos esos vacíos sociales.

EL TIEMPO

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