La encrucijada de Obama frente al Estado Islámico en Siria

La encrucijada de Obama frente al Estado Islámico en Siria

La estrategia que presentará esta noche incluye acciones aéreas y apoyo terrestre a fuerzas sirias.

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06 de septiembre 2014 , 05:32 p.m.

Durante estos últimos tres años, el presidente de EE. UU., Barack Obama, ha luchado contra viento y marea para evitar verse arrastrado a la guerra civil en Siria.

Ni siquiera el uso de armas químicas durante una masacre, el año pasado, en la que murieron más de 1.000 personas convenció al mandatario estadounidense de la necesidad de intervenir militarmente en este país de Oriente Próximo.

Ese statu quo, sin embargo, estaría a punto de cambiar. De acuerdo con la mayoría de analistas, la decapitación pública hace varios días de un segundo estadounidense perpetrada por el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y su avance, tanto en Siria como en Irak, no le estarían dejando mayores opciones al Presidente. (Ver también: Pros y contras de la intervención de EE. UU. en conflicto sirio).

Obama, a quien se lo viene criticando con aspereza desde la semana pasada por haber dicho que carecía de una estrategia para contrarrestar a los extremistas suníes en Siria, pasó a la ofensiva al indicar que EE. UU. destruirá al grupo tarde o temprano.

“Aquellos que comenten el error de agredir a América aprenderán que no nos intimidan, que no olvidamos y que se hará justicia. Nuestro objetivo es claro: degradar y destruir al EI hasta que deje de ser una amenaza”, dijo el Presidente en reacción al asesinato del periodista Steven Sotloff. (Ver también: 'Decapitación de periodista no intimidará a EE. UU.': Obama).

Obama dio a entender que una próxima intervención militar en Siria tal y como la dará a conocer la noche de este miércoles debería contar con la autorización del Congreso y con apoyo regional y de la comunidad internacional.

Según el portavoz de la Casa blanca el mundo conocerá en palabras del propio mandatario estadounidense, Barack Obama, "como EE. UU. perseguirá una estrategia integral para degradar y finalmente destruir a EI, incluida la acción militar estadounidense y el apoyo a las fuerzas que combaten a EI sobre el terreno, tanto a la oposición en Siria, como a un nuevo e inclusivo Gobierno en Irak". (Ver también: Estados Unidos está dispuesto a bombardear al Estado Islámico en Siria).

En el Legislativo, donde los republicanos llevan meses cuestionando su tímida aproximación a la crisis de Siria, ya se comenzó a mover un proyecto de ley en el que se autoriza al Presidente realizar bombardeos aéreos contra posiciones del EI en este país.

Pese a ello, la situación para Obama no deja de ser compleja. De hecho, más que desaparecer, las razones que lo habían frenado a lo largo de estos años están más vivas que nunca. O quizá peor.

Según una encuesta conjunta divulgada este miércoles por las cadenas 'Telemundo' y 'NBC' y el diario 'Wall Street Journal', respecto a la posible acción militar para enfrentar la amenaza del grupo yihadista Estado Islámico (EI), entre otros temas, los hispanos son más cautos que el resto de la población: un 49 % de los latinos la apoyan, frente al 61 % de los estadounidenses que en general considera que una intervención es un asunto de interés nacional.
(Ver recuadro: Aprobación de la gestión de Obama entre hispanos bajó al 47 %).

A diferencia de Irak, en donde existe un gobierno que mal o bien consideran un aliado (y eso abrió la puerta para los bombardeos contra el EI que comenzaron hace 15 días), Siria es todo un caos, donde es difícil distinguir entre amigos y enemigos.

Desde hace tres años, el presidente Bashar al Asad se disputa el control del país con una coalición de grupos de origen suní que se alzaron en rebelión.

Si bien EE. UU. y otros países occidentales le han pedido la salida de Al Asad (especialmente tras comprobarse el uso de armas químicas), el Presidente sigue aferrándose al poder gracias al apoyo de Rusia, Irán y el Hezbolá libanés.

Una porción de los rebeldes está compuesta por el Ejército para la Liberación de Siria (FSA, por sus siglas en inglés), que se consideran moderados y seculares.

Pero hay otra que lidera el EI –suníes extremistas–, que se disputan el poder tanto con el FSA (a los que consideran muy tibios en su interpretación del islam) como con Al Asad.

De hecho, ya controlan un tercio del país, y tienen en Racqa un bastión que fue considerado por Obama como un santuario para terroristas.

Desde hace al menos dos años, los republicanos en el Congreso vienen empujando a Obama para que dote con armas y recursos al FSA. Hasta la propia exsecretaria de Estado Hillary Clinton lo ha criticado abiertamente, pues cree que EE. UU. debería estar más involucrado.

Pero Obama se ha abstenido, pues el FSA carece de una estructura como para asumir el control del país de ganar la guerra. Y tampoco es claro si el grupo responderá luego a los intereses de EE. UU. o se tornará en su enemigo. Sobre todo si el nuevo poder incluye elementos del EI.

La verdad es que nadie sabe qué pasaría si llega a caer Al Asad. “La guerra, de hecho, podría tornarse aún más brutal, lo que podría desestabilizar a todo Oriente Próximo”, dice Doug Badou, del Centro de Pensamiento CATO, en Washington.

Pero los nuevos desafíos que plantea EI, no solo en la región sino para los intereses estratégicos de EE. UU., han cambiado la ecuación.

De allí que se estén contemplando bombardeos en Siria, pero solo contra las posiciones de los extremistas islámicos. El problema es que al atacar al EI EE. UU. podría terminar haciéndole un favor a Al Asad, algo que tampoco quieren hacer.

Así mismo, los bombardeos podrían agrietar aún más las relaciones con Rusia, que ya están al rojo vivo con la crisis que se vive en Ucrania y desde que Moscú se anexo a Crimea, en marzo de este año.

“Ninguna de las opciones que tiene Obama sobre la mesa son buenas. Pero la única que no tiene es la de quedarse de brazos cruzados”, anota Badou. No solo por lo que está en juego en esta región, sino por las consecuencias internas de su supuesta pasividad.

Así mismo, si bien es improbable que la ONU lo apruebe, dado el veto seguro de Moscú en el Consejo de Seguridad, quiere contar con la participación de la Otán o armando una coalición similar a la que se orquestó en el 2003 para invadir a Irak.

No parece haber dudas de que algo se viene. De qué naturaleza y su alcance es lo que está por verse.

El riesgo y el costo político son altos

Bombardear al EI en Siria es una misión mucho más peligrosa que la de Irak, pues el régimen sirio cuenta con una poderosa fuerza aérea, que podría utilizar contra los aviones de EE. UU. si siente que los ataques son una amenaza. Peor aún, si el EI lleva la guerra a territorio de EE. UU. (como hizo Al Qaeda en el 2011), Obama pasaría a la historia como el presidente que lo permitió pese a las múltiples advertencias. En otras palabras, el costo político de no actuar ya supera al de hacerlo.

Hasta ahora, Obama ha dejado claro que no quiere lanzarse a esta nueva aventura solo. De allí su afán por que el Congreso asuma consecuencias con un voto para autorizar la intervención militar y por conseguir el respaldo de los países árabes.

Aprobación de la gestión de Obama entre hispanos bajó al 47 %

La aprobación entre los hispanos de la gestión del presidente de EE.UU., Barack Obama, cayó al 47 %, frente al 62 % de abril de 2013, según una encuesta conjunta divulgada hoy por las cadenas 'Telemundo' y 'NBC' y el diario 'Wall Street Journal'.

Asimismo, el número de hispanos que muestra su desacuerdo expreso con la gestión de Obama, quien está en la Presidencia desde enero de 2009 y fue reelegido para un segundo mandato en 2012, subió del 30 % en abril de 2013 al 39 % ahora.

Sobre el rumbo que lleva el país, el 56 % de los hispanos señaló que va por el camino equivocado, mientras que entre el resto de la población la cifra es del 67 %.

Una de las preocupaciones principales para los hispanos es la reforma migratoria, que se encuentra atascada en el Congreso y que sufrió un nuevo revés esta semana, cuando Obama anunció que aplazará las prometidas medidas ejecutivas que había anunciado que iba tomar.

En este sentido, un mayoría amplia de los hispanos, un 77 %, cree que la reforma debe incluir una vía para la ciudadanía, un dato ligeramente por debajo del 82 % de abril de 2013. No obstante, y pese a la frustración por el bloqueo legislativo de la reforma, los latinos siguen considerando que el Partido Demócrata es mejor que el Republicano en el tratamiento de los asuntos de migración, con un 41 % frente al 19 %.

El 66 %, además, asegura que el argumento de los republicanos de reforzar la seguridad fronteriza es una "excusa" para no sacar adelante la reforma migratoria. La consulta, llevada a cabo entre el 3 y el 7 de septiembre, a mil hispanos, tiene un margen de error de más menos 3,1 %.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington.

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