Una oportunidad para los niños con cáncer

Una oportunidad para los niños con cáncer

En crisis de camas, hospital La Misericordia busca construcción de edificio para ampliar atención.

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06 de septiembre 2014 , 05:26 p.m.

Los largos periodos de medicación y quimioterapia, dormir lejos del hogar y la lucha diaria por vivir no es lo más duro que tienen que padecer los niños con cáncer en Colombia.

Que se enreden sus posibilidades de vivir en la puerta de un hospital por cuenta de una autorización médica o la ausencia de una cama es su drama más grande en un país donde se presentan, cada año, 2.200 casos nuevos de la enfermedad en esta población.

En eso piensan todos los días los médicos especialistas del hospital La Misericordia y la Fundación Homi. Pese a ser el hospital que recibe el 10 por ciento de los niños con cáncer en el país, “se quedan cortos”, dicen. “Con dolor en el alma hemos tenido que dejar de recibir niños por no tener más capacidad”, dice Mauricio Barberi, director general de la Fundación.

Hoy, la única esperanza es la construcción de un nuevo edificio en el mismo lote de la avenida Caracas n.° 1-13. Allí funcionarían 117 años de experiencia en el tratamiento de niños con esta enfermedad y uno de los cuerpos médicos más especializados y valorados del país. “Aquí los apoyamos para que sigan estudiando con tal de que se devuelvan a sanar a nuestros niños. Los oncohematólogos son escasos”, agrega Barberi.

Todo marcha bien. De hecho, ya comenzó la obra. Paradójicamente, la piedra en el zapato han sido los permisos y trámites en curadurías para derribar dos casas viejas que permitirían avanzar mucho más rápido en la obra. Y cada día de atraso es la oportunidad perdida de decenas de enfermos que necesitan atención urgente, mientras que en otras zonas de la ciudad pululan bares y discotecas que se abren de un día para otro.

Para Isabel Cristina Sarmiento, oncohematóloga pediatra, de nada sirve que más especialistas se preparen si Bogotá y el país no cuentan con los equipos, las salas y, lo más importante, la infraestructura nueva para atender la demanda creciente de esta enfermedad en el país.

Literalmente, adultos y niños se mueren todos los días porque las entidades prestadoras de salud enredan a los pacientes con autorizaciones o porque tardan en llevar a cabo exámenes. “En el caso de leucemia linfoide aguda, un 80 por ciento de los niños, según los estándares internacionales, se cura si recibe un diagnóstico acertado y un tratamiento a tiempo, pero en Colombia no se llega a un 50 por ciento por deficiencias en el sistema de salud”, afirma Sarmiento.

Esa situación la han tenido que vivir las madres, las familias de los niños que se levantaron un día con la noticia de que su hijo tenía cáncer. Muchos han tenido que despedirse de sus pequeños por no tener con qué pagar un hospedaje en la ciudad, un tratamiento o por la negación de medicamentos. “Una sola demora en el tratamiento médico es catastrófica”, agrega Sarmiento.

Por eso, hoy La Fundación Homi enfrenta una crisis y porque en el país fueron cerradas 650 camas pediátricas. También hacen falta más profesionales. En el hospital atienden el mismo número de médicos expertos (ocho) que trabaja solo en la Costa Caribe.

Cenaida López cuenta su historia porque su pequeño hijo Edward Steven Alonso acaba de ganar la primera parte de la batalla contra el cáncer. “Nos dimos cuenta cuando empezaron a salirle morados en las piernas. Su cuerpo ya no soportaba el dolor y le sangraba la nariz”.

Su familia, como la de muchos niños enfermos, llegó a Bogotá a buscar trabajo. “Mi esposo es obrero y yo le ayudo a una hermana. Cuando nos enteramos de la noticia, solo pensé en la muerte”.

Es afortunada. Hoy, su hijo avanza en una habitación del hospital, limpia y digna, que trata de cambiar lapsos de dolor por imágenes de gente sonriente o por juegos como el Xbox, que les sirve para aprovechar las horas de espera. “He visto cómo mueren niños cuando no los diagnostican a tiempo. Una amiga despidió a su hijo la semana pasada. Durante tres meses le demoraron los exámenes. ¿Cuántos niños más tienen que morir para que el Gobierno invierta plata en hospitales y salud digna?”, reflexiona López.

Hoy, Edward está a punto de regresar a su casa. “Quiero jugar fútbol, entrar a una escuela y mi sueño es conocer a James Rodríguez, que me visite y me dé una camiseta. Es mi héroe”, dice con una timidez implacable y una voz mesurada.

Tendrá que seguir en controles toda su vida, pero por lo menos tuvo la posibilidad de ser tratado.

De enero a julio de 2014, 18.256 pacientes no pudieron ser admitidos en este hospital por sobrepasar la capacidad instalada. “Solo pedimos que nos ayuden en todos los frentes para sacar adelante este edificio lo más pronto posible”, concluye Barberi.

¿Qué tendría el edificio?

Infraestructura de servicios de apoyo diagnóstico, cirugía y procedimientos.

Espacios para tratar a más niños con cáncer y otras patologías de alta complejidad.

Servicios de cirugía, neurocirugía y nefrología.

Resonancia nuclear magnética de última generación en pediatría.

Laboratorios clínicos, unidad de electrodiagnóstico central periférico y laboratorio de neumología.

Nueve salas de cirugía y 40 unidades de cuidado intensivo.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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