Álvaro Galvis estuvo desahuciado y ahora gana oros

Álvaro Galvis estuvo desahuciado y ahora gana oros

Tuvo cáncer y le amputaron la pierna izquierda. La vida del bicampeón mundial de Paraciclismo.

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06 de septiembre 2014 , 04:04 p.m.

La felicidad que causó el título de ruta de Álvaro Galvis, en el Campeonato Mundial de Paraciclismo el lunes pasado en Greenville (Carolina del Sur / EE. UU.), contrasta con el hoy modo de vida del ciclista. Los elogios no paran, llegan de todos los rincones del país, aunque el pasado del “maravilloso” campeón, como lo han titulado muchos, esté lleno de dolor, drama y de muchas, de muchísimas lágrimas, pues su vida no ha sido tan colorida como la misma camiseta arcoíris que lo distingue como el mejor del mundo.

Desplazados de la violencia causada por el ‘Bogotazo’ en 1948, sus padres, Ana y Eurípides, fueron obligados a abandonar Socorro (Santander) y radicarse en Bucaramanga dedicándose al trabajo doméstico y a la jardinería, pues tenían que sacar adelante a Eduardo, Hernando, Henry y Álvaro, quien siempre ha gustado del ciclismo.

“Mi vida siempre ha estado ligada a este deporte. Fui mecánico y masajista de los equipos de la Liga de Santander por cinco años; luego, vigilante de una clínica en Bucaramanga, hasta cuando me diagnosticaron cáncer de huesos, un condrosarcoma (tumor maligno que se forma en las células de los cartílagos)”, dijo.

Y todo cambió. Álvaro sintió morir. Durante seis meses vivió una profunda depresión. Lloraba solo con pensar en dejar solas a su esposa y a sus hijas (Daniela y Viviana). “El doctor me desahució. Llevaba seis años sin autorizar la amputación de la pierna y el tumor crecía cada vez más. Llegó el día en que le dijo a mi esposa: “Llévelo a la casa, que coma lo que quiera, porque el tumor lo va a matar”, afirmó. Entonces llegó la decisión más drástica que haya tomado en sus 44 años de vida: aceptar que de ahora en adelante sería discapacitado. “Si el desempleo y la falta de oportunidades son difíciles con una vida normal, con una discapacidad mucho más”, señaló Galvis Becerra.

Tras la cirugía, su familia siempre estuvo ahí, apoyándolo. Él no quiso sentirse un estorbo y por un año ayudó en un puesto de verduras ubicada en la plaza de Guarín que tenían sus padres. “Era muy difícil que mi esposa me mantuviera. No generaba ninguna clase de ingresos y sí muchos gastos. Lloraba, porque las niñas estaban pequeñas en esa época y no tenía para darles plata para el colegio. Fue muy duro”, dijo el también campeón de ruta categoría C2 en Roskilde (Dinamarca).

Pero el ciclismo pudo más y volvió a darle una oportunidad, esta vez encima de la bicicleta. “Mi hermano Eduardo empezó a indagar y encontró que en Cali realizarían los Juegos Nacionales Paralímpicos, corría el año 2008. Gané cuatro medallas y clasifiqué a mi primer Mundial en Italia un año después. Todo fue aprendizaje. En el 2010 terminé de noveno en el Mundial de Canadá y ese mismo año logré el oro y el bronce en la Eurocopa de Ciclismo Paralímpico en Praga (República Checa). En el 2011 llegó mi primer título mundial”, señaló.

Pero todos sus oros, platas y bronces, diplomas y demás reconocimientos no han sido suficientes para que Galvis y su familia tengan un lugar digno donde vivir. Hoy por hoy, el campeón del mundo, sí, está leyendo bien, el flamante campeón del mundo, vive en hacinamiento absoluto. Su hogar, además de su esposa, dos hijas y nieta, lo conforman cinco bicicletas y una caja gigante de herramientas que deben hacerse espacio en un pequeño sitio de solo 36 metros cuadrados en el barrio Caldas de la capital santandereana.

“Es una casa construida en 1960, y es de tejas y, bueno, allá es donde nos acomodamos todos. Quisiera que el Gobierno estudiara mi caso, pues como hago parte del programa de deportistas ayudados recibo tres salarios mínimos y según la ley, o debo ser desplazado por la violencia o debo vivir en extrema pobreza y no ganar más de un salario mínimo, y ahí es donde se pierde mi derecho para aplicar para una vivienda gratis”, afirmó el ciclista, quien aspira a participar en los próximos Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro (Brasil).

“La verdad es que para mi edad y en la categoría en la que estoy tengo muy buenas oportunidades de prolongar un poco más mi carrera y, hasta de pronto, asistir también a las justas que se realizarán en el 2020 en Japón”, afirmó.

Álvaro no quiere dejar nada al azar. Su vida ya ha pasado por múltiples inconvenientes como para repetir de nuevo la historia. Por eso desde ya se plantea la posibilidad de dedicarse a la dirección técnica, profesión que ya ha ejercido siendo monitor de las categorías menores de la Escuela de Formación de Floridablanca (Santander)

“Siempre quise trabajar en algo que estuviera relacionado con la salud, pero no se pudo. Ahora debo prever el futuro de mi esposa y el mío y por eso es que quiero dedicarme a enseñar lo que sé. Ojalá tuviera una oportunidad porque conozco mucho de este tema y sé que podría aportarles muchos más triunfos a mi tierra y a mi país”, afirmó Galvis.

ANDRÉS BOTERO B.
Redactor de EL TIEMPO

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