'No se puede obligar a las personas a seguir sufriendo'

'No se puede obligar a las personas a seguir sufriendo'

Juan Mendoza Vega, de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, defiende voluntad del paciente.

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02 de septiembre 2014 , 09:08 p.m.

La Academia Nacional de Medicina, fundada en 1873, dirigida a través de la historia por los médicos más importantes del país y ubicada en una de las pocas mansiones de dos pisos que siguen en pie, en el norte, sobre la carrera séptima, tiene un nuevo presidente: el médico neurocirujano Juan Mendoza Vega, presidente también de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente (DMD).

Una Junta Médica Nacional, convocada por el doctor Fernando Sánchez, expresidente de la Academia, redactó la Ley Estatutaria de la Salud, aprobada en mayo por el Congreso y avalada por la Corte Constitucional, en la cual se establece que la salud es un derecho humano fundamental.

“Es que la salud ha sido tratada como mercancía –dice el doctor Mendoza–.Y había una reforma incompatible con la ley Estatutaria. Había que demandarla. Nosotros hemos propuesto que el Sistema de la Salud se centre en la persona. Que prime el concepto de salud, no de enfermedad. Empezar a formar médicos que cuiden la salud será un cambio en la manera de enseñar la medicina. No debemos seguir enfocados en un sistema al que le interesa que haya muchas enfermedades y muchos médicos para cuidarlas. Con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos comprometimos a tener salud para todos. No más médicos curando, sino más profesionales: médicos, bacteriólogos, enfermeras, evitando que la gente se enferme”.

¿Se ha exagerado en especializaciones?

Que haya más especialistas no soluciona el problema de la salud. Necesitamos que haya menos enfermos. Si la gente se enferma más, nunca habrá suficientes médicos, hospitales y centros de salud para atenderlos. Habrá discusiones a propósito, pues hay quienes quieren que el tema salud no se centre en la prevención, sino seguir centrado en la enfermedad, en el tratamiento, etc. Necesitamos leyes que desarrollen el concepto salud como un derecho de la persona.

La teoría neoliberal dice que puede tener salud quien la paga y quien no pueda pagar, paga el Gobierno. Pero son tantos los que no pueden pagar, que no hay plata que alcance. Luego el modelo hay que cambiarlo. La plata de la salud no puede ser ganancia de nadie.

¿El hecho de que el ministro Alejandro Gaviria sea economista explica el enfoque económico de la reforma?

Veo que él está cambiando y creo que hará un gran mandato si aplica lo que sabe de economía con la óptica de que la salud no es negocio. Que el dinero de la salud debe gastarse en prevención, en más campañas de vacunación, de nutrición, de autocuidado de la salud, antes de tener que ir al hospital. Debido a la Ley 100, el Ministerio de Salud abandonó hace tiempos la vacunación, la lucha contra el paludismo, el dengue, etc. Dejó de ocuparse de la salud para pensar en más hospitales, más médicos, más especialistas, sin reparar que si la gente se enferma cada vez más, nunca habrá suficientes médicos, ni hospitales, ni centros de salud para atenderla.

Ingreso a la universidad

Juan Mendoza Vega nació en Chinácota (Norte de Santander). Interno en un colegio de Pamplona, demasiado rígido, estudió bachillerato. Su ingreso a la universidad se complicó: su padre había muerto, la carrera de medicina es costosa y su madre no podía pagarla.

En la Nacional había 1.160 aspirantes, para 100 cupos disponibles. Por fortuna, pasó las pruebas y pudo ingresar. Norte de Santander le ayudó con una beca de 90 pesos al mes.

Como todo estudiante que se respete, combinaba el estudio con las protestas. En la manifestación estudiantil del 8 y 9 de junio, salió a agitar y a echar piedra. El gobierno de Rojas Pinilla dispersó en forma violenta a los manifestantes.

Ingreso al periodismo

A Mendoza, ya en tercero de medicina, le quitaron la beca. Tuvo que dejar de estudiar. Pero un amigo le dijo: “¿Acaso no le gusta escribir? Vaya a El Espectador y dígale al director que quiere escribir para pagar sus estudios”.

Guillermo Cano, el director, le oyó el cuento al estudiante: “Traiga algo y si me gusta lo publico”, le dijo.

La historia que escribió Mendoza sobre la vida de los estudiantes pobres le abrió las puertas del periódico. Escribía notas, comentarios, noticias.

Con mejor sueldo pasó al turno de la noche: cuidar teletipos y hacer ronda por dos juzgados Tenía tiempo para estudiar, conoció a Gabo, trabajando como periodista.

Se graduó de neurocirujano en 1957, pero siguió escribiendo. Su columna ‘Medicina al día’ se mantuvo durante 40 años.
“Llegué a la medicina –anota Mendoza– por el periodismo”.

Un hecho doloroso lo impulsa a ser neurocirujano: su hermanito menor se rompió la cabeza al caer de una escalera. En Pamplona no había quien lo atendiera, y el niño murió.

“Mi intención era ejercer allá. Me especialicé en La Hortúa, entonces muy buen hospital, con exigentes profesores especializados en Suecia. Pero ejercer en Pamplona fue imposible. No tenía todo lo que exige la neurocirugía. Practiqué aquí durante 38 años. Al cumplir 65 años me retiré. No hay que esperar a que las manos nos retiren. Todavía no me tiemblan. No obstante, no quise operar más. Continué como académico y docente”.

La muerte cerebral

Ingresó a la Academia con un trabajo sobre la muerte e impuso en Colombia su concepto sobre la muerte cerebral, presentado en Chile, en un foro internacional.

“A raíz de la propuesta de unos ingleses, según la cual la muerte del cerebro es la muerte del ser humano, quise estudiar el tema desde el punto de vista neurológico. Consulté con líderes religiosos, judíos, mahometanos, cristianos y presenté la ponencia ‘La muerte cerebral es la muerte del individuo’. Fue aprobada”.

Ahora él trajina más sobre el derecho a morir dignamente en la Fundación que preside, fundada por Beatriz Kopp de Gómez, hace 35 años.

“Por sugerencia del doctor Pantoja, ingresé a DMD y ahí empecé a entender el concepto de la eutanasia, tema difícil de entender, porque el médico tiende a considerar que su deber es conservar la vida. Claro que nuestro compromiso es con la vida. Pero no con cualquier vida, ni con cualquier clase de vida. A quien está sufriendo de manera intolerable y no es posible aliviarlo, no se lo puede obligar a seguir viviendo, a seguir sufriendo. Eso es tortura”.

¿Y qué dice Derecho a Morir Dignamente?

Que la muerte digna no es solo eutanasia. Es morir como la persona haya escogido. Con el menor sufrimiento posible. La tarea de DMD es educar a los colombianos. Explicar que morir con dignidad es un derecho del ser humano y cómo es morir con dignidad. Si es necesario, ayuda a que respeten las decisiones de la persona que va a morir.

Falta más divulgación

A pesar de que no todos los médicos piensan como él, dice que ahora ese derecho se comprende más.

“No hace ni 10 años, tocar el tema en la Fundación Santa Fe era armar un problema. Solo Roberto Esguerra lo entendía.

Los demás médicos decían que el documento para negarse a aceptar tratamientos no tenía validez. Que solo debía respetarse el criterio científico. Hoy, la Fundación tiene un documento que puede firmar el enfermo grave que no quiera recibir tratamientos. Y los médicos tienen el deber de respetarlo. El trabajo de DMD ha calado.

Falta divulgar más los conceptos, promover la vinculación de personas. Somos tan serios en la materia que la Corte Constitucional nos pidió un concepto. Acepta que la muerte no es propiedad de alguien. Que no puede obligarse a las personas a seguir sufriendo porque otros creen que Dios manda el sufrimiento”.

Como presidente de la Academia, ¿qué planes tiene?

Modernizarla. Meterla en la era digital. La Revista Médica, quizás la más antigua del país en su género, está en la web y se puede consultar. Vamos llegando, en el mundo, a 10.000 lectores. Y planeo transmitir por internet, para servicio de los médicos, las conferencias de la Academia. Precisamente, uno de mis discípulos trajo una conferencia sobre el cabeceo y otras lesiones del fútbol, con estadísticas de lo que les pasa a los futbolistas que cabecean: pueden terminar, como los boxeadores, con lesiones cerebrales. Esto hay que estudiarlo.

LUCY NIETO DE SAMPER
Especial para EL TIEMPO

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