Una inmensa lección de historia con mirada de mujer

Una inmensa lección de historia con mirada de mujer

La mujer caribeña de mitad de siglo a la reedición de 'En diciembre llegaban las brisas'.

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02 de septiembre 2014 , 05:34 p.m.

Cuando Camila Mendoza –hija de Marvel Moreno– me pidió escribir para esta nueva edición de Santillana un prólogo a 'En diciembre llegaban las brisas, lo primero que encontré para decirle ante la magistral escritura de su madre era que no podía o no me sentía capaz, pues no era crítica literaria y, aún más, no había nacido en el Caribe colombiano, dos razones que me parecían imprescindibles para decir algo de esta novela de Marvel.

Ella me respondió que no era un ensayo literario el que me pedía, sino más bien, la mirada de una mujer para la cual el hecho de haber nacido mujer tenía un sentido en ese mundo aún tan patriarcal. Además, ella creía que mis 47 años de colombianidad, o sea mi experiencia vital me permitían hablar del mundo y del país físico y simbólico en el cual se desarrolla la novela de Marvel.

Finalmente, y después de volver a leer ese denso libro que había leído en los años noventa, acepté decir algunas cosas, pues la escritura, el contexto histórico –los años cincuenta y sesenta de una Barranquilla asfixiante y de una inmovilidad aterradora– el ambiente de esa burguesía retratada en las largas tardes del Country Club, sus personajes –los hombres y muy particularmente las mujeres protagonistas– hacen que esta novela tenga mucho que decir y enseñarnos desde una perspectiva de género.

Siempre he pensado que en el caso de las mujeres, una de las raíces de su opresión y de su secular discriminación era la pérdida de la memoria, es decir, la ignorancia de nuestra propia historia. En ese sentido, ´'En diciembre llegaban las brisas' es un monumento histórico no solo para las mujeres costeñas sino para todas las mujeres colombianas.
Incluso para mí, francesa y normanda de nacimiento, lo contado aquí por Marvel no me generó ni extrañeza ni desconcierto.

Por el contrario, me ofrecía mensajes transparentes de la mutación de un sistema patriarcal que se confrontaba con una modernidad que, en relación con la vida de las mujeres –con sus amargos, cuando no violentos, encuentros con los hombres, con la inseguridad del amor y con su sexualidad vigilada y controlada–, no lograba cambiar casi nada. Sin duda, mis bisabuelas y tatarabuelas vivieron algo parecido.

Claro, está la Costa, está Barranquilla con su pasado neocolonial y casi aún esclavista tan adherido a la clase alta, “ese lugar donde las abuelas llegaron trayendo a lomo de mula, en un hervidero de polvo, sus muebles y añoranzas de las ciudades más antiguas del litoral caribe”. También están el calor y el silencio de las inmensas casonas que contrastan con el bullicio de la servidumbre que se refresca y chismosea sobre las patronas a la sombra de un palo de mango en los patios reservados para ella; están las largas tardes de piscina en el Country Club y los bailes del Carnaval, y, sin embargo, a medida que avanzaba en la novela, descubría también mi historia, una historia que está adherida a nuestra piel de mujer y que hace parte hoy de nuestra memoria.

Una historia que durante tanto tiempo no interesó mucho a los hombres, probablemente demasiado centrados en sus hazañas para conquistar el poder; una historia que hoy hemos empezado a recuperar, a conocer y a asimilar gracias, entre otras cosas, a un libro como este. Marvel nos ofrece piezas imprescindibles del enorme rompecabezas de un pasado cercano que estamos hoy, y desde hace solo unas décadas, armando.

Relatos como este, a menudo nos dicen más que muchos discursos académicos archivados en oficinas universitarias. No olvidemos que recuperar la memoria, nuestra memoria, es iniciar el camino hacia la reparación que ese mundo patriarcal nos debe: es que no reclamamos el derecho a meternos en la historia, pues siempre hemos estado en ella, solo queremos reescribirla. Con esta novela, Marvel Moreno lo hace como ningún hombre lo hubiera podido hacer. Y no es exacto decir que la reescribe, pues la escribe. Y de qué manera…

En el momento de empezar a decir algo sobre esta novela, me venía a la mente una frase del filósofo rumano Emil Cioran: “Si prefiero las mujeres a los hombres es porque ellas tienen la ventaja de ser más desequilibradas, es decir, más complicadas, más perspicaces y más cínicas, por no hablar de esta misteriosa superioridad que confiere una esclavitud milenaria”. Parecía una frase escrita para hablar de las mujeres de la novela de Marvel.

En primer lugar está Lina –quien personifica los ojos de Marvel–, el hilo conductor de la trama que la autora teje minuciosamente y en la cual aparecen las demás mujeres: la abuela macondiana dotada de una sabiduría de alguna manera cósmica y cuyas predicciones debían cumplirse inexorablemente; sus tías, la tía Eloísa, la tía Irene, y muy especialmente las tres protagonistas, primas de Lina: Dora, Catalina y Beatriz. Tres mujeres neuróticas por culpa de una educación violenta y de una herencia materna que les entregó un odio sin límite a los hombres y a lo que significarían en sus vidas.

Aparecen también –imposible olvidar a estas figuras cuando uno habla de la Costa Caribe– las nanas o madres de leche, las prostitutas y algunas mujeres libres, como Petulia y María Fernanda Valenzuela, entre otras. Y tratando de acomodarse a ese mundo de mujeres está “la devastadora locura de los hombres”, como la nombra la misma Marvel.

Están Benito Suárez, Álvaro Espinoza y Javier Freisen y sus insoportables padres, violentos hasta con ellos mismos; víctimas sin saberlo de esa organización aberrante que habían inventado para dominar a las mujeres y a la sexualidad de ellas –finalmente no la logran controlar, pues de una manera u otra se les escapa por completo–. Al mismo tiempo, son hombres frágiles y temerosos hasta la locura ante el goce femenino; los hombres que viven dramáticamente la contradicción de no poder respetar a la mujer deseada, ni desear a la mujer amada.


La novela de Marvel describe, ante todo, el mundo femenino, ese mundo vigilado, castigado y tan controlado que termina siendo explosivo en la vida de las tres protagonistas. Cada una de estas mujeres entiende, a su manera, que luchar contra el poder sería la única manera de emanciparse y afirmar su propio yo.
Leer 'En diciembre llegan las brisas' es acercarse a una especie de tratado de psicología –cuando no de psiquiatría– lleno de mujeres de-sequilibradas, complicadas, atormentadas y al mismo tiempo cínicas y perspicaces, como las nombraba el filósofo Cioran. Mujeres que inconscientemente saben de ellas, y solo ellas, tal vez por esa milenaria historia de esclavitud que las dotó y sigue dotándolas hoy de una incuestionable autoridad, serán las que imaginarían otro mundo posible.

Marvel escribe desde el París de los años sesenta y ocho, con el viejo Freud, Lacan, Reich y la muerte del Padre. Desde allí fantasea con las mujeres barranquilleras, desde los debates que anuncian una revolución silenciosa y pacífica que se iba a gestar en Colombia, siempre y cuando las brisas decembrinas del cambio lleguen y logren desbancar ese mundo sin amor que apestaba a cautiverio, esclavitud, opresión, fragmentación y control.


'En diciembre llegan las brisas' permite entender desde una escritura de una precisión analítica asombrosa la lucha de las mujeres para obtener y ganarse un lugar en ese mundo tan poco hecho para ellas. Dotadas de un sexo misterioso y casi sideral, atraviesan las tempestades y los ríos tumultuosos de una cultura salvaje que hubiera debido aniquilarlas sin remedio, logrando lo que los hombres, con sus ataduras a la madre y a una prolongada infancia que los colmó sin dejarlos crecer, no podían salvar.


Claro, esta Barranquilla ya no existe, las mujeres de la novela tampoco, pues son las madres, abuelas y bisabuelas de las mujeres de hoy. Ellas son nuestra memoria. Lina misma nos cuenta en el epílogo de la novela que los años han pasado, que ella no ha vuelto a Barranquilla y que probablemente no volverá a esta ciudad que “está junto a un río, muy cerca del mar”.

Sin embargo, a través de los ojos de Lina, Marvel Moreno nos da una clase magistral de historia, de antropología, de sociología y de psicología con ese relato “que pinta con precisión el momento crucial en el cual se encuentra Barranquilla en las décadas del cincuenta y del sesenta: víctima del ‘boom’ económico, crispada sobre antiguos valores que no se apoyan más sobre la realidad y con aires de una modernidad que no logran cambiar su estructura profunda”, como lo dice Florence Baillon.

No obstante, nos permite vislumbrar el camino recorrido por mujeres dotadas de una fuerza descomunal para librarse de ataduras milenarias y resistirse a los embates de inmensos vendavales patriarcales.

 Por Florence Thomas

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