Esperó 19 años para preguntar a las Farc por qué mataron a su familia

Esperó 19 años para preguntar a las Farc por qué mataron a su familia

Constanza Turbay viajó a Cuba para pedir la verdad sobre los crímenes de su mamá y sus hermanos.

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15 de agosto 2014 , 11:47 p. m.

Siete veces había pasado por el quirófano en la lucha contra un tumor en el cuello, y las siete veces Constanza Turbay Cote le había rogado a Dios que le diera vida. Pero el 29 de diciembre del 2000 ya no la quería.

La desesperación la asaltó mientras un amigo la enteraba de una masacre de la columna Teófilo Forero de las Farc entre Doncello y Puerto Rico (en Caquetá). Los muertos habían sido su mamá, Inés; su hermano, Diego; el amigo de la familia Jaime Peña, y los tres escoltas y el conductor que los llevaba a la posesión del alcalde de Puerto Rico esa mañana. (Infografía: Una radiografía de las víctimas colombianas)

-“Me pregunté para qué quería la vida si lo había perdido todo. Cuando las Farc secuestraron y mataron a mi hermano Rodrigo podía compartir el dolor con mi mamá y Diego, pero si acababan de matarlos también a ellos, ¿con quién iba a seguir mi vida? Era yo la que debía estar muerta”.

Constanza, la mayor de la familia Turbay Cote y la única sobreviviente, se recuerda ese 29 de diciembre corriendo hacia una iglesia, en Bogotá.

-“Le reclamé a Dios porque me mantenía con vida, pero pronto reaccioné. Si me tenía viva algo quería de mí”.

Y el pasado viernes se embarcó hacia La Habana con otras 11 víctimas del conflicto armado, convencida de que en su destino estaba ser parte del momento histórico que tuvo lugar ayer, cuando personas dañadas por la guerra, como ella y los propios guerrilleros, se vieron cara a cara para buscar “una reconciliación”.

-“Lo perdí todo, pero tengo claro que nada de esto debe volver a ocurrir, y por eso vengo a La Habana sin odios, con una gran esperanza en este proceso de paz. La verdad nos sana a todos y vengo por la verdad sobre todo lo que hubo detrás del exterminio de mi familia. Se pueden negociar las penas, se puede negociar la reparación, pero no se puede negociar la verdad”.

Esto es lo que Constanza les dijo ayer a los delegados de las Farc en la mesa de negociación con el Gobierno.

El primer crimen

Su hermano Rodrigo fue secuestrado el 16 de junio de 1995, cuando era representante a la Cámara por el Caquetá. Supuestamente lo querían para enviarle un mensaje al presidente Ernesto Samper.

Pero después la guerrilla reclamó por la presunta pérdida de la plata para una carretera entre Florencia y Suaza. Y cuando la mamá del político liberal, Inés, probó que el dinero para la obra no había sido asignada por el Gobierno, los enviados de las Farc exigieron la plata que también, supuestamente, los Turbay Cote tenían en una aerolínea en el Líbano. El abuelo era libanés.

-“En la única prueba de supervivencia de Rodrigo, a los seis meses del secuestro, él decía que las Farc, para liberarlo, pedían solo la plata que les había costado mantenerlo en cautiverio”.

La cifra, 10.000 millones de pesos, despertó sospechas en su mamá, que llevó la carta a la Fiscalía. Allí le dijeron que el número original había sido alterado y que no se correspondía con la caligrafía de Rodrigo.

-“Pero la familia juntó una plata y entonces el emisario de las Farc dijo que tenían presiones para no liberar a mi hermano”.

Fue cuando comenzaron los rumores sobre la supuesta incidencia de políticos del Caquetá en el secuestro.

El 3 de mayo de 1997 la guerrilla comunicó que Rodrigo Turbay Cote se había ahogado mientras lo transportaban en una lancha por el río Caguán. Tenía 35 años.

-“Ese día mi mamá dejó de poner agua y frutas en un mueblecito que tenía a la entrada del apartamento, para que Rodrigo encontrara algo fresco cuando llegara”.

Lo esperaba a pesar de que contactos nacionales e internacionales de las Farc, a los que la familia había acudido, le advirtieron que la liberación se daría cuando pasaran las elecciones para el Congreso de 1998.

Guerrilleros del Bloque Sur entregaron el cuerpo de Rodrigo al Comité Internacional de la Cruz Roja en Santa Fe del Caguán, un lejano caserío del Cartagena del Chairá, un día después del anuncio de su muerte. Para los Turbay Cote estaba claro que lo querían fuera del escenario político.

A la izq., Rodrigo Turbay Cote, secuestrado por las Farc el 16 de junio de 1995 y quien según esa guerrilla murió el 3 de mayo de 1997 ahogado en el río Caguán, cuando naufragó la lancha en la que lo movían. En el centro, su otro hijo, Diego, asesinado el 29 de diciembre del 2000. A la der.: el entierro de los dos.

-“En el diario que Rodrigo hizo durante el cautiverio y que yo recuperé 13 años después de su muerte él dice que guerrilleros que lo cuidaban le dijeron que había intereses políticos en su secuestro”.

Hoy día es investigado por los asesinatos de los Turbay Cote el excongresista conservador del Caquetá Luis Fernando Almario, quien según testimonios en manos de la justicia, se habría aliado con las Farc.

Almario es el único exparlamentario investigado también por presuntos nexos con paramilitares. Este caso lo tiene preso hace dos años en la cárcel La Picota, de Bogotá.

-“Si Luis Fernando Almario dice la verdad, también estoy obligada a perdonarlo”, afirma Constanza.

Una semana después de la matanza en la que perdieron la vida su mamá y Diego, que para entonces era el presidente de la Comisión de Paz de la Cámara, el segundo jefe de las Farc para la época, ‘Raúl Reyes’, explicó los crímenes como una acción contra supuestos aliados de los paramilitares. El jefe guerrillero habló desde la zona de distensión para los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana, a minutos del lugar donde fue la masacre.

Y en el 2011, otros guerrilleros dijeron en un video que la muerte de los Turbay Cote había sido presionada por el congresista Almario.

Constanza recordó entonces una pregunta que se hacía su hermano Diego en vida: ¿Quién había envenenado a la guerrilla contra la familia?

En contra de los consejos de ella, Diego, que tenía 33 años cuando lo mataron, había decidido hacer política tras la muerte de su hermano Rodrigo.

El destierro

-“Aunque mi mamá siempre había dicho que cuando muriera quería ser enterrada al lado de mi papá y Rodrigo, en el cementerio de Florencia, a ella y a Diego los sepulté en Bogotá porque cuando los mataron entendí que no podía volver al Caquetá”.

De hecho, cuando Constanza intentó vender un ganado de la finca de su familia para terminar de pagar los gastos del funeral, la guerrilla le hizo saber que no podía. Y después la columna Teófilo Forero le mandó a decir que la finca, en el corregimiento Guacamas de San Vicente del Caguán, ya no era de ella.

-“Supe que tienen alquilado los pastos y que en medio de todo han conservado la hacienda como era. Espero que me la devuelvan”.

Constanza, una sobreviviente de la violencia política que ha caracterizado a Colombia y que ha dejado también cientos de muertos entre los militantes de izquierda, había dado su perdón a las Farc en abril del 2013, a través de las páginas de EL TIEMPO. Y el negociador de esta guerrilla en La Habana ‘Pablo Catatumbo’, en diálogo con este diario, había calificado la actitud de ella como “un acto de nobleza”.

Este fue un primer gesto de reconciliación. Ahora Constanza ratifica que “el encuentro entre víctimas y victimarios después de 60 años de dolor, con la idea común de la paz, es una oportunidad que no puede perderse”.

En el foro de víctimas en Cali se negó a ponerse una camiseta que identificaba a las víctimas de las Farc.

-“Es que me niego a seguir siendo víctima. La verdad que espero me liberará a mí de mi pena y a los guerrilleros, de su culpa”.

Caso lento en la justicia

El excongresista Fernando Almario, señalado en varios testimonios de aliarse con las Farc para sacar del camino político a los Turbay Cote, sigue negando su relación con el caso. El proceso no se mueve hace dos años y varios testigos han sido asesinados.

 

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO

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