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El virus del Ébola, un riesgo remoto pero real

El virus del Ébola, un riesgo remoto pero real

Pese a las alarmas lanzadas por la OMS, es baja la probabilidad de que este mal llegue a Colombia.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de agosto 2014 , 07:14 p. m.

Al declarar que el brote de Ébola que ha matado a 932 personas en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria –sin contar el caso de la misionera congoleña que murió este sábado en Monrovia– es una “emergencia de salud pública de importancia internacional”, la Organización Mundial de la Salud puso en guardia a las autoridades de salud pública del planeta.

Tras evaluar este brote, el organismo concluyó que la enfermedad, cuya vacuna podría estar disponible para el 2015, está en capacidad de propagarse, en parte por la evidente debilidad de los sistemas de salud de los Estados afectados, y de la propia OMS, para contenerlo. (Lea también: Crece preocupación mundial por el ébola; Nigeria pide voluntarios).

Por primera vez desde que se aisló el virus durante los brotes de Nzara (Sudán, 1970) y Yambukú, Bumbas y Río Ébola (Zaire, 1976), que mataron a cerca de 400 personas, la OMS considera que este es el peor en cuatro décadas de historia y seguimiento de la enfermedad.

Hasta marzo de este año, los brotes de Ébola, cuya mortalidad es del 90 por ciento, habían ocurrido en aldeas africanas, apartadas y ubicadas en zonas poco pobladas, lo cual limitaba su expansión. Pero desde abril su aparición en Guinea Conakry y posterior expansión a Liberia y Sierra Leona dio a entender a la OMS que estaba lidiando con un brote más peligroso. (Lea también: Vacuna contra el ébola podría estar lista en 2015: OMS).

Hechos los análisis, para la OMS es claro que tres factores epidemiológicos han contribuido con esta atípica difusión del virus.

El primero son las prácticas culturales y los ritos funerarios. En algunas zonas de África se consumen mamíferos pequeños que pueden ser reservorios del virus, como algunas especies de murciélagos y primates. A eso se suma la costumbre funeraria de lavar, besar y abrazar a los muertos.

El siguiente, y definitivo factor, es la llegada del virus a sitios con mayor cantidad de población, y el tercero la migración y la cada vez mayor facilidad que la gente tiene para desplazarse.

No en vano Guinea anunció este sábado el cierre temporal de sus fronteras terrestres con Liberia y Sierra Leona para intentar impedir la propagación de la epidemia, según declaró a AFP el portavoz del gobierno, el ministro del Empleo y la Enseñanza Técnica, Albert Damantang Camará.

Vale aclarar que el virus no viaja por el aire, por el agua o en objetos inanimados; se necesita que una persona enferma lo disemine. A diferencia de otros virus, como el de la influenza, que se transmite por las vías respiratorias, el ébola se contagia mediante el contacto directo con órganos y mucosas de personas infectadas, así como con fluidos como la sangre, la saliva, la orina, el sudor, el semen y las secreciones nasales.

La OMS ve un peligro real en el hecho de que el periodo de incubación de este virus, que oscila entre los 5 y los 20 días, no permitiría detectar a tiempo a una persona que lo porte, y que puede viajar sin presentar los síntomas que evidencian la enfermedad. En efecto, una persona con ébola manifiesto es fácilmente identificable; se trata de pacientes postrados y graves.

En cuanto a Colombia, el Ministerio de Salud insiste en que el riesgo de ébola para el país es bajo, dado el poco contacto que se tiene con los sitios del brote. Como no hay vuelos directos, los viajeros deben pasar por varias escalas y filtros antes de arribar al territorio.

Sería más factible, por ejemplo, que en caso de presentarse un brote secundario de la enfermedad en un país de América, la enfermedad entrara a Colombia. Pero a estas alturas, con las características del virus y los cercos epidemiológicos, esa es una posibilidad remota. También está el hecho de que en el país no hay especies animales que sirvan como reservorios naturales del ébola, lo cual hace mucho más difícil que se presente un brote autóctono.

La probabilidad, en síntesis, es baja (de hecho, aún no es necesario imponer restricciones a viajeros o mercancías ni cerrar aeropuertos), pero no se puede bajar la guardia. La vigilancia sanitaria en puertos, aeropuertos y demás entradas del país para inspeccionar personas, animales y elementos biológicos debe ser extrema.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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