Entrevista BOCAS: Andrés Barreto, o cómo ser millonario a los 28 años

Entrevista BOCAS: Andrés Barreto, o cómo ser millonario a los 28 años

Andrés Barreto, creador de Grooveshark, cree firmemente en que el futuro está en América Latina.

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08 de agosto 2014 , 09:21 a.m.

Lleva diez años construyendo un emporio económico que hoy factura varios millones de dólares. Se llama Andrés Barreto, es un colombiano de 28 años y un genio del emprendimiento tecnológico. No tiene carro ni casa, vive de ciudad en ciudad y carga un tornamesa en su equipaje, porque dice que algún día va a ser Dj. A los 18 años, con un proyecto universitario, creó la primera plataforma de audio en streaming, hoy con más de 35 millones de usuarios. Desde entonces, y luego de entender que el futuro está en nuestra región, ha consolidado siete nuevas empresasde tecnología con talento latinoamericano. Este es el más asombroso y práctico manual de cómo ser millonario (y colombiano) a los 28 años sin necesidad de ser futbolista.

Por Adriana Restrepo / Fotos Ana Lorenzana

No tiene carro ni casa ni más lujo que un par de tornamesas porque quiere ser DJ. Sin embargo, Andrés Barreto (colombiano, 28 años y con un look que parece sacado de la serie de televisión The Big Bang Theory), lleva diez años construyendo un emporio económico que factura varios millones de dólares.

Cuando tenía 18 años y cursaba el primer semestre en la Universidad de la Florida, en Gainesville, decidió crear, junto con dos amigos, Grooveshark, la primera plataforma de audio en streaming. Hoy su proyecto universitario es líder mundial (superando a Deezer y Spotify), cuenta con 35 millones de usuarios al mes y su importancia es comparable con la de Google o Amazon.

¡Un golazo! Una victoria contundente en el mercado que bien hubiera permitido a Andrés darse una vida de crack del fútbol: yates, un Ferrari y trajes de Armani. Pero no. El chico tuvo una mejor idea: cambiar el mundo y convertir a América Latina en una potencia mundial en emprendimiento tecnológico. ¿Ingenuo? Tal vez, pero si en una ciudad de 100.000 habitantes nació una empresa que mueve varios millones de usuarios en todo el mundo, América Latina definitivamente parecía un paraíso de oportunidades.

Y lo ha sido. Desde entonces, Barreto ha consolidado siete nuevas empresas de tecnología con talento latinoamericano, que hoy compiten con las más importantes de Silicon Valley, y ha invertido en 21 proyectos en América Latina con potencial global. Además, creó una fundación en Colombia para enseñar a los niños a programar en ocho semanas.

Esta es la historia de un jovencito bogotano con pocos amigos y una obsesión irreparable por los computadores. Que contó con el apoyo de sus papás (una odontóloga y un ingeniero electrónico –“mi papá era más ñoño que yo”–), aun cuando en la universidad no le fuera del todo bien, y con muchísima pero muchísima determinación.

¿En qué colegio estudió?

Estudié en el San Jorge de Inglaterra y después en el Anglo Colombiano, hasta que cumplí 12 años. En ese momento me fui con mi familia a vivir a la Florida.

¿Por qué se fueron?

Durante los años 1998 a 2002 más de dos millones de colombianos emigraron del país por la situación de Colombia. Mi familia forma parte de ese montón de gente.

¿Sufrieron amenazas?

No era el lugar donde mis papás querían que yo creciera. Y en ese momento teníamos la oportunidad de viajar a Miami.

¿Allá dónde estudió?

En una escuela pública. Es interesante, pero pasó mucho tiempo antes de que yo entendiera el shock cultural que viví. Cuando estaba en Colombia no veía el esfuerzo enorme que hacían mis papás para poder enviarme a un colegio privado y bilingüe. En ese momento a mí no me parecía extraño que mientras yo iba al colegio en bus, la mayoría de los estudiantes llegaban en carro con chofer y guardaespaldas. Después, cuando llegué a la Florida, tampoco me daba cuenta de que era extraño que en la escuela hubiera policías. Para mí era normal que arrestaran niños dentro del salón de clases. Solo hasta el año pasado, viendo los debates del Gobierno sobre las balaceras, entendí que nada de eso era normal. Que no pasaba en todos los colegios.

Si no lo veía raro, ¿fue fácil adaptarse?

No. Aunque yo sabía inglés, era emigrante y me costó muchísimo.

¿Era nerd?

No me iba muy bien en el colegio, pero sí era muy nerd. Nunca me fue bien en matemáticas, pero desde que estaba en Colombia pasaba todos mis recreos en el laboratorio de computación. Y cuando llegaba a la casa me daban las tres y cuatro de la mañana frente al computador, aunque tuviera que madrugar al otro día.

¿Cuál era su promedio?

De un tope de 4 siempre lo mantuve como en 2,7.

¿Tenía amigos? ¿Iba a fiestas?

[Risas] Mis amigos eran más ñoños que yo, aunque a ellos sí les iba bien en el colegio. Y de fiestas, nada. Fue hasta grande que empecé a salir. Éramos muy nerds. Lo que sí hice fue deporte. Jugué tenis por siete años, hasta que me di cuenta de que mi carrera profesional como tenista no iba para ningún lado, así que decidí quedarme con mis computadores.

Hablemos de la universidad. Usted pasó por varias carreras y terminó estudiando ciencias políticas. La pregunta obvia es por qué.

A los 18 años salí de Miami y me fui a Gainesville, para estudiar en la Universidad de la Florida. Lo primero que intenté estudiar fue ingeniería, pero, como nunca me llevé bien con las matemáticas, terminé reprobando todas las materias del primer semestre. Sin embargo, no permití que eso fuera una excusa para no involucrarme en el mundo de la ingeniería. Así que en segundo semestre monté una empresa, Grooveshark [actualmente, la mayor plataforma de streaming del mundo, con 35 millones de usuarios al mes], con estudiantes de ingeniería de la misma universidad. En Estados Unidos no es común que las personas se desarrollen en la carrera que estudiaron. Y mucho menos en la industria de tecnología. Muchos de los grandes emprendedores ni terminaron la carrera. Mark Zuckerberg, por ejemplo, estaba estudiando filosofía cuando creó Facebook.

No le fue bien en ingeniería, ¿entonces se pasó a ciencias políticas?

Intenté estudiar periodismo, pero no me dejaron entrar. Intenté estudiar administración de empresas, pero me di cuenta de que eso tenía poca relevancia frente a lo que yo estaba haciendo. Hoy en día les digo a los jóvenes que estudien cualquier cosa menos administración de empresas, porque eso se aprende en la práctica. Me di cuenta de que no necesitaba estudiar algo para buscar trabajo, porque en ese momento ya tenía dos empresas que eran exitosas. Tenía que estudiar algo que realmente me gustara, por eso terminé en ciencias políticas. Lo estudié por amor al arte, por pasión. Pero gracias a esta carrera adquirí mi interés en el desarrollo económico de América Latina a través del emprendimiento tecnológico.

¿Qué otra empresa tenía en ese momento?

Como no me dejaron estudiar periodismo, cree la empresa Pulso Social justo después de Grooveshark, para aprender a ejercer periodismo y cubrir todo lo que era emprendimiento tecnológico en América Latina.

Finalmente, es autodidacta…

Desde primer semestre hacía desarrollo de software a la medida para pagar algunos gastos que la beca no cubría. Desde muy chiquito aprendí a programar y todo lo que sé es gracias a Wikipedia. Uno puede aprender casi de cualquier cosa ahí. Todo está en Internet.

¿Cómo nació Grooveshark? ¿Es la típica historia de tres chicos en un garaje?

Casi. Nació en el dormitorio de mi socio y en el laboratorio de computación de la universidad que estaba abierto 24 horas. Solo hasta unos meses después pudimos alquilar una oficina del tamaño de un clóset, donde metimos a seis estudiantes a trabajar. Se creó a punta de estudiantes y practicantes, que estábamos aprendiendo a programar, diseñar, vender, manejar contabilidad y leyes. Era el año 2006 y todos debíamos tener alrededor de 18 años. Nuestros primeros escritorios eran unos vejestorios rescatados del basurero de la Facultad de Arquitectura. También usábamos las cajas de los computadores como bases y la caja de un tablero fue nuestra primera mesa de juntas. A los estudiantes los atraíamos con la idea de que iban a aprender, que era algo chévere y que tarde o temprano habría un sueldo. Hoy en día en esta empresa trabajan alrededor de 80 a 100 personas.

¿Quiénes fueron sus socios?

Sam Tarantino y yo nos conocimos en un club de emprendimiento tecnológico. Ahí también recluté a mi socio técnico, Josh Greenberg. Poco a poco nos volvimos el grupito de estudiantes al que venían a preguntarnos sobre cualquier idea de emprendimiento. Todas mis empresas han nacido de una necesidad propia. Sam Tarantino es músico y él quería distribuir su música y hacer dinero con ella. Yo quería poder oír música del mundo, porque en el pueblito de Gainesville era muy difícil hacerlo. Yo ya venía desde el colegio estudiando sobre la industria de la música, todo lo que estaba pasando con Napster, LimeWire y esas plataformas. Todos mis ensayos del colegio eran sobre ese tema. También sabía ya algo de diseño y de programación, así empezamos a darle forma a la idea.

¿Y el dinero? ¿Con cuánto empezó?

Al principio con nada, con las uñas. Después ya algunos amigos y familiares aportaron algo de capital, pero solo fue hasta 2007 cuando Grooveshark empezó a tener impacto fuera de nuestros amigos. En desarrollo siempre oí hablar de tres excusas. La primera es que no hay emprendimiento porque no hay dinero. Pero para empezar una empresa de tecnología no se necesita dinero. Yo lo comprobé. Groveshark no se creó en Nueva York o en Silicon Valley, se creó en Gainesville, una ciudad de 100.00 habitantes, en la mitad de la nada. Creo que lo único que hay alrededor son 300 kilómetros de pantano. Y lo creó un grupo de estudiantes, sin experiencia programando, sin contactos y sin dinero.

¿Cuáles son las otras excusas?

Otra excusa es que no hay cultura emprendedora. Pero también es falso. Cuando creé Groveshark pensé “si esto es posible aquí, imagínate lo que se puede hacer en Colombia, en México, en Argentina”. Y desde entonces mis empresas han estado alineadas a contribuir al desarrollo económico de América Latina. Como dije antes, Pulso Social nació para desarrollar mi gusto por el periodismo, pero también para mostrarle al mundo que existen otros emprendedores en América Latina haciendo cosas muy interesantes. Hoy es una comunidad de 600.000 emprendedores, tecnólogos e inversionistas.

En 2008 empecé a viajar y en 2009 me fui definitivamente a América Latina para no volver a Estados Unidos en un buen tiempo. Me fui para crear la audiencia de Pulso Social. En esa época nadie hablaba de emprendimiento tecnológico, entonces me tocaba ir, de ciudad en ciudad, tocando puertas. Me di cuenta de que tener un medio que hablara de emprendimiento no era suficiente. Si de verdad quería cambiar la cultura, tenía que buscar otros medios que cubrieran emprendimiento y tecnología. Entonces, en ese año abrí mi tercera empresa, Socialatom. Es una agencia de relaciones públicas que ayuda a crecer a otras empresas de emprendimiento. Hoy la contratan Netflix y otras grandes empresas de Silicon Valley. Con esas empresas resolví esa excusa: sí hay cultura emprendedora.

¿Y la tercera excusa?

Que en América Latina no hay talento para hacer productos globales. ¡Falso! En 2010, para poder monetizar Pulso Social de una mejor manera, cree Onswipe, que hoy en día es una de las redes de publicidad más grandes del mundo para dispositivos touch y tablet y cuenta con 50 millones de usuarios al mes. Esta empresa ha conseguido los mismos inversionistas que Google, Facebook, Twitter y todos los top. Pero lo más interesante de esta empresa es que se creó en América Latina con un equipo de ingenieros mexicanos y diseñadores de Argentina y Colombia. Con eso comprobé que en América Latina sí se pueden hacer empresas globales.

¿Cuánto valen sus empresas?

Hasta el momento, todas mis empresas, las ocho que creé y las 21 que he ayudado, son privadas. No han salido a bolsa pública, que es la que puede dar un valor.

¿Su idea es llevarlas a la bolsa, como pasó con Facebook?

Sí. La idea de mis empresas es que lleguen a bolsa pública o que llegue una empresa más grande y las compre. El objetivo de las empresas de alto impacto en tecnología no es que sea la empresa que hereden mis hijos y los hijos de mis hijos. Hasta el momento solo he vendido una empresa que se llamaba Claromatic, la compró la competencia, Embassador. Pero en el resto de las empresas sigo manteniendo mis acciones.

¿Cómo gana dinero con sus empresas?

En Grooveshark a través de publicidad, servicios para marca y artistas. Otras empresas cobran membresías, cobran por descargas o por transacción.

¿Cuánto se demora una empresa de tecnología en empezar a recibir ganancias?

Hay empresas que durante los dos primeros años no facturan nada. En el tercer año pueden facturar 10 millones de dólares, en el cuarto, 20 millones de dólares. Pero lo normal es que en los primeros dos años no ganen nada.

¿Se dedica a todas sus empresas?

No, mantengo las acciones en mis empresas. Pero desde 2013 decidí empezar a invertir en otros emprendedores que, como yo, quisieran cambiar el mundo, quisieran cambiar la industria y que desde América Latina estuvieran haciendo productos globales. Hasta el momento llevo 21 inversiones, ayudándolos a hacer crecer sus empresas rápidamente.

¿Qué busca en un emprendedor en el que va a invertir?

Busco tres cosas: que el equipo sea capaz de ejecutar, porque las ideas no valen nada, lo que vale es que la gente sea capaz de llevarlas a cabo. Busco que tengan un prototipo ya hecho, aunque esté muy feo. No me interesan los emprendedores que dicen que necesitan dinero para empezar. Grooveshark empezó sin dinero. Onswipe empezó con una inversión de 700 dólares y me demoré tres semanas en sacarla adelante. No se necesita dinero para empezar, se necesita para crecer, por eso busco que ya haya al menos un prototipo y que haya evidencia de crecimiento. Es decir que más de una persona lo use y el mercado lo esté pidiendo. Y finalmente busco que la idea sea global desde el primer día o por lo menos que funcione en toda América Latina. La tecnología da esa flexibilidad, entonces debe aprovecharse. Con esas tres variables filtro el 99 % de oportunidades de inversión.

¿Dónde vive?

Vivo entre Nueva York, Ciudad de México, Bogotá y Medellín.

¿Dónde están sus cosas?

Siempre están conmigo. Yo vivo con dos maletas: una maleta negra de deporte donde cargo ropa para semana y media. Y en mi mochila cargo mi computador, mi iPad y dos mezcladores porque estoy practicando para ser DJ.

¿Tiene apartamentos en cada ciudad?

Con Socialatom Ventures, la empresa que invierte en empresas, tenemos apartamentos corporativos y centros de emprendimiento en las ciudades. En estos apartamentos me hospedo.

Supongo que no está casado ni tiene hijos…

No estoy casado y es un beneficio por ahora. Tampoco tengo hijos. No es que nunca lo vaya a hacer, pero por ahora disfruto de la flexibilidad de viajar y poder ayudar a los emprendedores. Tenemos inversiones en Nueva York, Argentina, Chile, Silicon Valley, Washington D.C, entre otras ciudades. Por el corto o mediano plazo espero seguir haciendo esto.

¿Tiene novia?

Estoy soltero todavía.

¿Tiene tiempo para ver a sus amigos?

En cada ciudad tengo un grupo de amigos. Nunca estoy en ningún lado, pero a la vez siempre estoy, porque vuelvo todos los meses. Visito una ciudad cada mes. Entonces, como estoy por un tiempo corto siempre me reúno con mis amigos. A veces cuando uno vive en una ciudad, termina sin verse jamás con su gente.

No tiene casas, ¿en qué gasta su dinero? ¿Cuáles son sus lujos?

En ningún momento he visto el gusto a gastarme el dinero en cosas que no sean experiencias. No compro casas, apartamentos ni carros lujosos porque no los necesito. He hecho los cálculos y es más caro tener carro en Bogotá que andar en Uber o taxi. Creo que hay cosas que son más un statement de la clase media y alta que una necesidad de verdad. En realidad, para vivir como individuo necesito muy poco, entonces todo ese dinero he preferido invertirlo en empresas. Así vivo mejor, le saco más provecho y es mucho más divertido.

¿Cuáles son las experiencias en las que gasta?

Me gustan los deportes outdors. Cuando viajo, el fin de semana me voy de la ciudad y hago rafting o escalo o algo así. Eso me encanta. Y también mi más reciente hobby, que es el de producir y mezclar música, por eso ando con mis mezcladores a todas partes.

¿Es vanidoso?

Cero vanidoso. Tengo un equipo de relaciones públicas que se encarga un poco de decirme “oiga, no salga así” o “no se ponga eso”. En realidad en el mundo de la tecnología poco importa cuáles son tus apellidos, dónde estudiaste o cómo estás vestido. Lo que importa es qué has hecho. Es una meritocracia.

¿Cómo es su pinta diaria?

Jeans, camiseta y suéter. A veces me toca disfrazarme, pero creo que ni tengo corbatas.

Gracias a su posición imagino que ha conocido gente muy importante. ¿Quién lo ha impresionado?

He conocido a gente muy impresionante en el mundo geek. Aunque no sean muy famosos, para mí la tecnología que hacen es impresionante y he tenido la fortuna de invertir en varios de ellos. Para mí esta gente es más apasionante que los políticos o las celebridades. Aunque también he tenido oportunidad de reunirme con personajes importantes. Hace un par de semanas estuve con el expresidente de República Dominicana, Leonel Fernández, y con su esposa, que es la vicepresidenta actual de ese país. He logrado reunirme con Juan Manuel Santos y con el ministro de tecnologías, Diego Molano, con quienes hemos trabajado muy de cerca. Esa parte es maravillosa, porque me permite mezclar el mundo de la política a la tecnología. Estoy ayudando a varios gobiernos a desarrollar política pública para el emprendimiento tecnológico y el desarrollo económico.

¿Y a Bill Gates, Mark Zuckerberg?

A Mark Zuckerberg lo conocí en 2008, durante un evento. No tuvimos mucho tiempo para hablar ni nada, pero me pareció una persona sencilla. A Bill Gates no he tenido el placer.

¿Le molesta que lo llamen “el Mark Zuckerberg latino”?

Es una comparación injusta, porque ojalá yo hubiera podido hacer lo que hizo él. Pero lo que sí me gusta es que en los medios hoy en día aparezca un personaje que no es el futbolista, no es el político, no es el narcotraficante, sino que es un emprendedor.

Es como el rockstargeek...

¡Exacto! Y si la comparación ayuda a posicionar a este nuevo role model, pues que me comparen. ¡Está perfecto! Quiero que los jóvenes vean que es algo alcanzable y que se puede hacer.

¿Se ha equivocado en algún negocio?

Me equivoco más de lo que acierto. En el mundo del capital de riesgo, la mayoría de las empresas fracasan. Le pongo un ejemplo: de diez empresas, tres fracasan, tres se mantienen, a tres les va bien y solo una da el retorno de las otras nueve y deja ganancia, incluso después de haber asumido las pérdidas de las nueve restantes.

¿Cuál ha sido su empresa más exitosa?

Grooveshark está desde el 2006. Nosotros hicimos streaming mucho antes de cualquier otro. Además es la más famosa. Pero Ownswipe ha sido la empresa de crecimiento más alto en el tiempo más corto.

¿Cuáles son sus planes para el futuro?

Mi objetivo, de aquí a los próximos diez años, es abrir las inversiones que hacemos con mis socios para poder acompañar a los emprendedores con tres y cinco millones de dólares por equipo emprendedor. En este momento hacemos inversiones pequeñas, de 50.000 dólares. Pero si gracias a este modelo a escala pequeña hemos logrado que algunas de las empresas hayan obtenido millones de dólares en inversión de riesgo y compras por millones de dólares, imagínese lo que se puede hacer con más.

¿Conoce la situación actual de la educación en Colombia?

Sí. La diferencia entre un colegio bueno y uno malo es muy grande. Y en cuanto a las universidades suelen decir que no están formando profesionales para lo que el mercado está pidiendo, y es cierto. Pero la responsabilidad de las universidades en Colombia o en Londres no debería ser entrenar para la industria, sino enseñar a aprender. El currículo que estudian durante cuatro o cinco años deja de ser relevante en el mercado en seis meses. Por otro lado, solo existe una práctica profesional durante la carrera. Yo he contratado empresarios con cinco años de experiencia después de graduarse de la universidad en Colombia que no están al nivel de estudiantes en Estados Unidos, porque allá hacen cuatro prácticas antes de graduarse. En Colombia, entre semestres, los estudiantes se van de vacaciones y no hacen absolutamente nada. Se quedan esperando a que la universidad los entrene y no es así. En mi opinión, los estudiantes deberían estudiar filosofía, química, ciencias sociales o naturales. El mercadeo, la contabilidad, las finanzas se aprenden en la práctica. En resumen, hacer más prácticas es lo único que puede volver competitiva a Colombia.

¿Quiénes son los ejecutivos de sus empresas?

Hay estudiantes de segundo año que se vuelven ejecutivos de mis empresas. El vicepresidente global de Grooveshark empezó durante su primer año de universidad y hoy maneja todo la parte global.

¿Lo difícil es ser viejos?

Al inicio son muy jóvenes, eventualmente llegan personas con más experiencia. Pero los muy jóvenes alcanzan cargos de muchísima responsabilidad porque desde la universidad ya están trabajando. Cuando contrato estudiantes nunca les pregunto por su hoja de vida, les pregunto qué han hecho fuera de la universidad o fuera del trabajo, para ver si tienen iniciativa propia.

¿Cómo ve a Colombia en este momento?

La diferencia de la Colombia que dejé cuando tenía 12 años a la de ahora es enorme. Ahora es fuerte. No solo yo creo en ella, hay cientos de empresas captando inversión de resigo de afuera, además se están construyendo equipos muy talentosos de desarrolladores y programadores. La tasa de crecimiento de Colombia ha sido tan alta que este año sobrepasó a Chile y va a seguir con un crecimiento exponencial. Colombia está muy bien.

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