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Las innovaciones militares del primer conflicto global

Con la creación de armas químicas, tanques y portaaviones, la guerra cambió de forma definitiva.

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26 de julio 2014 , 09:39 p.m.

La misma Gran Guerra –que hace 100 años estalló con el disparo que mató al archiduque Francisco Fernando, terminó con imperios y mató a 10 millones de personas– dejó también como herencia importantes cambios en la estrategia y tecnología militares.

Durante el siglo XIX, todos los conflictos bélicos habían sido relativamente breves, lo que llevó a los generales europeos a creer que esta nueva guerra tendría un rápido desenlace. “Estarán en casa antes de que caigan las hojas”, les vaticinó el káiser alemán Guillermo II a sus soldados, al enviarlos al frente de batalla.

Pero la presunción de victoria rápida olvidaba que el nuevo conflicto traía consigo un componente ideológico: el nacionalismo.

El convencimiento de los soldados de que luchaban por “la nación” hizo que la tasa de reposición de los ejércitos fuera muy alta, tanto en la fabricación de municiones como en el reclutamiento. Y fueron los esfuerzos por quebrantar esos ánimos nacionalistas los que impulsaron una carrera tecnológica que provocó grandes cambios en la estrategia militar. Aquí, las principales innovaciones militares que dejó la Primera Guerra Mundial.

La guerra química

Hoy, el uso de gases tóxicos es considerado un crimen de guerra y un arma de destrucción masiva. Pero durante la Primera Guerra, el káiser Guillermo (emperador alemán) las veía como “una forma superior de matar”. “En ese tiempo se las consideraba una excelente arma, desde el punto de vista de la economía de fuerzas, y una buena opción para romper las trincheras”, explica Fernando Wilson, académico de la Facultad de Historia de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Chile. Tras un primer intento fallido en enero, los alemanes consiguieron su propósito al lanzar gas cloro a las trincheras francesas el 22 de abril de 1915, cerca de Ypres (Bélgica).

En poco tiempo, los aliados estaban utilizando armas químicas también y, durante el transcurso de la guerra, ambos bandos fueron desarrollando compuestos cada vez más tóxicos para poder traspasar las máscaras de gas, otro invento nuevo. El problema de estas armas era que, una vez superada la sorpresa inicial, un ejército bien preparado podía contrarrestar totalmente su efectividad.

Atravesar la trinchera

En 1914, la “guerra de movimiento” que esperaba la mayoría de los generales europeos se estancó en una inesperada, y aparentemente imposible de ganar, guerra de trincheras. Entre los disparos de ametralladoras y la enorme cantidad de soldados que defendían las trincheras con rifles, los atacantes sufrían miles de bajas antes de poder llegar al otro lado de la “tierra de nadie”, como se conocía al espacio entre ambos ejércitos.

“El tanque nace como una herramienta técnica para vencer dos elementos nuevos: el alambre y las ametralladoras”, comenta Wilson. El primero de estos vehículos militares, el Mark I británico, fue diseñado en 1915 y apareció en combate al año siguiente.

En un principio, los ingleses les pintaban en el techo la palabra tank, para hacerles creer a los alemanes que se trataba de tanques de agua o de algún otro líquido.

Los franceses, en tanto, inventaron el Renault FT, que estableció el diseño tradicional que utiliza la mayoría de los tanques modernos.

Despegue en el mar

Los portaaviones nacieron debido al esfuerzo de los británicos por producir una escuadra de ataque que les permitiera llegar a un enemigo que se negaba a salir a combatir y que, al mismo tiempo, proveyera reconocimiento estratégico para poder enfrentar la dificultad en las comunicaciones, uno de los principales problemas de la época. La primera nave que permitió tanto despegue como aterrizaje de aviones fue el HMS Furious, que nació como un enorme barco de combate de 240 metros de largo y que luego fue adaptado para permitir tanto despegue como aterrizaje. Posteriormente, en 1918, los ingleses comprarían el acorazado chileno Almirante Cochrane, antes de que fuera terminado, para transformarlo en el portaaviones HMS Eagle.

Combate bajo el agua

El submarino había llegado a una cierta madurez técnica un poco antes de la Gran Guerra. Ya había diseños en Estados Unidos, Rusia y Alemania.

Sin embargo, el conflicto armado produjo un cambio importante en su uso. “La Gran Guerra consolida la madurez técnica y provee un sentido táctico al submarino. De nada sirve tener un aparato muy sofisticado si no sabes para qué usarlo”, sostiene Wilson.

Este fue un instrumento ampliamente usado por los alemanes –con sus temibles U-Boat (sumergibles)– para hacer frente al poderío de la armada británica.

Pese a su efectividad para hundir barcos enemigos, el efecto que tuvieron en la guerra es controvertido hasta el día de hoy, ya que algunos de estos ataques terminaron afectando a los países neutrales en el conflicto, por lo que muchos historiadores consideran que fueron un factor determinante en la derrota alemana. El caso más emblemático fue el hundimiento del transatlántico Lusitania, que llevaba más de cien pasajeros estadounidenses, cuya nación, hasta ese momento, se había mantenido neutral en el conflicto.

Cambio de estrategia

El uso masivo de trincheras, sumado al nacimiento del nacionalismo como ideología vinculada a la guerra, provocó que, por un lado, la rendición fuera inaceptable para ambos bandos y que, por el otro, ningún ejército tuviera la capacidad de acabar con el enemigo. De ahí nacen dos consecuencias político-estratégicas importantes: dos visiones opuestas de la guerra y de cómo obtener la victoria.

Desde el punto de vista alemán, había que impedir a ultranza una repetición de la línea de trincheras. Entonces surge la idea de las operaciones en profundidad, que buscan aniquilar al enemigo con un despliegue potente y de rápida acción. Los franceses, por el otro lado, agotados por la guerra, llegan a la conclusión inversa: que la actitud defensiva es la clave para la victoria, y se preparan para una nueva guerra de desgaste.

NICOLÁS GARCÍA DE VAL
El Mercurio (Chile)