En Irak, milicias chiitas combaten ahora a sunitas fundamentalistas

En Irak, milicias chiitas combaten ahora a sunitas fundamentalistas

La resistencia inicial hacia Estados Unidos, hoy se convierte en alianza para derrotar al enemigo.

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22 de julio 2014 , 09:51 p.m.

Bagdad. Pocos metros después de abandonar Bagdad, por la carretera alterna que conduce del distrito noroeste de Shula, hacia la población de Karma, la guerra va tomando forma.

La congestión de la capital, incrementada por los retenes de seguridad, ha dado paso a una vía casi desértica donde transitan esporádicamente algunos carros, la mayoría de ellos camionetas llenas de hombres que se mueven en ambas direcciones. En las casas campesinas que aparecen a lo largo, el movimiento es escaso. Y en los retenes protegidos por barreras de hormigón, que se levantan cada par de kilómetros, es difícil distinguir quién tiene el control. Ejército y milicianos visten el mismo camuflado.

Mientras solo unos cuantos soldados aparecen bajo el sol inclemente –muchas veces jóvenes con una kaláshnikov gastada como única defensa–, el control en esta zona recae en los hombres de Asaib Ahl al Haq, considerada la milicia chiita con más experiencia de las que pelean contra los integrantes del Estado Islámico de Irak y del Levante, Eiil, en los diferentes frentes de batalla en el país.

Especialmente en la capital, a la que Abu Shaker al Baghdadi, el emir de Eiil y hoy califa del Estado Islámico –que proclamó su propio califato en tierras que van de Siria a Irak–, ha declarado como objetivo. También lo son las ciudades sagradas de los chiitas de Najaf y Kerbala.

“Creemos que todo lo relacionado con los chiitas va a ser atacado”, explicaría más tarde un combatiente veterano de Asaib Ahl al Haq, que se hace llamar Abu Ali, de 34 años, y que lleva un par de semanas peleando en el frente de batalla contra el Eiil en Ibrahim Bin Alí, en las cercanías de Karma.

“Hemos logrado parar su ofensiva y ahora somos nosotros los que avanzamos”, cuenta Abu Ali con optimismo, a pesar de que la excursión planeada para visitar ese frente fue abortada dos kilómetros antes de llegar, porque los del Eiil empezaron a disparar.

“Tienen francotiradores en esta carretera que se activan cuando les avisan de movimiento extraño”, dijo, al dar la orden de regresar, el mismo comandante que por largo periodo insistió que el área estaba controlada. Porque, a pesar de la capacidad militar que reclaman, decenas de hombres han muerto en batalla, como es evidente en el cementerio de la sagrada ciudad chiita de Najaf, donde cada día llegan nuevos cuerpos de esta organización y de otras milicias chiitas. “Es un enemigo extremadamente fuerte”, confirmaría Ahmad al Kinani, portavoz de Asaib Ahl al Haq.

Pelea en dos frentes

Ya de regreso al centro de Bagdad, en el cuarto de edición de la televisión Al Ahd, que pertenece a esta milicia chiita, hoy convertida en organización política, el equipo de producción muestra videos de los últimos enfrentamientos de la milicia en el frente. Se observan decenas de hombres bien armados enfrentándose con hombres que ellos identifican como integrantes del Eiil o Daesh, como se conoce a esta agrupación por sus siglas en árabe.

En las imágenes, que los integrantes del canal habían grabado tres días atrás, se puede comprobar que los milicianos pelean sin la compañía del Ejército, como había reconocido a EL TIEMPO el portavoz, Ahmad al Kinani, quien aseguró que ellos han puesto a sus hombres a disposición del Ejército iraquí y que tienen presencia allí donde está Daesh.

“No los sustituimos ni estamos en competencia con ellos. Solo los apoyamos y cubrimos sus huecos”, confirmó al responder a los señalamientos que hacen muchos en Irak sobre el papel que juegan las milicias chiitas en la campaña del gobierno del primer ministro chií Nouri al Maliki, para detener el avance de los integrantes de Eiil y del llamado levantamiento sunita, encabezado por algunas tribus sunitas que se oponen al gobierno central, al que acusan de sectarismo, y a viejos integrantes del régimen del dictador Sadam Husein.

Las fuerzas armadas entraron en una crisis sin precedentes después de que miles de uniformados abandonaron sus posiciones cuando integrantes de Eiil tomaron Mosul, segunda ciudad del país, y siguieron una campaña que los llevó a pocos kilómetros de Bagdad. Durante esta ofensiva liderada por Eiil, con apoyo de los opositores sunitas, capturó gran cantidad de armamento, municiones y vehículos.

“La gran batalla la libran Asaib Ahl al Haq y Katiba Hizbolá –otra milicia chiita iraquí– porque son mucho más fuertes que el Ejército. Tienen mejores armas”, aseguraba en otra conversación, Razen al Marwani, uno de los líderes de las Brigadas de Paz, nombre con el que se rebautizaron las milicias chiitas del ejército del Mahdi, la gran milicia de esta secta creada durante la invasión estadounidense por el clérigo Muktada Sadr.

Estas milicias no solo llevaron a cabo fuertes ataques contra las misiones extranjeras, sino que fueron protagonistas de la guerra sectaria que desangró al país hasta que se detuvo poco a poco en 2008.

Desde entonces, estaban congeladas. Pero una gran marcha en Bagdad el 21 de junio anunció su regreso. Aseguran que han asumido la misión de defender los lugares sagrados del país y proteger las ciudades, donde los expertos aseguran que el Eiil tiene gran número de células dormidas.

“En el Ejército iraquí hay muchos Pablos Escobar. Hay mucha corrupción”, dice Al Marwani, quien asegura que esta es una de las razones para que las fuerzas armadas no hayan respondido al ataque de Eiil como se debía. “Muchas personas tienen que pagar dinero para poder entrar. ¿Cómo se puede motivar así a la gente?”, acusa.

Entre Siria e Irak

“El llamado del deber para defender el país es el que nos llevó al frente de batalla”, asegura Al Kinani, el portavoz de Saib Ahl Haq, que reconoce que su participación está coordinada desde las altas esferas. “Ellos nos señalan nuestra misión y nuestra dirección organiza la estrategia por seguir”, reconoce Al Kinani, quien no niega la cercanía de estas milicias con Irán, del que han recibido financiación y entrenamiento desde su ruptura con el ejército de Mahdi, en el 2006.

“La razón por la que estamos al frente en la pelea contra Daesh es por la experiencia de Siria. Los conocemos bien. Siguen los mismo patrones que allí, como los carros bomba y las explosiones en las carreteras”, explica Abu Ali, quien cuenta que su último viaje a Siria, de los múltiples que ha hecho en los últimos dos años, fue hace cuatro meses. Pero la lucha dentro de Irak, dice, es diferente a pesar de tener el mismo enemigo.

“Ellos –Eiil– dieron el primer golpe y por eso ha sido difícil controlarlos. Además lograron capturar muchos equipos y municiones”, asegura Abu Ali. Y da como segundo argumento, para justificar las dificultades de esta batalla, que la mayoría de combatientes son iraquíes. “En Siria hay sirios, pero también hay muchos iraquíes y extranjeros, como europeos. Aquí la mayoría son locales, lo que les da la ventaja de que conocen el terreno”, dice.

Muchos de los hombres de Asaib Ahl al Haq, que hoy pelean en Irak en contra de Eiil, han combatido en Siria en los dos últimos años. Por eso ellos consideran la defensa de los lugares sagrados chiitas, como el mausoleo de Zayida Zeinab –única nieta del profeta Mahoma–, a quien los fundamentalistas islámicos sunitas habían declarado como objetivo. A las milicias chiitas cercanas a Irán como Asaib Ahl al Haq, o la libanesa Hizbolá, se les acusa hace tiempo de ser piezas claves en la avanzada del régimen sirio a pesar de sus argumentos de que solo defienden los lugares sagrados. “Seguiremos peleando allí hasta que no quede ninguno de ellos”, argumenta Abu Ali.

Pero la experiencia militar de estos hombres no comenzó en Siria. Los más veteranos fueron entrenados durante la guerra que libraron contra las tropas internacionales, especialmente estadounidenses, cuando invadieron el país en el 2003. “Con los norteamericanos ellos eran los invasores y nosotros los locales. Conocíamos los puntos fuertes y débiles y eso nos ayudaba a combatirlos”, dice Abu Ali al recordar aquellas épocas, en las que Asaib Ahl al Haq se atribuye 6.000 ataques.

Pero esta milicia, liderada por el clérigo Qas al Khazali, no solo peleó contra los invasores. También fue protagonista del conflicto sectario que hoy vuelve a amenazar al país. “La gran mayoría de los sunitas tenemos un problema. Daesh quiere que todos sigamos su manera de pensar y el que opina lo contrario merece morir”, asegura el jeque sunita Yasser Al Hapeeps, quien señala que esta preocupación se suma la reaparición de milicias chiitas que, irónicamente, hoy pelean del mismo bando de los estadounidenses, que han enviado 800 asesores del país.

“La diferencia es que ahora los necesitamos para esta pelea. Pueden participar mientras no se queden”, asegura el jeque chiita Nasser Alsadi, uno de los grandes líderes de las hoy Brigadas de Paz.

CATALINA GÓMEZ ÁNGEL
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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