Renato Capriles, un venezolano de corazón colombiano

Renato Capriles, un venezolano de corazón colombiano

El fundador de Los Melódicos falleció de neumonia; fue internado el pasado 3 de julio en Caracas.

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08 de julio 2014 , 09:06 p.m.

“Qué ri-ico, sabro-oso, tan du-ulce, qué rico, rico, rico ¡rico!” La voz de la chica envuelta en trompetas merengosas levantan de la silla a quien sea en cualquier fiesta venezolana y colombiana; nadie queda indiferente a la cadencia. Es uno de los miles de arreglos que montó, junto con sus músicos, el maestro Renato Capriles, fundador de Los Melódicos, fallecido este martes en Caracas tras una semana de luchar contra una neumonía.

Tenía 82 años y todos los números de su biografía parecen hechos para romper récords. Su banda cumplió 55 años de cantar y bailar sin parar, dirigió más de 100 discos, ganó más de 200 premios nacionales e internacionales y hasta en un mismo concierto se las arregló para tocar la misma canción (El pompo) 27 veces.

De esa máquina de ritmo salieron cantantes como Rafa Galindo, Argenis Carruyo, Manolo Monterrey, Cheo García, Perucho Navarro, Roberto Antonio, Miguel Moly y las famosas Verónica Rey, Liz y Diveana, por nombrar solo algunos de quienes entraron a la escuela de Capriles y salieron con la vida hecha.

Y no por poco. Las radios venezolanas no dejaron de transmitir los testimonios de estos pupilos, que recuerdan sobre todo dos cosas de Capriles: cariño y exigencia, por partes iguales. A EL TIEMPO se lo explicó Verónica Rey, con la voz entrecortada. “Cuidaba todos los detalles y nos cuidaba. No era solo un tema de puntualidad, de ensayos rigurosos. Nos exigía buen comportamiento, puntualidad, buen arreglo en el vestir. Me decía: ‘Mira, Verónica, acuérdate de que estás todo el tiempo como en una pantalla de televisión’. Nada le era indiferente. El maquillaje, el último sonido... Así nos enseñó y por eso salir de la banda no era quedar solo, porque habías aprendido mucho”, cuenta.

Su magia comenzó de la mano del dominicano Luis María ‘Billo’ Frómeta, fundador de la Billo’s Caracas Boys, la primera big band de Venezuela, luego de cuya disolución Capriles formó Los Melódicos.

Capriles no tuvo formalmente educación musical, pero fue el ingeniero de sonido que desde 1958 dio con el ‘tumbao’ que necesitaban las salas de baile de Venezuela en los 60 y los 70. “Era mucha la demanda de música en las radios”, dijo una vez en una entrevista para justificar otro número imposible. “Por eso Los Melódicos hacíamos cuatro discos al año (…). Luego hacíamos tres”, dice.

Durante esa, la época de los ‘bailes’, Renato Capriles juntó éxitos como Por un maní, Apágame la vela, El catre, que todavía se bailan y se bailarán hasta que el Caribe siga bañando a Venezuela y Colombia. Los expertos no lo dudan, porque la cosecha de Los Melódicos siguió en los 80 y los 90, con éxitos indudables como Papachongo, Ay, amor, Diávolo y Zúmbalo. Las fiestas de 15 años, los bautizos de pueblo y matrimonios de alcurnia –a nadie le importa– llegan al paroxismo del baile con esas piezas, que recuerdan a una Caracas menos agresiva y más feliz.

¿La clave? El oído que se esfumó, el oído de Capriles y su talento para actualizarse. Lo dice Enrique Matamoros, líder de la orquesta Las Vibraciones: “Cuando estaba con la orquesta era muy disciplinado, muy delicado y batallador; siempre buscando lo mejor. Pero él llevaba, además, el ojo clínico, la capacidad de ver lo que le gustaba a la gente; buscaba el ritmo, fuera la cumbia o el jazz. Él decía: ‘Voy a buscar el que va a meter el gol’. Miraba lo que hacían las orquestas pequeñas y lo adaptaba a su gran orquesta, pero sabía muy bien a quién poner en dónde, y cuando no sabía, preguntaba. Yo soy 20 años más joven que él y me llamaba, me consultaba cosas, salía de dudas; fue un maestro también por eso. Era como mi hermano; fue el padrino de mi boda”.

Su talento como relacionista público también es conocido. Su formación real fue de publicista, y de allí salieron los eslóganes con que bautizó a Los Melódicos, que un tiempo fueron “la orquesta que impone el ritmo en Venezuela” y otros años, “la orquesta de todos los ritmos”. De cualquier modo, nadie duda de que su ensamble de 20 personas, entre músicos y cantantes, será por mucho tiempo –ahora de la mano de su hija Iliana, que la lleva desde hace cuatro años– referencia de la música latinoamericana. (Vea: Los famosos que se han ido este 2014).

Sus allegados coinciden en algo fácil de comprobar con mirar cualquier archivo, y fue su amor por Colombia. Asiduo de los carnavales de Barranquilla y Cartagena, nunca se cansó de llenar teatros en Bogotá, Bucaramanga y Cali, igual le daba, mientras estuviera de este lado. “Él, para allá no podía irse a una gira de dos semanas: era mínimo de dos meses; luego regresaba, calentaba un poquito y se iba otra vez –dice Matamoros desde Caracas–. Incluso una vez me dijo: ‘Mira, Enrique, si se echa a perder el juego me voy para Colombia. Ya Colombia es parte de uno, para las orquestas. La música que se toca allá llama más la atención que aquí en Venezuela’ ”.

“Yo no cantaba ni cumbia ni pasodoble; apenas balada. Cuando entré a Los Melódicos yo lloraba porque no sabía interpretar muchas cosas. Cuando empezamos a viajar a Colombia y a empaparnos de su cultura y su folclor fue cuando me solté. Renato nos decía que este era el lugar para aprender”, cuenta Verónica.

Las giras siempre fueron en bus, muy intensas; cada baile era como el último. De la mano de Óscar García logró hacer transfusiones de ritmos colombianos a sus piezas. Pero el público, fuera de aquí o de allá, era su gran consentido. “Allí sí se daba todo. La banda era el origen de su alegría, pero con el público era lo máximo accesible, muy carismático”, recuerda el hoy locutor Gerardo Valentín, cantante que comenzó con Los Melódicos y participó en otras orquestas de Capriles, que llegó a ser como el ‘oráculo’ de otras siete bandas.

En Venezuela no lo lloran, le agradecen. Y será el miércoles a las cuatro de la tarde cuando lo entierren en el Cementerio del Este de Caracas, pero con música y sin lágrimas.

Los números de Capriles

La orquesta se fundó el 15 de julio de 1958.

Quince músicos, cuatro cantantes y Renato Capriles, 20 profesionales en total, eran la base de Los Melódicos.
Desde 1968 la orquesta tuvo 22 cantantes femeninas (la Billo’s no tuvo mujeres) y 43 masculinos.

En Colombia y Estados Unidos se publicaron 50 LP.

En Venezuela salieron 100 LP.

Entre las voces más conocidas en Colombia que hicieron parte de Los Melódicos están Víctor Piñero (‘Apágame la vela’), Lee Palmer, Doris Salas (colombiana), Verónica Rey, Liz (‘A dormir juntitos’), Diveana, Manolo Monterrey (cubano), Rafa Galindo, Rafa Pérez, Willy Quintero, Óscar Santana, Perucho Navarro, Cheo García y ‘Chiqui’ Tamayo (cubano).

‘A ese señor hay que admirarlo’

Archivo EL TIEMPO

ALBERTO BURGOS
Especial para EL TIEMPO
Autor de una decena de libros sobre música popular

Medellín. Rafael Renato Capriles Ayala, nacido en San Esteban (Puerto Cabello, estado de Carabobo), nació 28 de diciembre de 1931. Miembro de una familia pudiente, dueña de medios en su país, de joven era seguidor de la Billo’s y amigo del maestro ‘Billo’ Frómeta. Siempre estaba en las presentaciones de la Billo’s y, cuando, en el 57, a Billo le prohibieron trabajar en Venezuela, Renato le expresó su intención de formar una orquesta. Billo fue quien escogió el nombre Los Melódicos y quien hizo los arreglos del primer long play. Por eso, en el primer disco, Los Melódicos suenan igual a la Billo’s.

Capriles no era músico, sino un tipo con recursos. Con el tiempo fue perfeccionando el estilo, gracias a arreglistas como Estelio Bosch Cabrujas y, después, Óscar García, de Urrao (Antioquia). En años recientes tuvo un arreglista que puso la orquesta a sonar distinto, pues le incorporaron merengue y hasta reguetón. Cambiaron la identidad.

En Caracas trabajó Rodrigo Soto, un cantante colombiano que grabó como con 10 agrupaciones venezolanas, y venía a Medellín y se llevaba la música de las orquestas colombianas y la repartía entre las de ese país. A Renato no le daba pena decir que el 60 por ciento del material que grababan era colombiano. Cogían vallenatos y porros y los imponían en todo el continente. En los 70, la música en Colombia la manejaban las orquestas venezolanas, porque ese era un país muy rico, y podían darse ese lujo, pero no tenían la cantidad de compositores que teníamos nosotros.

A ese señor hay que admirarlo, porque hizo mucho por nuestra música colombiana. Quiso a nuestro país, a nuestra música. Se lucró, pero hizo nuestra música importante en el continente.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO

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