El mundialista que conserva el balón del 1-1 contra Alemania

El mundialista que conserva el balón del 1-1 contra Alemania

Rubén Darío Hernández, vieja gloria del fútbol colombiano, narra cómo fue ese momento.

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30 de junio 2014 , 02:33 p. m.

Ese día la alegría se llamó gol. “Leonel por el esférico –narraban en la televisión–, pasa al ‘Bendito’, ‘Bendito’ entregando para el ‘Pibe’ Valderrama; pica la pelota y arranca con el balón, domina y entrega a Rincón, Rincón con el ‘Bendito’, ‘Bendito’ pasa al ‘Pibe’, el ‘Pibe’ a Rincón; muy bien, viene Colombia Dios mío, ¡Gol! ¡Viva Colombia! ¡Gol! ¡Gol de mi Colombia querida!”.

Era 19 de junio y ante unos 72.000 mil espectadores que colmaron el mítico estadio San Siro, en Milán, la Selección, después de ir perdiendo 1–0, le empataba a Alemania y se clasificaba a octavos de final en el Mundial de Italia 90.

Era una hazaña, se le empató al mejor equipo del mundo en el último minuto y en el país se dejó de hablar de Pablo Escobar y el Cartel de Cali para celebrar la victoria de la selección.

En las calles reinó el desorden, el agua y la harina. No faltaron las peleas, la rellena y la ‘pola’.

Mientras en Colombia se cantaba gol al unísono y en los barrios se organizaban francachelas populares, en el San Siro, Rubén Darío Hernández, vieja gloria del fútbol colombiano, celebraba desde un costado de la cancha el empate del seleccionado nacional. Él se quedó con el balón que escribió con letras de oro una parte de la historia del fútbol nacional.

Hernández, que nació en Armenia el 19 de febrero de 1965, jugó en 10 equipos de la liga colombiana y en el Metrostars (Estados Unidos), como delantero. Jugó 565 partidos y marcó 197 goles.

“Yo estaba de suplente. Cuando Alemania metió gol Maturana me envió, junto con Arnoldo, a calentar. En esos minutos Freddy hace el gol y pega carrera hacia una esquina a celebrar con todo el equipo. Estábamos gritando. Entonces, cuando terminó el alboroto y volvíamos al banco, el arquero alemán Bodo Illgner, rabioso, pateó el balón, este rodó por donde nosotros regresábamos. Fue en ese momento cuando vi el balón. Mi reacción fue ir a cogerlo. Me senté en el banco con él, reiniciaron el partido y ya habían arrojado otro balón”, dijo.

Hernández, que fue recogebolas a sus 13 años en el antiguo estadio San José, en Armenia (demolido en 1999), nunca sospechó que ejecutaría la misma función en un mundial de fútbol, junto a los grandes.

Hoy, 24 años después, ‘Rubencho’, como le llaman, contempla en la alcoba de su apartamento en Armenia el Adidas Etrusco (nombre oficial del balón del empate).

Para Hernández el balón “representa uno de los momentos más gloriosos del fútbol colombiano en toda su historia”. La mítica pelota, que ‘Rubencho’ mantiene intacta, reposará en un museo sobre fútbol colombiano y mundial, que inaugurará el Mauricio el ‘Chicho’ Serna en Medellín.

GABRIEL LINARES LÓPEZ

PEREIRA

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