De inventos y calamidades / Cine: 'Amor índigo'

De inventos y calamidades / Cine: 'Amor índigo'

Porque los días suelen parecerse a llamativas burbujas de jabón que pronto se revientan...

28 de junio 2014 , 05:33 p. m.

La espuma de los días, novela publicada en 1947 por el dramaturgo parisino y jazzista Boris Vian (1920-1959), ha sido lectura obligatoria en las escuelas francesas y su reciente adaptación del cineasta Michel Gondry se presta para cuestionar el papel de las imágenes sobresaturadas en un entorno pretendidamente surrealista.

Dos melodías del compositor y pianista Duke Ellington (Chloe y Mood Indigo) le dieron nombre tanto a su protagonista femenina como a la cinta en español; con las experimentaciones de un piano-coctel y las burlas al filósofo Sartre –aquí llamado Jean-Sol Partre–.

El flechazo de amor en plena fiesta, la enfermedad que obstruye una luna de miel y la muerte que ronda sobre los amantes actúan de telones dramáticos para el pesimismo generalizado y las depresiones nerviosas. Porque los días suelen parecerse a llamativas burbujas de jabón que pronto se revientan… Colin (él) y Chloé (ella) protagonizan una inconclusa historia de amor loco, con amigos insólitos: Chick (fanático de quien no entiende), Nicolás (chef ultramoderno de anguilas salteadas), el ratón humanizado de trazos infantiloides y el absurdo doctor Come-manchas por el mismo Gondry.

El buffet animado de surtidos abrebocas y coloridos canapés delata la presencia invisible de un realizador amante del rock, creador de célebres videos comerciales y muchos contrapunteos musicales.

Además de formular El eterno resplandor de una mente sin recuerdos –junto al guionista Charlie Kaufman–, y maravillarnos con La ciencia de los sueños, ahora nos brinda una paleta de colores cálidos que se torna sombría en la fase degenerativa de una tuberculosis originada por un lirio en el pulmón. Sus prodigiosos aparatos, en lucha constante con una poesía disparatada, no convencen del todo.

La figura menuda de Audrey Tautou (Amelie) y el carisma del actor Romain Duris (el jefe de La mecanógrafa) sorprenden ante las actitudes dulces y vulnerables de personajes inicialmente concebidos por la pluma del controvertido e irreverente intelectual que siempre fue Boris Vian. En medio de inventivos juegos de palabras, en francés, Gondry impresiona por su arrebatada creatividad hasta perder el hilo narrativo y saturar al espectador.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
laurens@etb.net.co

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