Así construye EPM la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales

Así construye EPM la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales

Será la más moderna de Latinoamérica. El agua que se vierta al río tendrá 80% menos de contaminante.

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25 de junio 2014 , 08:37 a. m.

Impresionante. Es la única palabra que puede describir la magnitud de las obras de la Planta de Tratamiento de Aguas residuales que construye EPM en Bello.

Tan sólo los tanques de sedimentación, que lucen como gigantes naves extraterrestres, medirán más de 50 metros de altura, cuando estén terminadas.

Todos los frentes de obra son inmensos y los obreros que laboran allí parecen diminutos frente al tamaño de las estructuras. Por los inmensos terrenos de la obra, más de 700 personas trabajan en medio del polvo, del sol y de las infinitas sombras que forman las estructuras.

Un ejemplo de lo que representan esta obra es que hoy cuando apenas su avance va en un 15 por ciento, el concreto que se ha vaciado sería como construir un tubo de un metro de diámetro por 70 kilómetros de largo. Y es que en esta descomunal infraestructura tratarán las aguas residuales del sector más densamente habitado del valle de Aburrá y el que más carga contaminante arroja al río Medellín, la central.

La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Bello (PTAR) supera en tres veces la capacidad de la Planta San Fernando (que trata las aguas de municipios del sur). Mientras San Fernando tiene un capacidad para tratar un caudal de 1,8 metros cúbicos de agua por segundo, la de Bello la triplica con 6,5 m3/segundo. Eso, cuando entre a operar en septiembre del próximo año.

“Cuando la Planta entre a operar, al agua que revertirá al río tendrá un 80 por ciento menos de carga contaminante. Eso es lo que nos exige la norma”, explica Carlos Enrique Muñoz Uribe, director del PTAR de EPM.

El ingeniero explica que si bien el sueño recurrente de que haya vida en el río Medellín es utópico por la velocidad del río canalizado, con ese tratamiento lo que se generan es un río sin olores, que no transporta agentes productores de enfermedades. “Se suma el trabajo permanente que se hace en la ciudad de reconducción de las aguas residuales para que no caigan a las quebradas”, precisa.

A nivel mundial existen plantas de tratamiento primario, secundario y terciario. En Bogotá existen, por ejemplo, plantas de tratamiento primario: retiran la carga contaminante hasta un 50 por ciento máximo.
En los países más desarrollados existen plantas de tratamiento terciario, que retiran más del 98 por ciento de las cargas.

La de Bello será de tratamiento secundario y retirará, como ya se dijo, el 80 puntos porcentuales de los contaminantes.
“En la Planta de Bello hay posibilidades de hacer tratamiento terciario pero eso se podría dar en un futuro y adicionando tecnología”, aclara el director del proyecto.

Tanto para la construcción de la planta como del Interceptor Norte, la gigantesca alcantarrilla que captará y conducirá el agua del río hasta la planta, se invertirán en total 347 millones de dólares, producto de un empréstito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Aunque el cronograma de obra tiene un leve retraso, el director del proyecto precisa que ya se estableció con el contratista –el consorcio hispano-coreano Aguas de Aburrá (HAA)– jornadas nocturnas para recuperar el tiempo perdido. En ese turno trabajarían hasta 120 personas.

Por ahora, el gris del concreto integrado en las enormes estructuras, es el que manda. En poco más de un año, el verde y una arquitectura atractiva para los habitantes del sector, será la cara de una megaobra que le dará al planeta, agua más limpia.

Así será el tratamiento de aguas residuales de nueva Planta de Bello

El Interceptor Norte capta las aguas residuales a la altura de Moravia (norte de Medellín) y desde allí las conduce a la planta de tratamiento. Una vez allí, el agua pasa por unas rejas que retienen los elementos sólidos que los ciudadanos arrojan: tratamiento preliminar.

Pasa a tanques de sedimentación en dos fases: primaria y secundaria. Sedimentada, pasa a los ‘sopladores’ donde las bacterias comedoras de contaminantes se renuevan. Luego pasa a los tanques de aireación y salen dos aguas: una va para el río y otra para biosólidos

Víctor Vargas Rodríguez
Redactor del Diario ADN
Medellín

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