'Vivimos como si fuéramos animales': refugiado iraquí

'Vivimos como si fuéramos animales': refugiado iraquí

Unas 600 familias de Mosul viven en condiciones extremas en campamento de Khaser.

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24 de junio 2014 , 05:18 p. m.

Apenas 20 kilómetros los separan del infierno de Mosul. Todos han huido para salvar sus vidas desde que hace dos semanas el grupo radical Estado Islámico de Irak y el Levante (Eiil) se hizo con el control de la segunda ciudad más grande de Irak. Sin embargo, su día a día es ahora otra pesadilla. (Lea también: Más de mil muertos en 17 días en Irak, dice la ONU).

Alrededor de 600 familias viven en condiciones extremas, bajo lonas de plástico y una temperatura de 45 grados, en el asentamiento temporal de ‘Khaser Camp’.

Los desplazados árabes de Mosul conviven con “culebras y escorpiones” en este árido lugar, explica Yehia, uno de los voluntarios de la Fundación Barzani, del presidente del kurdistán, Masoud Barzani.

El campamento está protegido por los asaiysh (una especie de policía kurda) que hacen a la vez de centinelas e impiden a los refugiados árabes cruzar más allá del puesto de control situado en la autovía que va a Mosul. “Es una cárcel, vivimos como si fuéramos animales. Tengo un bebé de tres meses y no tengo leche para alimentar a mi niño”, nos aborda desesperada una mujer como si nosotros pudiéramos ayudarle.

La vida en el campo de Khaser pasa con parsimonia. Los refugiados tienen todo el día para no hacer absolutamente nada. Solamente, intentar protegerse del sol abrasador y las fuertes ráfagas de arena del desierto.

Musa, de 18 años, estaba prestando el servicio militar. El pasado 14 de junio, un grupo de yihadistas algunos “de nacionalidad afgana o paquistaní, además de libios y sirios” entraron en los barracones y sacaron a todos los cadetes afuera. “Nos pusieron de rodillas y uno a uno nos fueron preguntado si éramos suníes o chiíes. Se llevaron a aquellos que dijeron ser chiíes. Tenia mucho miedo y mentí. Les dije que era suní”, relata Musa.

Al joven le hicieron rezar cuatro veces seguidas, de la manera que lo hacen los suníes, para comprobar que no estaba mintiendo. Después lo dejaron irse.

Los yihadistas –explica Musa– cuando tomaron la instalación militar, le dieron a los soldados y oficiales la opción de poder marcharse y dejar las armas y equipos militares. “Solo querían las armas, los uniformes y las tanquetas”, precisa.

Kamal, otro refugiado, explica que un familiar suyo que sigue en Mosul le dijo que el Gobierno central ha cortado las comunicaciones y la electricidad. “No están castigando al Eiil, están castigando a la población civil. Al final lo que conseguirá Al Maliki es que todo el mundo se vuelva en su contra”, advierte Kamal.

A unas tiendas más allá, Khan Hani se pelea con un ventilador que se para cada dos minutos. “La corriente eléctrica es muy baja. No da ni para enchufar un ventilador”, se queja, empapado en sudor.

Hani tiene familia numerosa. Nueve hijos y una mujer. Su vivienda en el barrio de Tarmus, el primero que tomaron las milicias suníes, lideradas por el Eiil, fue bombardeada por la aviación iraquí cuando el ejército de Bagdad estaba combatiendo con los extremistas. “Lo hemos perdido todo. No sé qué vamos a hacer. Las condiciones aquí son muy duras. Tengo miedo de que mis hijos pequeños mueran deshidratados”, lamenta Hani.

“No hay futuro. El futuro de Irak es incierto. Qué vamos a ofrecerles a nuestros hijos el día de mañana. Al Maliki con sus políticas sectarias ha generado esta insurgencia. Pero él vive cómodamente en su palacio y mi familia bajo una lona de plástico”, expresa este hombre que se derrumba en lágrimas. El gobierno del Kurdistán ha puesto medidas restrictivas para los árabes (suníes y shiíes) que huyen del conflicto.

“El primer día que estalló la crisis entraron al Kurdistán 100.000 personas sin ningún tipo de control. Así que tuvimos que reforzar las entradas con el despliegue de nuestras fuerzas de seguridad para proteger la región de los terroristas”, explica a EL TIEMPO Barzan Hadi, director adjunto de los Asaiysh.

“Nosotros tratamos a todo el mundo por igual, cristianos, kurdos, y árabes. El problema es que no queremos que las diferencias entre suníes y chiíes desestabilicen nuestra región. Los cristianos y kurdos son bienvenidos, al igual que los árabes que tengan referencias, si no, no les podemos dejar entrar a Erbil”, indica el jefe de los Asaiysh.

“Nuestra misión es proveer la seguridad dentro de la región kurda y de nuestras fronteras”, indica Hadi, en referencia al despliegue de fuerzas de seguridad kurdas en la ciudad de Kirkuk y alrededores.

“Nosotros fuimos allí porque la gente nos pidió protección. Nuestra obligación es ayudarles. Simplemente ocupamos las posiciones que abandonaron las fuerzas iraquíes”, detalla el responsable de la Seguridad.

ETHEL BONET
Para EL TIEMPO
KHASER (IRAK)

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