Hay que detener esta locura

Hay que detener esta locura

Pero no vaya usted a pensar que Martínez es un fanático pacifista que se opone a la venta de armas.

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23 de junio 2014 , 07:33 p. m.

El asesinato de Christopher Michaels Martínez y cinco estudiantes más en las inmediaciones de la Universidad de California en Santa Barbara, a manos de un muchacho de 22 años, armado con tres pistolas de repetición y suficientes balas para centuplicar la matanza, no es la última tragedia que protagoniza el amor por las armas y la violencia que prima entre un nutrido grupo de estadounidenses.

De entonces a la fecha, la epidemia de violencia con armas de fuego nos trae un asesinato masivo cada semana, dijo el presidente Barack Obama, reconociendo que esto es algo que debería avergonzarnos a todos los que vivimos en Estados Unidos.

La muerte de Martínez me ha dolido de una manera casi personal. Quizá porque mi hijo se graduó en la misma universidad y vivió en la misma isla donde sucedió la tragedia. También puede ser porque admiro profundamente la lucha que el padre de Christopher, Richard Martínez, ha emprendido contra los responsables de la barbarie en la que vivimos.
Me repugna la avaricia de los mercaderes de la National Rifle Association (NRA), una poderosa organización que se opone a cualquier límite a la venta de armas, y la cobardía de congresistas y asambleístas que temen perder su reelección si desobedecen los mandatos de la NRA. Me deprime oír las justificaciones de una ciudadanía que, amparada en una enmienda constitucional tan ambigua que se presta a cualquier interpretación, se arma desmesuradamente.

Después de la muerte de Christopher, Martínez renunció a su trabajo como abogado defensor y se dedicó a confortar a los amigos de su hijo y al acongojado padre del autor de la matanza. El asesino, que se suicidó, era un chico tan lleno de problemas psicológicos que uno se pregunta cómo pudo comprar legalmente tantas armas después de que sus padres habían alertado a la policía sobre la peligrosidad de su estado mental.

Ahora Martínez va en busca de otros familiares de víctimas para coordinar una estrategia para, en sus palabras, “detener esta locura”, que hoy aflige a tantos atribulados padres y madres. Su labor ha empezado estudiando al enemigo; quiere saber quiénes están detrás de la poderosa NRA, de dónde procede el dinero que empodera a la NRA, a qué políticos se lo dan y a quiénes se lo niegan.

Pero no vaya usted a pensar que Martínez es un fanático pacifista que se opone a la venta de armas. Creció en una familia donde lo común era tener armas. Luego sirvió en el ejército como policía militar y luego se hizo abogado. Lo que quiere es que las leyes que rigen la venta de armas sean más estrictas. Para él, “todos tenemos la culpa” de la muerte de su hijo y en ese ‘todos’ se incluye a sí mismo. Somos culpable porque no hemos hecho lo suficiente para detener la venta indiscriminada de armas de fuego, con las que se termina matando a inocentes.

Estados Unidos tiene la tasa de homicidios más alta entre los países democráticos más desarrollados económicamente. Casi cuatro veces más que Francia y Gran Bretaña y seis veces más que Alemania. Y mientras que la tasa de homicidios en Europa ha disminuido con el transcurso de los años, en Estados Unidos siempre ha ido en aumento.
Para explicar el fenómeno en Europa, los sociólogos hablan de “un proceso de civilización”, que se manifiesta en conductas que demandan restricciones a respuestas físicas en situaciones de crisis, control de la violencia, Estado de derecho, reconocimiento de que el Estado debe mantener el monopolio de la fuerza y estrictos controles de la venta de armas.

Martínez sabe que su lucha es a largo plazo porque el “proceso de civilización” toma tiempo. Mientras tanto, lo menos que podemos hacer es seguirlo en sus propuestas para intentar “detener esta locura” lo antes posible.

SERGIO MUÑOZ BATA

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