Ciclismo urbano, el nuevo espacio de los bogotanos

Ciclismo urbano, el nuevo espacio de los bogotanos

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22 de junio 2014 , 11:06 a. m.

Además de las bicicletas de piñón libre que ruedan por la ciudad, los bogotanos ahora le están apostando a movilizarse en las de piñón fijo, que no tienen frenos; lo que, a simple vista, parece ser una irresponsable osadía.

Pero la verdad es que estas bicicletas, más conocidas como fixed, no solo resultan ser muy seguras, sino que también permiten que el ciclista tenga todo bajo control.

“Se necesita tener fuerza en las piernas para poder manejarlas. Al principio puede ser difícil, sobre todo cuando hay que parar, pero, ya después de aprender a hacerlo, son los mejores vehículos para moverse en la ciudad”, señaló Henry Ramírez, creador de Bogotá Fixed, una empresa que además funciona como taller y que fabrica este tipo de bicicletas.

Cada vez su uso se vuelve más común y toma más fuerza en la ciudad. De ahí el aumentó de actividades e iniciativas de jóvenes que no solo promueven el deporte, sino que también generan espacios de esparcimiento y cultura que resultan ser muy positivos para el día a día de una caótica ciudad.

Es el caso de Alleycat. Así se les llama a las carreras urbanas de ciclismo en varios lugares del mundo. Y en Bogotá existe un grupo de jóvenes, liderado por Diego Mateus, dueño de Yugo Messenger Bags, una empresa de accesorios para las bicicletas, que propicia este tipo de competencias.

Ayer en la noche organizaron una carrera conocida como el ‘Alleycat la rata’. Según Mateus, “no hay un animal que sea más ágil en las grandes urbes como Bogotá”.

Durante una hora, un batallón de 150 ciclistas corrió 35 km por las calles superando pruebas de obstáculos que eran muy propias de las actividades de mensajeros, domiciliarios y personas que se ganan la vida en bicicletas.

Con 10 obstáculos propios de los oficios en dos ruedas –como puede ser un neumático averiado en pleno camino o un trayecto hasta un lugar donde difícilmente una bicicleta puede acceder–, comenzó la ardua competencia.

Se trataba de la segunda edición de la carrera de Alleycat, a la cual asistió, ofreciendo un afectuoso saludo, el ciclista profesional Rigoberto Urán, quien les mandó “mucha energía a los ‘parceros’”.

Con más de 12 patrocinadores nacionales, que ofrecen toda la indumentaria relacionada con estas bicicletas, los premios para los concursantes superaron las expectativas: desde revisiones mecánicas y tenedores para las bicis hasta accesorios y tatuajes para los ganadores.

Aunque muchos de los corredores no se ganan la vida en estos vehículos, la mayoría sí se moviliza diariamente por la ciudad en su bicicleta personal.

Es el caso de David Hernández, quien fue ‘la rata número 46’ en la carrera. Él, todos los días, va a trabajar en ella y no concibe ya otra forma de transportarse.

Aprendió a ser hábil para esquivar vehículos con responsabilidad y adoptó un estilo de vida donde no se puede desligar de la bici.

“Tener la oportunidad de competir con personas que, como yo, logran fusionar la sensación de libertad y adrenalina;  me causa mucha satisfacción personal y me hace sentir bien con la ciudad”, agregó Hernández.

Está cultura que se ha generado en toda la ciudad cuenta con más de 30 grupos probici que apoyan estas carreras que se salen de lo común.

Además, este grupo también realiza con frecuencia masivos ciclopaseos.

YULY AYURE DAZA

Especial para EL TIEMPO

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