Una historia violenta

Una historia violenta

Ver la muestra de Sady les vendría bien a quienes atizaron fuego en la campaña presidencial.

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20 de junio 2014 , 07:02 p. m.

Visitar la impactante exposición de las fotografías en las que Sady González captó el ADN de la sociedad colombiana en los años treinta y cuarenta deja la sensación de que pocas cosas han cambiado desde entonces, la certeza de que, contrariando la filosofía milenaria, aquí seguimos iguales y bañándonos cada día en el mismo río.

Son retratos de un país rudo, en el que la sangre alimenta el festín, cuchillos que desgarran la piel, señores y sirvientes, tonta tinta azul y roja que fecunda odio. Y eso convertido en arte, dicho en fotografías, testimoniado para la memoria y la vergüenza de una sociedad que se resiste a cambiar.

Darse una pasada por la Biblioteca Luis Ángel Arango y ver la muestra (estará hasta julio) de ese gran cronista de la imagen que fue Sady les vendría bien a quienes atizaron fuego en la reciente campaña presidencial. Acaso se sonrojen al oírse hoy cebando odios y encontrarse retratados en otra vestimenta setenta años atrás, empuñando machetes y chuzos en un desenfreno de violencia bañado de aguardiente.

Es cierto que hay razones de sobra para la rabia. Un simple ‘paneo’ entre los presidentes y vicepresidentes partícipes en las pasadas elecciones muestra que Uribe es huérfano de un padre asesinado por las Farc; Samper carga en el cuerpo una ráfaga de metralla; Gaviria cuenta con hermanos asesinados y secuestrados; Pastrana y Francisco, el primo del Presidente, tienen en carne propia noticia y recuerdo de secuestro, al paso que Vargas Lleras sobrevive deshilachado a dos atentados con bomba. No es extraño el verbo agresivo en todos ellos, ni el deseo de revancha, ni el interés por escribir nuevas letras del horror, como no sería fácilmente cuestionable que también buscaran hacerlo seis millones de víctimas y muchos millones más de familiares tocados por ese amasijo de la criminalidad bipartidista, paramilitar, narcotraficante y guerrillera, que luce rejuvenecida con los años.

Pero hace tiempo se derramó la copa. No estaría mal lamerse las heridas y echar ráfagas al aire. Claudicar o, incluso, abdicar en el caso de algunos de esos personajes (de bando y bando), que se sienten reyes con derecho a instigar más gente a la confrontación. Cabe creer que la apuesta de paz que, atemorizada, ganó en las urnas no será otra historia de entusiasmo, que las fotos de Sady no fueron hechas en los años que vienen.

Gonzalo Castellanos V.

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